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Mostrando entradas de septiembre, 2009

Objeciones

¡Vaya por Dios!, por mi y por todos mis compañeros. Otra vez ha vuelto a ocurrir, pardiez y repardiez. Y me preocupa, no se crean. Me resulta muy preocupante. No por nada. Por todo. Me preocupa porque si mis propios amigos llaman preguntando por mi creciente estado de malestar psiquico ¿qué será de quienes no me conocen? Pues si los que me conocen creen que estoy dispuesto a saltar por una venta, alguién que desconozca que no realizaré tal acto podría llamar a la policía. Y no, gracias. No pienso saltar por la ventana. De hecho, no salto. Nunca lo he hecho. Ni en el colegio cuando D. Damián nos obligaba al salto de altura. Yo me oponía. Saltar, como correr, va en contra de mis principios. Soy objetor de salto. No saltaré.

Además, estarán conmigo, saltar desde una ventana es poco limpio. Dejás el suelo sucio, lleno de sangre, materia gris y astillas de hueso. ¿Y luego qué? ¿Tiene que venir el señor de la limpieza a recoger tus deperdicios?. O despojos. ¡Que desagradable labor! Así que …

Pedro Hernández de Cabrón: la novela.

Se acabo. Llegué al final. Pedro Cabrón ya tiene su historia concluida, a la espera de terminar de corregir el borrador final y cambiar algunas cosillas. Pero la semana que viene estará en la mesa de la malvada editora -que ha tenido a mal no darme un plazo final y eso se nota, que no siempre se agradece-.

Pero ahora, con la historia concluida, leyéndola en papel porqué así me siento más cómodo para terminar de rematar la faena, me ocurre algo complejo de explicar: no quiero terminar. Es como si, terminado, la criatura se alejase de mí y me hará echarla de menos. Pese a todo, y con el cariño que le he cogido al bondadoso pirata gaditano, estoy seguro que seguiré escribiendo de él. Donde se verán sus historias: solo el destino y la editora lo saben. Por lo pronto, ya queda menos, y a inicios del 2010, Pedro verá su historia reflejada en el papel, en las librerías y, espero, en vuestros cuartos de baño -donde todos leemos, aunque lo neguemos.

Ahora sólo queda que mentes más brillantes que…

De DYC y otros

Tener una casa, como la de David, era peligroso para nuestra salud y nuestra sobriedad. Para nuestra salud porque cometimos barbaridades en aquella casa dignas de ser contadas. Para nuestra sobriedad porque fue en aquella casa donde, quien más, quién un poco menos, todos comenzamos a hacer nuestros pinitos con el Chivas de 12 años. Porque, ¡oye! ya que vamos a beber lo hacemos bien. Así que allí nos íbamos, por las noches, aprovechando que sus padres no estaban. Y nos sentábamos entorno a la mesa cuadrada y baja que presidía la chimenea y la tele. Jugábamos a un juego de dados cuyo nombre no recuerdo pero cuyo resultado era que, quién perdía, bebía. Creo que es el único juego donde todos queríamos perder. Y perdíamos. Pero claro, si todos perdíamos nadie ganaba, y al final, todos bebíamos. Buscando la pequeña petaca de Chivas del padre de David.

Recuerdo el primer día, nuestra primera vez.

-Tío, porque no nos bebemos la petaca de tu padre.
-Porque es de mi padre.
-Vale, pero él no viene.
-…

Me gustas cuando callas

Reconozco que uno tiene sus debilidades. En mi caso, una de ellas, es Pablo Neruda y en la voz de esta chica que se hace llamar VampiresaHIM cobra un sentimiento especial.

Espero que disfruten como yo de este poema



Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me olles desde lejos, y mi voz no te alcanza:
Déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente
Distante y dolorosa como si hubieras muert…

V. El aviso

-¿Soy el rey?- preguntó Jaume con cara de asombro.
-¿Vos?... por supuesto que no,- dijo el higerment- ella es la reina.

