El despegue


El tiempo pasa rápido cuando se va a iniciar un viaje como el que nosotros hemos realizado. Por delante teníamos 17 días de viaje por Europa: Suiza, Austria, Republica Checa, Hungría, Polonia e Italia. Un viaje largo, demasiado incluso, que ha dejado en mi retina momentos inolvidables, frases para toda la vida, imágenes que quedaran marcadas en el recuerdo. Un viaje que ahora, y sin permiso, quiero mostrarles a ustedes. Por dos razones principales, primero porque al escribir lo ocurrido lo guardaré para siempre y, segundo, porque uno es tan egocéntrico que sabe que, así, puede crear envidias, espero que insanas, en vosotros que pasais por aquí.

5 de la mañana. Ya estoy en la puerta de casa esperando la llegada de mis amigas. Natalia y Chari son puntuales. El Hyundai i.50 gris de Natalia recorre la curva como si de una británica se tratase. Aún quedan varias horas para llegar al aeropuerto de Málaga desde donde partimos en avión hasta Milán. Y donde comenzará nuestro repertorio de bromas macabras. Un consejo. Hay cosas que no deben decirse en un avión. Ejemplos, varios:

-¡uy!, que bien. Nos ha tocado la cola. Eso es lo primero que encuentran después del choque. Así nuestros padres podrán enterrarnos.
-¡Anda, coño! ¿será normal que se caigan esos tornillitos del ala?
-Mientras la azafata mantenga buena cara es que la cosa va bien. Si tiene mala cara, hay dos posibilidades: vamos a estrellarnos o está estreñida
-Ahora comprendo para qué es el chaleco salvavidas…. ¡para que, mientras nos estrellamos, nos preocupemos de llenarlo y no de que estamos en caída libre!

Pero, por supuesto, nada de esto debe decirse si una de tus compañeras de viaje tiene horror a volar. Aún así merece la pena pensarlo… al menos las risas están aseguradas. Sobre todo si otra de las viajeras tiene el mismo humor particular.

Pero les hablaba del viaje. Y el viaje, iniciado a las 5 de la mañana en Roche del 1 de agosto, concluyó a las 2h del día siguiente en Zurich. Pero no crean, no fue todo el tiempo en avión. Llegamos sobre las 12 a Milán y allí una pareja amiga nos recogió para transportarnos a Zurich. De camino, aprovechamos para conocer Lugano y el Lago de los Cuatro Bosques -cuyo nombre alemán soy incapaz de recordar- lugar donde se reunieron por primera vez los cantones suizos y donde se encuentra la piedra de Wilham Tell (Guillermo Tell). Para acabar viendo fuegos artificiales en el Lago de Zurich y montar el taco en una verbena local. Pero de eso, les hablaré el próximo día.

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