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Mostrando entradas de julio, 2009

Indurain de la Caleta

El Hetero llegó a la fiesta tarde de fin de año. Normalmente era puntual, pero aquel día no pudo llegar a su hora porque había vuelto a pelearse con María. Pese a todo, había acudido a su casa, se había arreglado y llegaba perfectamente vestido, con el pelo liso y rubio resplandeciendo bajo la luz de la lámpara. Sabiéndose el centro de la fiesta. En la casa estábamos ya todos y algunos más. Juanca fue presentándole a alguno de los nuevos, sonriendo cuando llegaba el momento de alguna chica. Y más parco en palabras cuando se trataba de los chicos.

Pero el Hetero no tenía problemas y hablaba igual con los chicos que con las chicas. Y en esas estaba, hablando con el primo de Manolo:

-Oye, ¿yo no te he visto a ti en bici?..
-No creo
- Sí, sí, subiendo la Cuesta de las Calesas como si fueras el Indurain de la Caleta.
-Que no, chaval, que no puede ser.
-¡Joe! si te ví ayer.
-¡Que no, coño!

Dijo mostrándole la lesión que tenía en la pierna y que le impedía doblarla. El Hetero, avergonzado, se alejo…

Y otra vez...

El otro día nos levantamos con la noticia de la violación de una niña en Baena por menores. Hoy se repite el caso en Isla Cristina. Parece como los casos se repitieran para recordarnos que no debemos cerrar los ojos ante lo que ocurre. Si es que alguien puede cerrar los ojos ante una violanción, más aún cuando se trata de niñas.

Pero, me temo, debemos ver algo más allá. Si el otro día vieron a las madres de los niños, presuntos violadores, negar la participación de sus hijos en el acto, ahora no tengo que ver la familia de los nuevos presuntos violadores. Realmente no tengo que mirar a ninguna familia, sino fijarme en lo que ocurre en nuestra sociedad andaluza. La falta de educación y cultura que acucía a nuestra sociedad, motivado en parte por una política que busca la incultura más que la cultura. La cultura con mayúsculas, la que hace que las personas sepán diferenciar entre el bien y el mal. La que hace que una niña de 13 años se comporte como una niña de 13 años y no pueda ser cha…

La grua

Cuantas veces no me habré quejado de que la Policía Local no funciona bien. Un coche mal aparcado puede pasarse horas, e incluso días, sin ser retirado. Por eso, cuando la cosas funciona, uno debe congratularse. Eso paso el sábado en Conil. Sobre las 3 de la mañana. El coche encerrado entre otros dos. Uno, aparcado en la acera. En paralelo al encerrado. El otro en mitad de la calle, cortando el paso. Llamada a la policía local. En 25 minutos llega la grúa. Reconoce los coches antes de llevárselos. Sólo será necesario mover uno. Bueno, al menos no le caerá la multa a los dos. Lo retira y se lo lleva.

“El primero que nos llevamos en todo el fin de semana. Sabemos que es muy difícil aparcar en el pueblo con tanta gente, así que hacemos la vista gorda”.


Perfecto. La policía se porta hasta bien. Lastima que el coche que se llevaron fuese el mío, que no molestaba. Y dejasen allí el otro, aparcado en mitad de la calle, cortando el tráfico e impidiendo la salida de los garajes. Lastima que se l…

Camaron que no nada....

Nos metiamos en el agua. Como tantas otras veces. Entre las olas. Mejor durante la marea de Santiago, cuando la altura y la fuerza de la corriente era considerable. Pero nosotros, hartos de la arena y los surferos, no metiamos en el agua. Sabiendo como sabíamos que entrar nos suponía enfrentarnos a olas y quillas. Pero ¿quién se resiste a lanzarse a pecho descubierto sobre la espuma del mar? Nosotros no. No podiamos y nos metiamos en el agua.


Las olas nos arrastraban a la orilla una y otra vez. Cabezas que salían de la blanca espuma de las olas, cabalgando sobre el pecho hasta la orilla. Más de una vez, nuestras barrigas rozaron sobre la arena, llenándose de pequeños puntos de sangre. Pero no importaba. Una y otra vez, volvíamos al agua. Por una nueva ola. Por llegar los primeros a la orilla. Por ser los que más lejos llegaran.