Mi amigo se sentó junto a Annet, tirado en la arena y mirando el cielo con el gesto contrariado. Annet se acercó al enorme animal:

-Yo la reina… ¿de dónde? ¿Cómo puedo ser reina de un lugar que no conozco?
-No lo recordáis, mi reina, pero lo sois. Igual que él es un poderoso guerrero, el más grande de cuantos han pisado la tierra. El único que podría enfrentarse al rey Martons, de Enserado. Y él –señaló a Jaume que se incorporó esperando sus palabras- es el señor de la torre de Henstier.
-¿Soy un mago? ¡Un mago!-gritó- Aunque no se hacer magia.
-Ni sabrás… Henstier es la principal escuela del reino. Pero no sólo magia se enseña en ella. Vos lo sabéis. O lo sabéis.
-Y ¿quién eres tu?-pregunto Annet.
-Mi nombre es Mayhu y mi compañera es Ranye.

Me levanté, apoyado en la espada, y miré a Mayhu a los ojos.

-Decidme, amigo, ¿qué ha pasado para que hayáis acabado en este mundo y nos…

Silencios reflejados

Silencioso mira la blanquecina luz que le devuelve la pantalla. Sus ojos acuosos brillan levemente reflejando en la inmesidad de la nada su tristeza. Sonríe ante nadie, ante todos, esperando contestación a sus palabras. Escribe despacio, comprobando cada letra mientras el sonido de sus dedos chocando contra las teclas llena el silencio de la estancia. Espera mientras la pantalla parpadea en naranja ante un nuevo mensaje. Lo observa con miedo, lo necesita. Pero teme las palabras escritas en él. Letras negras sobre fondo blanco. Palabras que iluminan un alma solitaria.

Sentado ante el ordenador relee la última palabra. “Adios”. Una despedida fría. Como cada palabra escrita en aquel papel inexistente. “Adios”. Encerrado en su burbuja de pantallas y ordenadores repite la palabra. “Adios”. Solo. Callado. Teclea una respuesta: “ok, un beso”. Le escuecen los ojos. Apaga la pantalla, se echa en la cama. Solo. Callado. Sollozando por la perdida de lo que nunca tuvo, esperando que suene el despe…

Sting & Lenon

Llega un momento en la vida de todo hombre, en la que se aparta de sus amigos. Eso le pasó al Hetero. Poco a poco comenzó a alejarse de todos y también de la ciudad. Primero de viaje con sus padres, luego solo. Al final se fue a estudiar fuera, o eso creíamos, y solo venía algunos fines de semana al año. Recuerdo un año, recién cumplidos los 18, que llegó transformado. Se había cambiado el color del pelo, de un sedoso rubio a un sucio moreno. Y se había dejado barba a “lo John Lenon” nos dijo. Y, sin pausa de continuidad, comenzó a contarnos una de sus muchas historias. Reales, por supuesto.

-Sabéis, chicos, el otro día, mientras tocaba la guitarra en el balcón de mi piso de Nueva York.
-¿Desde cuando tocas la guitarra?
-Desde siempre.
-¡Aaaah!, no lo sabia.
-Bueno, pues estaba en la ventana de mi piso.
-¿Pero no era el balcón?
-¡Que más da! Estaba allí, tocando la guitarra cuando escuché que me llamaban desde abajo. Y ¿adivinas?
-Por supuesto que ni lo intento- dije encogiéndome de hombros.
-…

Una carretera para huir del mundo

Hacia mucho tiempo que un libro no lograba mantenerme pegado a sus páginas sin pestañear, pero la Carretera de Cormac McCarthy ha logrado que acompañe a sus protagonistas sin pausa alguna. Tanto que, ni tan siquiera, me ha permitido cambiar ese pequeño recuadro donde les informo de lo que ocupa mi tiempo lector en cada momento. Y es que el mundo apocalíptico donde se desarrolla la historia te lleva a querer saber más. Saber que ha ocurrido para que padre e hijo, protagonistas juntos al propio mundo, tengan que abandonar su vida y correr hacía el sur por un mundo cargado de ceniza. Un mundo sin color que parece indicar algún tipo de catástrofe no natural, que ha prendido fuego a todos los bosques del planeta y ha convertido el aire en irrespirable.

