Jóvenes seniles

Sonó el teléfono y, al tercer timbrazo, no pudé más que cogerlo.

-No te lo vas a creer, killo, ayer me calcé a una tía espectacular… -Me desperté del susto. No podía ser. ¿De verdad había ocurrido? ¡Había vuelto a mi mundo! –Sin viagra ni nada.
-¿Cuándo tu, Percutor, has necesitado viagra?... –bufé con una risa nerviosa mientras buscaba el reloj despertador.
-Desde hace diez años por lo menos.
-¡Oh, no! Eso siginifica que sigo siendo viejo.
-Un día más que ayer… pero tranquilo. En la vejez también caen maduritas. No veas como estaba la guiri…

No escuché nada más, me levante apesadumbrado camino del sofá, prevía parada en el baño obligado por la prostata. Me sentía como cuando necesitaba el regimen, todo el día meandome. En la cocina Irene había comenzado a preparar el desayuno, con Natalia a su lado sacando algunas fotos y Bea hablando de los niños. Antonio estaba ya sentado en la mesa, tomando su café y sus pastillas para la artrosis. No había llegado a la mesa cuando el teléfono volvió a sonar. Y lo volví a coger.

-¡Fornelillo! Dile al Triste que vamos a queda a cenar en casa del Nutria, el Choco también viene, y por supuesto el Percutor. Vamos a montar una fiesta de las antiguas. Lastima que el Dani ya no esté entre nosotros para cantarnos algo…
-No creo que el piense lo mismo, Mamona- dije mientras me reía por lo bajo. Pese a los años, cada uno seguía siendo quién era: Antonio, Sergio, Alex, Juanma y por supuesto Marcos. Y pese a los años seguía viendo con naturalidad emplear aquellos motes absurdos, propios de adolescentes y no de post-adolescentes seniles como éramos nosotros.
-¿Qué no piensa lo mismo?
-Pues supongo que no. Si yo estuviera en Hollywood rodando un músical tras otro no creo que os echara de menos.
-¡Va!, tu siempre has sido un cabrón, pero Dani no. Estoy seguro que nos echa de menos.
-Claro como JuanCa… también nos echa de menos. ¡No te jode!
-Ves como eres un hijo de puta….

Uff…. ¿Cómo se me pudo olvidar algo así? Juanca había muerto cinco años atrás, mientras estudiaba el cocodrilo de agua salada del Archipielago Navidad. Un descubrimiento único que le dio la fama de biologo que buscaba. Pero que acabó con su cuerpo en un ataud de piel de Ubrique. Siempre fue raro, hasta la muerte.

Comentarios

Natalia ha dicho que…
quién es juanca killo???
me ha encantado, este relato es genial...
Cathan Dursselev ha dicho que…
No voy a matar a ningún amigo conocido... ¡Ni que fueran Reverte!

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