Hoy hemos vuelto al agua, como tantas veces. Pero ya no es lo mismo. La corriente me arrastra cada vez que levantó un pie del suelo. Intento volver a dentro, per…

Silencios

El silencio retumba en mis oídos. Un sonido sordo, incomodo. Me levanto del suelo donde me encuentro caído. No recuerdo lo ocurrido. Un gran ruido, ensordecedor, es lo último que mi mente guarda. Tambores de guerra repican en mi pecho. Me levanto. Vuelvo a caer. Noto el calido reguero de sangre que me recorre el rostro. No veo a nadie. No hay nadie. Camino hasta la puerta. Renqueante. La calle se abre a mis ojos. Cegados por la blancura del cielo. El sol penetra entre la niebla. Humo, es humo. Temo salir a la calle. No se escucha nada. Sigue sin haber nadie. Doy un paso atrás, hacia la casa que me ha dado refugio y el brillo de unos ojos atrae mi mirada. Brillo opaco. Ojos muertos que me empujan desesperado a la calle. Camino desorientado entre restos calcinados. Un coche arde aún mientras otros humean a su lado. Crujen huesos calcinados bajo mi peso. Vomito y mi vómito cae junto a excrementos humanos. Perros rastreros agonizan junto a los cuerpos calcinados de sus dueños. La muerte a…

Noches de Baelo

Acudir a ver un espectáculo músical en un teatro no tiene nada de especial. Hacerlo en un lugar como Baelo Claudio se convierte en mágico. Sentado en las piedras del milenario teatro romano, uno se siente como Cayo, o Julius, o Antoninus, o cualquier otro patricio o no que acudiese a ver las representaciones de la comedia griega en aquel mismo lugar. Con los ojos puestos en los seis componentes del “Andalusian Brass Sextet” pero la mirada perdida en las brillantes luces que te saludan desde el otro lado del Atlántico. África se enciende lentamente, mientras el sol se oculta al oeste y las notas de la orquesta de viento comienzan a sonar.

La oscuridad cae sobre el viejo teatro, y el cielo estrellado y sin luna se funde con Marruecos y el mar para dar paso a un momento cargado de magia e historia. La histora de que quienes elegieron aquella ensenada para crear la ciudad romana. La magia de ver como las viejas piedras del teatro cobran vida y vuelven a escucharse los aplausos de los An…

Ubi Sunt? nº 24

Una vez más tenemos el placer de encontrar en las librerías gaditanas y no gaditanas, la revista UbiSunt? de la asociación cultural homónima UbiSunt? Esta vez es la número 24 y su dossier está dedicado a las roles de mujer en la edad contemporánea, en ella no sólo encontrareis un artículo mío (si queda un poco egocéntrico) sino magníficos artículos dedicados a la mujer como trabajadora, cuidadora, villana, etc. También encontramos la sesión de miscelánea, las bibliografías comentadas, una entrevista, la ludoteca y el relato. Por último quería mencionar a los que me leen y asisten a la universidad de Cádiz, que dicha asociación hará un congreso en el mes de Octubre dedicado a los Héroes y villanos en la historia, de cualquier manera lo volveré a recordar más tarde.

(absolutamente basado - yo, como buen historiador no plagio, homenajeo- del blog
Curiosidades Históricas, de mi amiga y compañera en esto de la Historia Alejandra, que seguro me perdona el copy/paste)

Yo ví uno

He visto uno. Lo prometo. Tuve que frotarme varios veces los ojos para asegurarme que era cierto. Pero sí. Estaba allí. Escondido entre dos cabinas de teléfono de esas modernas. Era bajito y rechoncho. Amarillo. Claro. Y vi otro a su lado. Verde. No me lo podía creer. Y menos aún cuando un chico se acercó y metió algo por su boca. ¡Imposible! ¿En los tiempos que corren?.


Pero sí, aun quedan algunos…





Sueños

Sentado en el borde del acantilado, sobre el mojón que delimita la línea de costas, miraba el mar, y la vieja roca en forma de trono en la que me sentaba de chico para ver como las olas partían bajo mis pies. Hoy no llego a esa roca. Me conformo con verla de lejos. Recordando sueños infantiles de grandeza eterna. Sueños rotos. Como esos juguetes con los que siempre estaba. Me viene a la cabeza el viejo barco pirata de los playmobils, con el que tantas veces jugué en el porche de mi casa. Figuras de plástico que se repartían por toda la casa, junto a construcciones hechas de libros que formaban ciudades completas. Otros sueños de grandeza. En aquella época aún soñaba con montar un hotel. Otro sueño infantil. Con estudiar empresariales y dirigir mi propio restaurante. Sueños que jamás llevaré a cabo, porque ahora sé que los sueños infantiles jamás se cumplen.