Pero la historia que narra Cormac, y que mereció un Pulitzer, no nos habla de esa catástrofe, nos habla de la lucha por la supervivencia de la humanidad, representada por un padre y su hijo, de los que no conocemos el nombre, y solo algunos r…

El lago glacial

Nuestro último día en Suiza supuso un cambio radical en lo realizado los días previos. De la mano de Pascal y Fani dejamos de lado las ciudades, que nos saturarían el resto del camino, y acudimos a una barbacoa campestre en mitad de los alpes. No les diré dónde, por dos razones, no conozco el nombre del lugar, y aunque lo recordarse no se lo diría. Tras varias horas en coche, un rato en teleférico, y media hora caminando por los Alpes y bajo la lluvia, llegamos a un lago glacial que no nos enseñaba toda su belleza por la niebla, las nubes y el agua caída. Pese a todo, y ahí tienen las fotos, el lugar merecía la pena.
Tanto que nuestros anfitriones encendieron hoguera con la que poder hacer barbacoa y nosotros, pese a que jamás habíamos visto llover tanto, lo aceptamos de buen grado. Y mientras, con la escusa de buscar algo de leña seca, aprovechábamos para ojear el bosque y las sorpresas que en forma de estatuas de madera se escondían en él. Un gnomo, una virgen, una familia y otras mu…

Walabdul Cala Calladi

Todos hemos cometido locuras, algunos más que otros. Pero cuando las locuras juveniles caen en manos de gente con un poco de arte, surgen cosas como ésta. Y lo hacen 15 años después. Un homenaje a todos ellos, que demuestra que, como los mosqueteros, y los buitres, también nosotros íbamos todos a una.


IV. El guerrero, el mago, el rey

Me quede parado, paralizado, observando el brillo de la espada, blanca, como el viejo tronco que había cogido Jaume. La sangre y el agua se confundían y resbalaban hasta mi mano. Solté la espada, y vi como se convertía en un tronco a mis pies. Busqué a Jaume y su rostro me indicó que algo no iba bien. No escuché el ataque hasta que el águila estaba sobre mí. Caí de bruces en la arena y perdí las gafas. No había gritado. No me había dado tiempo.

-Jaume, ayúdame- gemí buscando a mi amigo y sin ver como Annet espantaba al ave con la mano.
-OSTRAS… Lo he espantado… se ha ido -Me levanté, mirando el asustado rostro de la chica –Yo sólo he levantado las manos y le he dicho que se fuera… ¡Y se ha ido!
-Muy cierto… yo lo he visto… como lo del tronco.

Miré al suelo, al lugar donde estaba la rama blanca. Jaume se agachó para cogerlo y me lo dio. Justo al tocar el tronco se transformó. Aparté la mano.

-Llévalo tú y ahora me lo das, -dije mientras caminaba hacia mi rincón.

Caminamos intranquilos, miran…

¡Malditos relojes!

Han vuelto, bajitos, chiquititos, siempre de cuadros rojos, o azules, o verdes. De la mano de alguien mayor: un abuelo, un tío, su padre o su madre. Felices, siempre felices. Contentos por ir o por venir del colegio. Riendo con sus amiguitos, de la misma estatura, con los mismos babis de los mismos colores. Y será, tal vez, que me hago viejo, no lo sé, pero lo cierto es que verlos por la calle, mini estudiantes camino de la guardería, me trae recuerdos y, lo más grave, una sonrisa a la cara.

Pero me asusta, no se crean. Me asusta esa sonrisa que viene sin avisar porque, para que mentir, si fuese una amiga la que dijera esto mismo, sería el primero en reirme con un onomatopeyico tic-tac. Será, tal vez, que mis viejos amigos, aquellos con los que corría de niño por la urbanización se casan o tienen niños. Será, tal vez, que ver que los 30 años se acaban deja secuelas permanentes. O será, simplemente, que recuerdo aquella época como la más tranquila de mi vida, cuando mis amigos me llamab…

Zapatos Italianos

Sentarse en un banco y pensar en la muerte no es la mejor forma de pasar la vida. Pero esa es la elección realizada por el doctor Fredrik Wellin, de Zapatos Italianos. Pasar el resto de sus días en la apartada isla en la que vivieron sus abuelos. con su perro viejo, su viejo gato y un agujero en el hielo donde bañarse cada mañana. Donde conseguir que el dolor causado por el frío le recuerde que aún vive. Pero toda su vida se viene abajo cuando una mujer, anciana y a punto de morir, aparece en su vida nuevamente, caminando lentamente sobre el hielo con su inseparable andador.

