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II. En la Orilla

Miro al cielo. Observando el verdor que se extiende en el horizonte. De pronto el cielo parece atronar. Un silbido agudo que, lentamente, va haciéndose más fuerte. Busco lo que provoca el sonido, pero nada. De pronto el agua vuelve a elevarse en esa seta mortífera. Ahora si he visto algo caer del cielo. Juraría que es… pero no, es imposible.

-Jaume, lo he visto. Lo he visto… ¿qué está pasando?

El sonido se repite. Y lo comprendo por fin. Lo que ha caído del cielo es lo que provoca el silbido. Alguien está gritando. No entiendo lo que dice. Sólo pienso en volver a casa. En correr con mis padres. Pero estoy paralizado. Me agarro a Jaume y noto que él también se aferra a mí.

-Lo has visto. Parecía…
-Es imposible. No puede ser.
-Pero parecía.
-Lo sé.

Avanzamos casi sin querer, empujados por otros bañistas hacia el origen de los nuevos gritos. Me agobio. Me cuesta respirar. Siento como las gafas me aprietan, aprisionado entre los cuerpos de otros. Delante de mí se encuentra una chica. Annet. La conozco de la playa. La he visto muchas veces. Me ruborizo al notar como mi cuerpo se une al suyo. Está temblando. La escucho llorar. Sin saber porque ni como estoy abrazándola mientras nos abrimos paso hacia delante. Jaume viene junto a mí. Resopla. No sé si de cansancio o de miedo. O de ambas cosas.

-¡Joder!
-¡Coño!
-Joan… ¿ves eso?
-Sí
-¿Qué es?- preguntó Annet con voz entrecortada.

Jaume me mira y yo le devuelvo la mirada. Aquello era una locura. Una tremenda locura. Ni en mis sueños más profundos llegué a pensar que algo así podría pasar. Annet me miraba, con la boca abierta, esperando que le diera una respuesta que tenía. Pero no allí. Allí no podría. No yo. No me gustaba que me miraran y algunos ya se habían dado cuenta de que sabíamos más de lo que debíamos. Comencé a empujar buscando alejarme de allí. Jaume nos seguía. Y Annet, que me cogía la mano con fuerza. Corrimos por la playa hasta mi rincón.

-¿Lo has visto, Joan, lo has visto?
-¿Qué era eso?- Annet seguía nerviosa. No era para menos. En la orilla de la playa descansaba varado un enorme animal peludo.
-Es un higerment. Pero es imposible que exista…
-¿Un qué?
-Un higerment. Es una especie de dragón. Pero no es un dragón. Tiene forma de perro. Ya lo has visto. Pero es gigantesco. Y vuela. Tiene unas alas fibrosas. Como las de un murciélago. Es un animal imposible…. pero estaba en la playa.
-¿Cómo sabéis que es?
-Ayer cazamos uno…-Jaume habla con total seguridad, antes de balbucear - Bueno… en el juego. En la partida que estábamos jugando, vamos.

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Elisa Serna -- Esta gente qué querrá

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que llaman de madrugada?

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¿Esta gente qué querrá
que llaman de madrugada?

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¿Esta gente qué querrá
que llaman de madrugada?

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nadie dice una palabra,
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¿Esta gente qué querrá
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La ley una hora señala.
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