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Mostrando entradas de agosto, 2009

1 de agosto. Lugano y el lago de los Cuatro Cantones

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Comenzar el viaje en Lugano fue una de esas grandes sorpresas que la vida te depara. La ciudad suiza se nos mostró luminosa ante su lago. Un paraíso mediterráneo en el centro de Europa. Rodeado de montañas, el sol y el calor, el ambiente y sus gentes te hace creer que continúas en Italia. No debemos olvidar que aun nos encontramos en la frontera de ambos países y en la parte italiana de Suiza. Fue allí, en una pequeña plaza, donde descubrimos una bebida que nos acompañó durante toda nuestra estancia en el país: la Rivella. Con un sabor difícil de explicar, y aun tomándose caliente. Un consejo. Acostúmbrense rápido al horario europeo. Comer a la hora española de la merienda, puede coincidir con la cena en el país. Y, aunque les resulte extraño, en esta zona del país aun pueden pedir pizzas.


Lago de Lugano

Pero no vamos a hablar de comida. No ahora. Suiza es el país de los lagos. El de Lugano os permitirá bañaros en sus aguas, dentro de la propia ciudad, y recorriendo alguno de los parque…

Cruel...

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La vida es cruel. Una puta cara, que pocos tienen dinero para satisfacer y que esconde trampas bajo sueños felices. Anhelos que se convierten en pesadillas. Lágrimas que surgen entre preguntas sin responder. La vida, cruel como sólo ella es, esconde incógnitas que nadie es capaz de responder. Se agazapa y ataca a quién menos lo merece, golpeando mil veces hasta que sólo el barro detiene la caída. Y, una vez allí, vuelve a golpear. Sin sentido, sin ranzón. Simplemente la vida, cruel con quien no lo merece, con quién jamás debió recibir esos golpes.

Golpes que se convierten en lágrimas silenciosas. En silenciosos sollozos en oscuros rincones. Golpes que acrecientan la soledad y la tristeza por el ausente. Del que se hace ausente, del que está ausente. Y ausenta a quién está. Cuando eso pasa, entran ganas de enfrentarse a todos. A los que ayudan a la vida a golpear a quien no lo merece. Y lanzarse en ayuda de quien ha sido golpeado. Tirarse en el barro, mancharse junto a esa persona y gr…

El rincón

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Miraba el mar, como quién mira llover. Esperando no sé a qué mientras las olas se arremolinan en la orilla. Muchas veces me he sentado en este mismo lugar. Observando como el infinito cambiaba de color mientras el sol iba poniéndose. Es mi lugar. Ese sitio al que acudo cuando necesito pensar o, simplemente, dejar de hacerlo. Era un día de esos. De los que quiero evadirme de la vida y olvidar lo ocurrido. El verano está quedando atrás. Supongo que mañana se irán ya todos, o casi todos, mis amigos. Y con ellos el verano. Sé que no lo disfruto del mismo modo, me da igual. Sé que están aquí y simplemente pasarme las horas en la playa a su lado ya me vale. Ellos prefieren otras cosas ya. Soy el mayor pero, muchas veces, creo que soy el más pequeño. Sentando aquí, mirando el mar, evocó la última partida jugada. Era un mago, un poderoso mago. En el juego soy fuerte, en la vida no soy nada. Muchas veces he rezado para que la vida sea un sueño, y sean mis sueños la verdadera vida. Ya me he da…

El día de la marmota

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Vaya por Dios, ya es viernes. Y, para colmo, viernes 28 de agosto. Supongo que ya saben lo que eso significa: el lunes comienza la rutina. Los veraneantes vuelven a sus tierras, normalmente de interior. Las vacaciones terminan y uno vuelve a la rutina. Dicen, incluso, que algunos sufren depresión post-vacacional. La verdad, no sé si esto se da. Para que mentirles. Me propuse no trabajar hasta los 30, vivir de forma bohemia, pero no lo que se llama “bohemio con cartera paterna” aunque sí me movía a ese nivel. Sin trabajar y sin perderme casi nada de lo que no quería perderme. Pero, al final, no pude cumplir mi propuesta. En noviembre de 2008 firmé contrato ¡por un mes no cumplí mi sueño de la adolescencia! Pero esa firma supone que este año sea el primero en el que tengo vacaciones, laborales se entiende, así que, dentro de un mes les diré si sufrí o no la depresión. Aunque me temo que no. Conociéndome aceptaré la vuelta a la rutina como si fuese un extra de “Atrapado en el tiempo” y …

La camisa del moro

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En la sierra de Cádiz, en la población de San José del Valle, se encuentra el castillo de Gigonza o Baños de Gigonza. Un castillo de origen musulmán enclavado en una antigua población romana. Pero el castillo, convertido en baños termales durante el pasado siglo XX guarda un secreto entre sus viejas paredes. Dice la leyenda que perteneció a un rey moro, que acudió a la corte de los Ponce de León, señores de Arcos y dueños del castillo. Aquel caudillo, vencido en injusto combate, amenazo a los presentes. Aquel que retirase o tocar su camisa sería maldito para siempre y la muerte le seguiría allí donde fuese. Aun hoy, en una Torre del Homenaje que se mantiene de píe solo Dios sabe como, se guarda una camisola blanca. Creo recordar que en un armario en la segunda planta, con viejos cristales abombados por el paso del tiempo. Tal vez protegido por los problemas de la escalera, que cruje bajo cada paso dado avisando que únicamente las palomas que ahora habitan el palomar que cubre el anti…