Con la llegada de Harriet, un amor de juventud al que abandonó sin explicación alguna, el doctor Wellin iniciará un camino que le alejará de su isla y le conducirá, de la mano de una muerte que acecha a Harriet, por la ruta de la vida. Una vida que le llevará a salvarse de sí mismo y del terrible error cometido en el pasado que le alejó de su profesión y de la sociedad.

Zapatos Italianos nos muestra al Mankell más …

En pocas palabras

Los inteligentes se sobreponen rápido de los fracasos, los ignorantes jamás lo hacen de los éxitos




Maria Teresa Campos (sin que sirva de precedente)

El ambulatorio de Conil (II)

El otro día les conté mi visita al ambulatorio de Conil, y la buena experiencia vivida en el ambulatorio. Lamentablemente tuve que ir una segunda vez y en esa nueva visita todo cambio. Primero porque la cita dada no era la correcta. Necesitaba recetas, no vacunas, pero parece que eso tan simple no lo comprendió quien debía darme la hora. Segundo porque, solucionado el problema, un funcionario agradable me dijo: tienes hora a las 15h, pero pasa a eso de las 14h que ya estará. Y a esa hora estaba yo allí, sentado leyendo un pequeño libro sobre piratas que acaba de comprar en una librería cercana. A las 14’15h apareció un argentino con el ojo hinchado que se sentó a mi lado en la consulta 4, y 5. A eso de las 14’45 fueron llegando más pacientes. Algunos se conocían, otros no. A las 15h alguien preguntó por el médico.

-Aún no ha llegado.

A las 15’15, alguien volvió a preguntar por el médico.

-Sigue sin llegar.

A las 15’30 alguien repitió la pregunta.

-El hijo de puta estará comiendo, pero vamo…

Schaffhausen-Zurich

Después de disfrutar de una tradicional velada de celebración del Día Nacional, nuestro segundo día en tierras suizas nos llevó a la ciudad de Schaffhausen, pequeña ciudad de algo más de 30.000 habitantes y capital del cantón del mismo nombre. La ciudad, que fue estado independiente durante la Edad Media, hasta que en cayó en manos de los Habsburgos. Al contrario que otras zonas del país, no ganó su independencia en batalla, sino comprándola al Imperio Austriaco en 1415. En 1457 se alía con Zurich en la Guerra de Suabia La ciudad vieja, a orillas del Rin, ofrece no pocas sorpresas al visitante que camine atento por ellas. Mención especial las casas renacentistas, conservadas con todo el esplendor de los frescos que cubren sus fachadas.

Merece la pena subir al Munet, el castillo cantonal que se alza sobre la ciudad y que ofrece maravillosas vistas de la ciudad, el río y el entorno. Desgraciadamente el agua acompañó nuestra visita a la ciudad, pero aún así es un lugar de necesaria parada…

III. El tronco

-¿Jugando?- Annet nos miraba sin comprender. Y yo la entiendía. Es imposible que aquel ser hubiera salido de la nada. Pero algo había pasado y ahora estaba en la playa. Miro hasta la orilla, al higerment que comienza a levantarse mientras la gente huye. Escucho un aleteo y dirijo mis ojos al cielo. Otro ser igual vuela hasta la playa. El primero de los que había caído. Lanza agua en cada batida de alas y se muestra errático en su vuelo. Al final parece fijarse en la playa, y aterriza entre una nube de arena. Se acerca hasta el otro y le acaricia con el hocico en el lomo.

Jaume se levantó de un salto.

