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III. El tronco

-¿Jugando?- Annet nos miraba sin comprender. Y yo la entiendía. Es imposible que aquel ser hubiera salido de la nada. Pero algo había pasado y ahora estaba en la playa. Miro hasta la orilla, al higerment que comienza a levantarse mientras la gente huye. Escucho un aleteo y dirijo mis ojos al cielo. Otro ser igual vuela hasta la playa. El primero de los que había caído. Lanza agua en cada batida de alas y se muestra errático en su vuelo. Al final parece fijarse en la playa, y aterriza entre una nube de arena. Se acerca hasta el otro y le acaricia con el hocico en el lomo.

Jaume se levantó de un salto.

-Oye… Sí hay higerment ¿no habrá de todo lo demás?
-No creo, si eso fuese así tu serías un patoso guerrero y yo un maestro de magos… y ni lo uno ni lo otro.
-Claro, claro, yo soy el patoso. ¡Pues fui yo quién cazó al higerment ayer!, ah, ah, y también acabé con Martons, el rey de Enserado.
-¡Parecéis niños chicos!... no, no…. sois frikis- Annet ha comenzado a reír. Primero con una risa floja, nerviosa. Pero ahora ya ríe a carcajadas. Nos callamos a la vez y la miramos hasta que deja de reírse.
-Vale, pero sé que eso.

Miro a la playa y veo con asombro que los dos animales han emprendido el vuelo en dirección al mar. Bajamos a la orilla, el agua está tintada de rojo. Todo el mar se ha vuelto de ese color, al igual que el cielo ha cambiado, dejando paso a una tonalidad verde que acompaña a la noche. Buscó la luna, pero no la veo. Si veo dos grandes planetas. No necesito mirar a Jaume. Los dos sabemos que son.

-Imar y Anglysho…

Lo digo en voz alta, para convencerme de que son reales. Jaume asiente a mi lado mientras Annet mira sorprendida al cielo. Otros se han unido a nosotros en la orilla y todos hablan de lo mismo. El mundo ha cambiado. Algo ha ocurrido y ya nada es como es. Debería ser un sueño, pero algo me dice que no lo es. Es demasiado vívido para ser mentira. El ruido de aleteos nos empuja a todos fuera de la orilla. Annet corre junto a mí. Tropieza. Se cae y comienza a gimotear. Me giro justo en el momento en el que dos enormes águilas se lanzan sobre ella. Salto hacia delante. Jaume se ha girado a mi lado. Estamos sobre Annet, casi a la vez que las águilas. Jaume ha cogido un tronco de blanca madera que ha sido arrastrado por el mar hasta la orilla, las gotas rojas resbalan por él. Jaume lo blande como si fuera una espada, sin fuerza, mientras el agua rojiza le moja la mano. Alzo mis manos. Como si fuera el poderoso mago que soy en las partidas. Pienso en mi mente un hechizo. Jaume golpea a una de las aves, mientras la otra pasa sobre mi cabeza.

Annet se levanta, justo con el ala del ave me golpea y me hace caer. Caigo donde estaba ella y la veo de pie. Alza sus manos para protegerme y el ave vuela hacia ella. Jaume lanza el tronco hacia el ave, intentado desviar su picado vuelo. El tronco cae a mi lado, lo cojo, me levanto de un salto y lanzo una estocada con el tronco mientras aparto a Annet. Grita. Pero no de miedo. Ni de dolor. Grita de asombro mientras el águila emprende el vuelo. Noto un líquido caliente recorriéndome el brazo derecho. Aferro con fuerza el tronco y noto el suave tacto de la tela bajo mi palma. Miro sorprendido el acero blanco en el que se ha convertido el viejo tronco traído por el mar.

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