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El ambulatorio de Conil (II)

El otro día les conté mi visita al ambulatorio de Conil, y la buena experiencia vivida en el ambulatorio. Lamentablemente tuve que ir una segunda vez y en esa nueva visita todo cambio. Primero porque la cita dada no era la correcta. Necesitaba recetas, no vacunas, pero parece que eso tan simple no lo comprendió quien debía darme la hora. Segundo porque, solucionado el problema, un funcionario agradable me dijo: tienes hora a las 15h, pero pasa a eso de las 14h que ya estará. Y a esa hora estaba yo allí, sentado leyendo un pequeño libro sobre piratas que acaba de comprar en una librería cercana. A las 14’15h apareció un argentino con el ojo hinchado que se sentó a mi lado en la consulta 4, y 5. A eso de las 14’45 fueron llegando más pacientes. Algunos se conocían, otros no. A las 15h alguien preguntó por el médico.

-Aún no ha llegado.

A las 15’15, alguien volvió a preguntar por el médico.

-Sigue sin llegar.

A las 15’30 alguien repitió la pregunta.

-El hijo de puta estará comiendo, pero vamos, que si yo entró en mi trabajo a las 5 tengo que estar antes para picar.

A las 15’35 llegó la doctora, entró en el despacho y salió:

-¿quién es el primero?
-Yo
-¿Qué quieres?
-Unas recetas.
-Pasa.

Y pasé. Pero nada más entrar una señora abrió la puerta y entró conmigo.

-¿Porqué pasa él?
-Por que es el primer.
-Mi sobrina tiene 18 años y está sangrando.
-No tengo ordenador
-Pero es más urgente lo de mi sobrina que lo de éste –“éste” era yo.
-Pues fuera los dos.

Y los dos fuera. Mientras ella, la doctora, se quedaba en su mesa, cada vez más enfadada, mirando la pantalla apagada de su PC. El argentino, cada vez más enfadado, acabó por levantarse y acercarse a la puerta.

-¡Pero atienda!
-No tengo ordenador.
-Para atender en una consulta no necesita ordenador, boluda, necesita ser médico.
-¡Me dice que no soy médico!-gritó la doctora.
-Eso parece….

Y la doctora se levantó y se fue. Volvió al rato y echó de la consulta a aquellos que venían de urgencias, mientras que muchos de los autóctonos optaron por irse en espera de mejores doctores. Yo me quedé y, por fin, entré. Le entregué el papel en el que aparecían las vacunas que necesitaba.

-Necesito recetas para estas vacunas.
-¿Todo esto tienes?-preguntó mirando el papel.

En ese momento, tras acordarme del Dr. Nick, pensé “¿qué coño hago aquí? Definitivamente necesita el ordenador”

-Doctora… esto… mire…., si tuviera difteria, hepatitis A, cólera y paludismo le aseguro que, al menos, estaría muerto o, por lo menos, delgadito.

Y es que el verano y el SAS dan estos sustos….

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