-Oye… Sí hay higerment ¿no habrá de todo lo demás?
-No creo, si eso fuese así tu serías un patoso guerrero y yo un maestro de magos… y ni lo uno ni lo otro.
-Claro, claro, yo soy el patoso. ¡Pues fui yo quién cazó al higerment ayer!, ah, ah, y también acabé con Martons, el rey de Enserado.
-¡Parecéis niños chicos!... no, no…. sois frikis- Annet ha comenzado a reír. Primero con una risa floja,…

Apatía

Me siento apático. No es que todo me de igual o deje de importarme lo importante. Simplemente, no siento nada diferente al resto. No me ilusiona nada, aunque debiera estar ilusionado. Y cada día pasa como una continuación del siguiente. Día tras día, noche tras noche. Y en las noches pregunto a nadie qué sentido tiene vivir así. Sin esperanza, sin alegría, sin pena, sin amor ni desamor. Sin nada que varíe la lenta agonía que es este camino hacia la muerte llamado vida. Y no hay nada, por nimio o grande que sea, que me sorprenda, que me asombre en esta rueda que alguien, mano divina tal vez, ha colocado en mi jaula vital.

Extraña prisión ésta, que nos hace creernos libres. Levantar la voz cuando creemos que algo no funciona como es debido. Que nos hace pensar que podemos cambiar la verdad. Cuando la verdad es que todos, desde el primero hasta el último, nace muerto. Pues esa, la hermosa dama de la guadaña, es nuestro único y último destino. Y el único y último fin de nuestras vidas.

El ambulatorio.

Ayer volvía a un ambulatorio después de mucho tiempo. Creo que mi última experiencia en un centro de salud fue cuando me partí el dedo gordo levantandome del sofá, y de eso hace años ya. Pero ayer tuve que volver y no porque el moquillo que me acompaña en los últimos días haya derivado a gripe A (o N1H1 o, más común, gripe porcina). Nada de eso ya que ella, la gripe de los tres nombres, no se acompaña de moquillo, cosa que si hace la del pollo (lease gripe aviar) y, a veces la común. No, nada más lejos de la realidad. Acudí al ambulatorio para que me inocularan el virus de la malaria, bonita enfermedad que se puede coger en la India.

Y allí, en el ambulatorio de Conil, esperando ser atendido, no pude más que observar a mi alrdedor. Al contrario que aquel otro de infausto recuerdo -y de cuyo nombre no quiero acordarme, por más que estuviera en la calle Cervantes- este estaba lleno. De gente de toda edad y condición. Junto a mi se sentó, primero, un padre de familia con dos críos. Uno mo…

Bajada al infierno

Un pequeño fragmento de lo que está por llegar. No es el mejor, ni mucho menos, sólo un poco de Fernán Garces, no todo es Pedro Cabrón

Según avanzábamos en nuestro camino, las sombras ocultaban el sol y el silencio se impuso entre los hombres. En aquel lugar la vegetación era tan densa que resultaba imposible avanzar con rapidez. El bosque se cerraba sobre nosotros. Enormes arbustos cortaban el paso y, una y otra vez, nos veíamos obligados a deshacer lo andado para continuar con nuestro camino. Años después, en las Indias, recordé aquel bosque tan parecido a las grandes selvas que recorrían las nuevas tierras descubiertas para la Corona. La humedad calaba nuestros cuerpos y nuestros tabardos se empapaban como si nos encontráramos en una noche de tormenta. El silencio iba, poco a poco, formando parte de nuestro grupo. Cualquier ruido, en la inmensidad de la sombra, se acrecentaba. Nuestros ojos buscaban entre los inmensos árboles a aquellos que nos seguían. Sí es que alguien nos seguía …

La niña de Sancti Petri

El poblado de Sancti Petri se construyó a finales de la década de los 40 como un pueblo marinero, en un intento de revitalizar el sector almadrabero en la zona, con escasos resultado. Desde 1971 el poblado queda abandonado y va ganando un aspecto fantasmal que ha llegado hasta nuestros días. Aunque en los últimos años, y ante el riesgo que suponía el estado de abandono, el Ayuntamiento de Chiclana haya procedido a su derrumbe casi completo.

