Silencios reflejados

Silencioso mira la blanquecina luz que le devuelve la pantalla. Sus ojos acuosos brillan levemente reflejando en la inmesidad de la nada su tristeza. Sonríe ante nadie, ante todos, esperando contestación a sus palabras. Escribe despacio, comprobando cada letra mientras el sonido de sus dedos chocando contra las teclas llena el silencio de la estancia. Espera mientras la pantalla parpadea en naranja ante un nuevo mensaje. Lo observa con miedo, lo necesita. Pero teme las palabras escritas en él. Letras negras sobre fondo blanco. Palabras que iluminan un alma solitaria.

Sentado ante el ordenador relee la última palabra. “Adios”. Una despedida fría. Como cada palabra escrita en aquel papel inexistente. “Adios”. Encerrado en su burbuja de pantallas y ordenadores repite la palabra. “Adios”. Solo. Callado. Teclea una respuesta: “ok, un beso”. Le escuecen los ojos. Apaga la pantalla, se echa en la cama. Solo. Callado. Sollozando por la perdida de lo que nunca tuvo, esperando que suene el despertador para coger las llaves de una casa siempre sola y marchar a un colegio donde seguirá solo. Nadie. Sentado en su silla, sin esperanza de nuevas cartas mandadas por caminos imposibles que cubran el amor que no contienen.

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