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IV. El guerrero, el mago, el rey

Me quede parado, paralizado, observando el brillo de la espada, blanca, como el viejo tronco que había cogido Jaume. La sangre y el agua se confundían y resbalaban hasta mi mano. Solté la espada, y vi como se convertía en un tronco a mis pies. Busqué a Jaume y su rostro me indicó que algo no iba bien. No escuché el ataque hasta que el águila estaba sobre mí. Caí de bruces en la arena y perdí las gafas. No había gritado. No me había dado tiempo.

-Jaume, ayúdame- gemí buscando a mi amigo y sin ver como Annet espantaba al ave con la mano.
-OSTRAS… Lo he espantado… se ha ido -Me levanté, mirando el asustado rostro de la chica –Yo sólo he levantado las manos y le he dicho que se fuera… ¡Y se ha ido!
-Muy cierto… yo lo he visto… como lo del tronco.

Miré al suelo, al lugar donde estaba la rama blanca. Jaume se agachó para cogerlo y me lo dio. Justo al tocar el tronco se transformó. Aparté la mano.

-Llévalo tú y ahora me lo das, -dije mientras caminaba hacia mi rincón.

Caminamos intranquilos, mirando atrás por si volvían las aves o los higerments, pero ninguno nos siguió. Observé que Jaume se mostraba taciturno, mirando al cielo con gesto pensativo. Nos sentamos con las piernas cruzadas. En círculo. Jaume había dejado el tronco entre los dos. Lo cogí con fuerza y noté como temblaba al contacto de mi mano y comenzaba a transformarse. Tuve que sujetarla con las dos manos, para que no cayese sobre la arena. Era de un metal blanco, sabía que era aleación de las Montañas de Ulley. Tenía grabadas runas en la hoja, en el perdido lenguaje de los yelemitas.

-Tú tienes una espada mágica- dijo Jaume
-Que no soy capaz de sujetar- tercié.
-Vale, pero la tienes. Ella es maga. Pero, ¿yo que soy?
-El amigo payaso- Annet no sonreía- ¿cómo voy a ser maga?
-Le dijiste al águila que se fuera y se fue.

La mire y en ese momento comprendí que Jaume tenía razón. Ella tenía algo mágico. Y algo la había traído a mi lado para que la espada llegase a mis manos. Si ella no se hubiera caído no me habría girado, ni Jaume hubiera cogido el tronco traído por las olas.

-Creo saber que ha pasado. La magia ha vuelto al mundo. No sé como, pero da alguna manera hemos saltado de nuestra tierra al del juego. O el juego ha llegado a nosotros.
-¿Cómo en Jumanji?- preguntó Annet.
-Sí, como en Jumanji. Más o menos. Pero esto no es un juego. No sabemos como ha pasado y no sabemos como terminarlo.
-Tu tienes una espada, ella es maga…. ¿y yo?
-Y dale, NO SOY MAGA… te enteras. Si lo fueras, ahora mismo haría que tu dejaras de mirar al suelo, te levantaras y montases en un higer de esos, al que, por supuesto, estoy llamando en este momento.

La arena se elevó a nuestro alrededor cuando el aire se escapó por los enormes orificios del hocico del higerment.

-Díganos, majestad, que podemos hacer por vos.

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