Un lugar como Sancti Petri debe cargarse de leyendas. No debemos olvidar que es allí, en esa misma zona, donde se levantara en la antigüedad el principal oráculo del mundo occidental: el del templo de Hércules. Pero los tiempos cambian y las leyendas también. Muchos son los que aseguran haber visto una joven niña deambulando por el poblado, asomándose a las ventanas de la segunda planta del Ayuntamiento. Hay quien dice que se trata de una de las hijas de uno de los alcaldes de la pedanía chiclanera. Una niña, morena de pelo corto, que recorre el pob…

1 de agosto. Fiesta Nacional

El 1 de agosto es el día nacional en Suiza. El único día del año donde los suizos pueden usar petardos, cohetes y otros elementos pirotécnicos. Los niños pasan todo el año reuniendo para poder comprar los petardos más sonoros, y rezando para que el verano no sea seco y no se prohíba su uso. En todas las ciudades y pueblos, el cielo se llena de fuegos artificiales, el aire de olor a pólvora y el silencio del ruido de sus explosiones.

Esa noche, el Lago de Zurich se llena del reflejo de las luces y el sonido de las fiestas populares. En nuestro caso, y gracias a ir con Pascal y Fani –un matrimonio suizo-gaditano- tuvimos la suerte salirnos de las rutas comerciales y disfrutar de las fiestas en una pequeña localidad al otro lado del lago, con las vistas de Zurich al fondo para ilustrar nuestra noche. ¡Y que noche! Una fiesta como bien pudo ser la de cualquier otro pueblo de Suiza, o de España, pero era nuestra noche y nuestra fiesta.

Las mesas se repartían al borde del lago, mientras los n…

El secreto

Ha sido casi al final del verano. Pero por fin lo vi. Ese ritual que todos los que hemos pisado la arena de la playa hemos realizado alguna vez. Era un niño de unos siete años. Seguro que su padre, o algún chico mayor, le explicó como hacerlo. Porque el ritual es uno de esos secretos que pasa de mayores a pequeños como si de una experiencia iniciadora fuese. Tan secreto que con sólo ver el primer movimiento todos sabemos que va a ocurrir. Ese acercarse a la orilla y recoger un poco de arena mojada, pasándola entre las manos ahuecadas para que pierda el agua y vaya tomando su forma redonda. Endureciéndola poco a poco antes de caminar, con los pies temblorosos y la bola en la mano, hasta la arena seca. Arrodillarse, como quien reza a su dios, para abrir un hueco en la arena donde introducir la bola. Cuidadosamente, como ese niño que me sacaba la sonrisa por el secreto conocido, echándole arena seca una y otra vez. Sacudiendo la arena sobrante para volver a humedecerla y reiniciar el pro…

II. En la Orilla

Miro al cielo. Observando el verdor que se extiende en el horizonte. De pronto el cielo parece atronar. Un silbido agudo que, lentamente, va haciéndose más fuerte. Busco lo que provoca el sonido, pero nada. De pronto el agua vuelve a elevarse en esa seta mortífera. Ahora si he visto algo caer del cielo. Juraría que es… pero no, es imposible.

-Jaume, lo he visto. Lo he visto… ¿qué está pasando?

El sonido se repite. Y lo comprendo por fin. Lo que ha caído del cielo es lo que provoca el silbido. Alguien está gritando. No entiendo lo que dice. Sólo pienso en volver a casa. En correr con mis padres. Pero estoy paralizado. Me agarro a Jaume y noto que él también se aferra a mí.

-Lo has visto. Parecía…
-Es imposible. No puede ser.
-Pero parecía.
-Lo sé.

Avanzamos casi sin querer, empujados por otros bañistas hacia el origen de los nuevos gritos. Me agobio. Me cuesta respirar. Siento como las gafas me aprietan, aprisionado entre los cuerpos de otros. Delante de mí se encuentra una chica. Annet. La c…

La noche de los cristales

La noche había comenzado como no podía ser menos. En el Club. Esperando a que llegasen los más lentos y perezosos para irnos a Conil. Y a sus carpas. Aún éramos puros e inocentes. Al menos hasta ese día. O esa noche. ¡Que noche! Íbamos todos. Volvimos todos. Pero antes perdimos parte de nuestra decente inocencia en las carpas conileñas. Y, algunos, algo más.