Sentando en el borde del acantilado, mirando el mar y la roca con forma de trono, me doy cuenta de la grandeza absurda de los sueñ…

Evasión o docencia

Aun recuerdo aquellas tardes en la Bomba, cuando el curso iba llegando a su final y el tiempo era demasiado bueno para estar en clase. En aquella época pocos éramos los que faltábamos a clase, tal vez pensando que la Historia tenía salida y que los profesores debían ser respetados. Pero, saben, cuando uno estudia en una ciudad como Cádiz, al final siempre sobran motivos para no ir a clases.

Así que durante casi un año, cada cierto tiempo, el grupo de alumnos asiduos a clases –y no al bar- realizábamos una huída conjunta. Pero organizada. Como si del capitan John Colby (Michael Caine) en Evasión o victoria se tratase, Sergio y yo preparábamos la fuga. Mientras nuestros compañeros se escondían por el edificio, nosotros, con nuestras caras de niños buenos, responsables y estudiosos abordábamos a Morgado o Marchena con frases simples, sencillas de recordad y que nos permitiesen mirarles a la cara sin que se notase la mentira.

Con Marchena no importaba tanto. Si había partido o se acercaban…

Jóvenes seniles

Sonó el teléfono y, al tercer timbrazo, no pudé más que cogerlo.

-No te lo vas a creer, killo, ayer me calcé a una tía espectacular… -Me desperté del susto. No podía ser. ¿De verdad había ocurrido? ¡Había vuelto a mi mundo! –Sin viagra ni nada.
-¿Cuándo tu, Percutor, has necesitado viagra?... –bufé con una risa nerviosa mientras buscaba el reloj despertador.
-Desde hace diez años por lo menos.
-¡Oh, no! Eso siginifica que sigo siendo viejo.
-Un día más que ayer… pero tranquilo. En la vejez también caen maduritas. No veas como estaba la guiri…

No escuché nada más, me levante apesadumbrado camino del sofá, prevía parada en el baño obligado por la prostata. Me sentía como cuando necesitaba el regimen, todo el día meandome. En la cocina Irene había comenzado a preparar el desayuno, con Natalia a su lado sacando algunas fotos y Bea hablando de los niños. Antonio estaba ya sentado en la mesa, tomando su café y sus pastillas para la artrosis. No había llegado a la mesa cuando el teléfono volvió …

Banderas del olvido

No tengo muchos recuerdos de aquel momento. Y si alguien no me lo hubiera recordado hace unos días creo que seguiría relegado al baul de los recuerdos perecederos. Pero ahora, al pensarlo, creo que sí. Creo que ocurrió. Aunque no sé cuando. Debió ser por el año 1997, estando en segundo de carrera y en la Bomba. En uno de los balcones que dan al Paseo Carlos III. En aquellos santos lugares desde los que gritabamos con brío aquella frase monocorde lanzada por el profesor Guzmán: ¡Callaos hijos de puta! Dirigida a la banda de música que en aquellos años ensayaba bajo las ventanas de nuestro aulario.

Pero no era aquel el grito que me fue recordado -no se puede recordar lo no olvidado-, sino la “bajada” de bandera de mi amigo Lacueva. Aunque puedo jurar que yo no canté el himno de Pemán, ni mucho menos el de Riego. Lo cierto es que aquellos que estuvieron presente lo cuentan con sorna. Uno de los grandes momentos de la carrera. Allí los dos. Uno junto al otro. Él junto a la bandera de Españ…

Ella

Está al fondo de la sala. Silenciosa. Blanquecina. Curvas sinuosas que se vuelven angulosas mientras me acerco a ella. Noto la frialdad en mi mano al cogerla. El aire arremolina mi ropa mientras se mueve lentamente. Deja un camino abierto. Un lugar en el que adentrarse y huir. Silenciosamente vuelvo a rozarla mientras paso junto a ella. Rugosa piel laminada, templada. Me vuelvo. La miro una vez más. Sólo una. Sabiendo que tras ella todo cambia.