Fisuras en la divinidad

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Vaya, parece que mi divinidad está teniendo fisuras. Yo, ser perfecto donde los haya. Cierto que no la perfección que muchos aceptan como tal. Pero ya se sabe, todos los genios somos unos incomprendidos. Al igual que las mejoras científicas. Que se lo digan a Copérnico o a Galileo. Aunque en mi caso la mejora no es científica, sino humana. Y yo lo soy. Ya sé que alguno cree que soy un catador de dulces, pero es porque mi humor se está volviendo azucarado. Les aseguro que no cato dulces, simplemente me los como. Supongo que esa “catación” dulcera es parte de mi mejora. Una forma de evolucionar la especie sin dureza. A Lobezno lo llenaron de adamantium, a mí de crema de chocolate. Pero el resultado es el mismo. Él es casi inmortal y yo casi “inhundible”. Y además, no sé que es el frío, pero eso ya lo saben. Lo que no saben es que soy una versión mejorada del producto. Un humano 1.1 Beta. Un prototipo preparado para la que se avecina: el calentamiento de los polos, la subida del mar y e…

El queso y la rueda de la vida

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A veces pienso que la vida es como una rueda, una de esas que se le ponen a los hamsters en la jaula. Una rueda que gira sin cesar, sin que nos demos cuenta nos lleva por el camino marcado, el único posible. Pero esa misma rueda, a veces, también da sorpresas. Pequeños regalos que, como el queso en la jaula, hacen más grato ese camino. Y últimamente he encontrado ese queso en forma de amigos. Los amigos de siempre, se puede decir. Esos a los que no se valora porque siempre han estado ahí. Esos que no necesitan decirte soy tu amigo ni que tu se lo digas, simplemente lo son, y punto. Esos amigos que aparecen cuando uno menos lo espera, en la tristeza, en la pena, en el desencuentro con la vida. Entonces, aparece esa mano tendida y esa sonrisa amable que en la alegría era risa contenida o sin contener.

Pero, saben, a veces esa pequeña ración de queso puede llegar a convertirse en una gran pieza. Cuando los amigos se reúnen y se mezclan. Diferentes sabores que, como en la vida, provienen d…

El despegue

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El tiempo pasa rápido cuando se va a iniciar un viaje como el que nosotros hemos realizado. Por delante teníamos 17 días de viaje por Europa: Suiza, Austria, Republica Checa, Hungría, Polonia e Italia. Un viaje largo, demasiado incluso, que ha dejado en mi retina momentos inolvidables, frases para toda la vida, imágenes que quedaran marcadas en el recuerdo. Un viaje que ahora, y sin permiso, quiero mostrarles a ustedes. Por dos razones principales, primero porque al escribir lo ocurrido lo guardaré para siempre y, segundo, porque uno es tan egocéntrico que sabe que, así, puede crear envidias, espero que insanas, en vosotros que pasais por aquí.

5 de la mañana. Ya estoy en la puerta de casa esperando la llegada de mis amigas. Natalia y Chari son puntuales. El Hyundai i.50 gris de Natalia recorre la curva como si de una británica se tratase. Aún quedan varias horas para llegar al aeropuerto de Málaga desde donde partimos en avión hasta Milán. Y donde comenzará nuestro repertorio de broma…

En pocas palabras

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"El amor es una mano blanda que, muy despacio, hace que el destino se aparte"

Sigfrid Siwertz

Viejas caras

No siempre, pero a veces, como ayer, se reencuentra uno con el pasado más cercano. El pasado vivido en nuestra urbanización. Reunión de los de siempre. De los que estaban casi cada día de vacaciones, casi cada fin de semana, en la urbanización. Una noche que demuestra que las rencillas pasadas, fruto de mentes infantiles y pandillas de críos, quedan relegadas a la nada cuando la edad convierte las pesadillas en juegos. Y anoche los juegos consistieron en saber quién era cada cual. Con un “oye, yo jugaba al fútbol contigo” entablabas una conversación que derivaba en saber qué era de la vida de cada cual.

Una reunión de antiguos alumnos, que aquí eran antiguos vecinos, una pequeña familia que se movilizó a través del Facebook para acudir a una Piscina que hizo las delicias de los más pequeños y que hoy se mantiene cerrada, imperturbablemente cayendo en desgracia, mientras el pequeño bar resurge en manos de miembros de la vieja-joven guardia de Roche. Mas de cien personas recordando anécd…

Sobre el fin del relato

Veo que no ha salido el final del relato, y para colmo no está donde debiera, así que en dos días estará colgado, en cuanto que acceda a la copia de seguridad que tengo en casita.

Perdón por el retraso para los que lo seguis a diario.