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Fisuras en la divinidad

Vaya, parece que mi divinidad está teniendo fisuras. Yo, ser perfecto donde los haya. Cierto que no la perfección que muchos aceptan como tal. Pero ya se sabe, todos los genios somos unos incomprendidos. Al igual que las mejoras científicas. Que se lo digan a Copérnico o a Galileo. Aunque en mi caso la mejora no es científica, sino humana. Y yo lo soy. Ya sé que alguno cree que soy un catador de dulces, pero es porque mi humor se está volviendo azucarado. Les aseguro que no cato dulces, simplemente me los como. Supongo que esa “catación” dulcera es parte de mi mejora. Una forma de evolucionar la especie sin dureza. A Lobezno lo llenaron de adamantium, a mí de crema de chocolate. Pero el resultado es el mismo. Él es casi inmortal y yo casi “inhundible”. Y además, no sé que es el frío, pero eso ya lo saben. Lo que no saben es que soy una versión mejorada del producto. Un humano 1.1 Beta. Un prototipo preparado para la que se avecina: el calentamiento de los polos, la subida del mar y ese mundo al estilo del “waterworld” de Kevin Costner. Un ser bajito y regordete que, como las boyas, mantiene una posición erguida sobre las olas del mar, con la cabeza por fuera, claro, que aún no se respirar bajo el mar. Aún. Lo que si he logrado desarrollar ya es la resistencia al frío. Como las focas, los leones marinos, las ballenas, y otros animalillos parecidos.

Pero les decía que mi divinidad va teniendo fisuras, se ve que con eso de mejorar la especie, mi lengua se va soltando, lentamente, y, de vez en cuando, dice cosas que mi cerebro no piensa. O no piensa decirlas hasta que las dice. Eso me pasó hace unos días, camino de Cádiz y la ruta del tapeo… para llenar mi yo de algo más que dulces, que no solo de azúcar vive el hombre. Pero un poco más y termino el camino caminando, con un pie delante del otro y todo por hablar de la exnovia de Ricardo Boffil, en Crónicas Marcianas. Hablando de aquel día en el que Paulina Rubio se presentaba por primera vez en España. Embutida en un traje negro, con cara de niña buena y maneras de ídem. Hablando de lo diferente que era entonces a ahora. De la importancia de la imagen en este mundo imperfecto en el que no se reconocen perfecciones como la mía. Y, entonces, como en Kracovia, mi boca habló sin permiso. Y a la pregunta de mi choferesa mulata (un dios acuático como yo no debe conducir) sobre cómo era una niña buena y en que se diferenciaba de Paulina se produjo el caos:

-Pues, aparentaba ser una niña buena, así con los gestos y eso como tu, pero más zorra.

Y ahí la armamos. Un simple “más” y estuve a punto de llegar nadando a la ciudad. Así que, como ven, mi divinidad tiene fisuras. Lástima. Con el buen dios que soy.

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