Bailábamos en la Salsa, donde la música era latina. Y bebíamos. Antes y después de entrar. Pero más antes. En las maderas de la playa cantábamos canciones infantiles, riendo como solo el alcohol permite. Y de ahí, entonados a las carpas. A la Salsa, sí, pero pasando por la Keops. Y fue allí donde todo ocurrió. Saltábamos, más que bailar y, en algún momento, alguien me señaló la obviedad:

-Tío… te faltan los cristales.
-¿Qué dices, illo? Si yo veo perfectamente.
-Es verdad… es verdad… te faltan las gafas….
-¡Coño!- grité echando las manos a la cara.

Y allí no estaban las gafas. Supongo que, por un ataque de ansiedad, me lancé al suelo en…

¡Estos dioses envidiosos!

Vaya por Dios, o por mí, que en esto de la divinidad somos como en el escondite: “por todos mis compañeros y por mi primero”. Pero vaya por alguno de nosotros. Hay cosas que no deben ocurrir y se ve que San Google, ascendido a los altares virtuales pero no al Monte Saphon (que es un Olimpo pero más viejo), ha querido jugarme una mala pasada. ¡A mí! Que soy un amigo fiel, leal compañero y mejor amante, como Sancho Panza. Pues el bueno de Google ha provocado mi ira… o peor, a mi yo. Y es que, ni corto ni perezoso, ha logrado que colocando en su universal buscador "negro cachisimas haciendo ejercicios en el parque" aparezca este blog como primera opción. Y como aquí, hasta día de hoy, no ha aparecido un negro cachas, y muchos menos haciendo ejercicio en el parque –ya saben que eso está prohibido por mi religión- he decidido dar una alegría a esas personas que pasan por aquí buscando algo que no hay. Pues sólo podrán encotrase conmigo, que soy blanquito –morenito en verano- y t…

Una de agradecimientos

Cuando inicié este blog en agosto del pasado año, lo hice por aburrimiento, sin seguir una pauta fija y escribiendo muy poco. Desde entonces, poco a poco, el blog se ha convertido en una prolongación de mí y me ha ido dando muy buenos frutos en lo personal. Haciendo contacto con otras personas y permitiendome mostrar mi locura a los demás. Al final, lo que comenzó como una broma se ha convertido en una especie de obligación moral: la de escribir a diario, pero también una vía de escape. Un lugar donde poner aquellas cosas que se me pasaban por la cabeza, sin olvidar mis recuerdos, las historias de mi infancia o la Historia sin más. Y, sobre todo, un lugar donde dejar a la vista todas aquellas cosas que antes quedaban ocultas en una vieja carpeta negra.

Ayer este blog pasó de las 10.000 visitas. Algo que jamás pensé que pasaría, porque jamás pensé que mis escritos y locuras pudieran interesarle a alguien. Parece ser que una vez más, y ya van muchas, mi infalibilidad divina a errado.

Grac…

Mapa de los sonidos de Tokio

Mapa de los Sonidos de Tokio es una de esas películas que no deja a nadie indiferente. Isabel Coixet se adentra en un mundo de ruidos y silencios. Donde el dialogo deja paso a las miradas, a la imagen. Una muy cuidada fotografía aletarga al espectador en el mercado de Tokio, donde Ryu (Rinko Kikuchi) trabaja y se oculta. Coixet nos ofrece una historia sin novedades, más allá del lugar donde se desarrolla. Una historia que podría haber ofrecido mucho más, que descubre su realidad desde el primer momento, que deja el dialogo a un lado. Pero que, cuando usa de él –más allá de la magnifica narración de Min Tanaka o, mejor dicho, de su doblador español- se convierte en excesivo. Un dialogo introducido a la fuerza y que llega a sobrar. Cargado de tópicos que intentan dar más fuerza a la relación entre David (Sergi Lopez) y Ryu, pero que sólo logra sacar la sonrisa al espectador. Pero el sonrojo avergonzado por lo oído. Más aún con el doblaje que Sergi López se realiza a si mismo, con marcad…