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Sueños

Sentado en el borde del acantilado, sobre el mojón que delimita la línea de costas, miraba el mar, y la vieja roca en forma de trono en la que me sentaba de chico para ver como las olas partían bajo mis pies. Hoy no llego a esa roca. Me conformo con verla de lejos. Recordando sueños infantiles de grandeza eterna. Sueños rotos. Como esos juguetes con los que siempre estaba. Me viene a la cabeza el viejo barco pirata de los playmobils, con el que tantas veces jugué en el porche de mi casa. Figuras de plástico que se repartían por toda la casa, junto a construcciones hechas de libros que formaban ciudades completas. Otros sueños de grandeza. En aquella época aún soñaba con montar un hotel. Otro sueño infantil. Con estudiar empresariales y dirigir mi propio restaurante. Sueños que jamás llevaré a cabo, porque ahora sé que los sueños infantiles jamás se cumplen.

Sentando en el borde del acantilado, mirando el mar y la roca con forma de trono, me doy cuenta de la grandeza absurda de los sueños. En ellos todos somos más de lo que somos. Nadie sueña con ser peor o menos de lo que es. Y si lo hace se levanta hablando de la pesadilla de esa noche. La noche nos evade de la realidad en la que vivimos. Algunos prefieren vivir en ella, embargando su cordura con la ebriedad del alcohol. Alcohol que mata los sueños. Que convierte a los niños en hombres. En malos hombres. Hombres que, como los niños, acaban diciendo la verdad. Y la verdad es triste, porque nadie está contento en ella. La verdad nos saca de golpe de nuestros sueños. Los rompe en mil pedazos, como el corazón roto del enamorado que despierta a la indiferencia.

Indiferente me levanto para marcharme a casa. A mi realidad. Alejada de sueños y llena de futuro y presente. Esperando que los sueños no se tornen pesadillas. Pero sabiendo que no los necesito para evadirme. Sabiendo que no necesito evadirme.

Comentarios

Javier Márquez Sánchez ha dicho que…
Me encanta cómo logras emocionar con reflexiones tan breves y directas. ¡Ay, los sueños, los sueños! Cuántas esperanzas no se habrán visto maltratadas en la carrera por alcanzarlos...
Cathan Dursselev ha dicho que…
Muchas gracias, Javier.

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Elisa Serna -- Esta gente qué querrá

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¿Esta gente qué querrá
que llaman de madrugada?

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El hijo duerme en la cama
y al oir las fuertes voces
de golpe se despertaba.
¿Esta gente qué querrá
que llaman de madrugada?

Lleva días sin hablar,
por las noches se inquietaba
esperando con temor
que una mañana llamaran.
¿Esta gente qué querrá
que llaman de madrugada?

La madre nunca ha sabido
por lo que el hijo luchaba
y que en la Universidad
su compromiso afirmaba.
¿Esta gente qué querrá
que llaman de madrugada?

No sabe cómo escapar,
el miedo le torturaba,
después de abrirse la puerta
él caerá por la ventana.
¿Esta gente qué querrá
que llaman de madrugada?

Hay momentos de tensión
nadie dice una palabra,
la madre que entra después
grita y llora desgarrada.
¿Esta gente qué querrá
que llaman de madrugada?

Llamaron de madrugada.
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¿Esta …