Y me alejo pausadamente de aquella puerta que se cierra cautelosa.

Adopción de libro

Soy raro, lo sé, pero creo que un libro tiene que tener dueño. Su lugar en una biblioteca. Pero un lugar destacado. Ningún libro debe ser un segundón, porque ser el segundón significa no ser leído. Lo malo es que a veces, cuando uno lee tanto como yo, se encuentra con que algún alma poco imaginativa te regala un libro de una colección de la que te ha oído hablar. Pero ¿si estás hablando de ese libro no será porque lo has leído?

Pero hay otra cuestión aún peor. Cuando tu librero de cabecera te manda el libro, y tu, que lo quieres ya y no dentro de una hora, te lo has comprado por tu cuenta. Así que hoy simplemente busco bibliófilo cariñoso para un libro: el tercero de Millenium

En pocas palabras

Sólo por el deseo de ser feliz se puede entender que el ser humano caíga en sus más bajos instintos. Sólo así, por esa busqueda de felicidad, el hombre renuncia a ser uno mismo, para vincularse al otro como unicamente el hombre sería capaz.

Y aún así, ese sentimiento sigue siendo lógico.

Tardes de piscina y postre

Hay cosas en esta vida que no cambian. Ni deberían hacerlo jamás. Y en el verano de la urbanización ese algo son las meriendas en casa de Irene. Tardes de piscina y bizcocho que se repiten año a año desde hace ya demasiados. Nos hacemos viejos, me temo. Porque ahora esas tardes son recordadas y esperadas, llorando a los ausentes como si de compañeros caídos en batalla se tratasen.

Ayer tuvimos una de esas tardes. Tardes en las que volvemos a ser niños durante un par de horas, tirados en el césped de la piscina o lanzándonos en bomba al agua. O viendo como Juanma lanzaba a su sobrino por el aire para regocijo de él y miedo de las chicas, con el reloj biológico haciendo tic tac. Horas de risas, recordando viejas torres humanas realizadas en aquella misma piscina que, como nosotros, ya no es igual. Que se ha limpiado la cara con los años, que quita escaleras como algunos aumentan arrugas o quilos.

Pero en tardes como la de ayer no se puede hablar del peso. Porque ningún verano sería lo mis…

Hombre-perro

Los hombres enviados por Sha’ab no llegaron a su destino, impedidos por el fuego de virotes enemigos. Sobre el parapeto desde el que dispararon al asesino, un hombre alzó la voz:
-¡Vaya, vaya!, parece que el héroe no es tan valiente. ¿Pues no ha manado a un par de crí­os contra él? Sabed que cualquiera que intente acabar con él sufrirá la ira de Joshynk. Joshynk está sobre vuestras cabezas pues nos somos él. Y él acabara con vosotros como un borracho su cerveza

Una enorme figura se elevó sobre las barricadas, a su lado los hombres con ballesta que le cubrí­an los flancos no parecí­an más que niños, apenas llegándole a la cintura. El semi-gigante portaba un hacha de doble hoja y con ella señalaba a Sha’ab. - Joshynk, ja, que nombre más ridículo, tanto como la misma abominación que lo lleva – fue la respuesta de Sha’ab- ¿Así que tu eres el gran adversario, el malo maloso, que se esconde tras barricadas y filas enteras de soldados? y para colmo tiene la osadía de burlarte de mi valentía. L…

Torres más altas han caído

Estábamos en la playa, pensando en lo divertidísimo que era el día de marras. Con el mar plano, sin una sola ola, ni siquiera al chocar la marea contra la piedra que habíamos tirado en la orilla con la vana esperanza de que alguien la golpease. La vista tampoco nos era agradecida aquella tarde, sentados bajo la torre de vigilancia, soñando con que las socorristas se parecieran a Pamela Anderson, pero encontrándoles mayor parecido con Marilyn Manson. Suspirando desganados porque las curvas más pronunciadas de la zona eran las mías. Aburridísimos como solo pueden estarlo cinco quinceañeros en una playa. Hasta que alguien tuvo la genial idea.

-Hagamos deportes de riesgo, de esos del “ing”.

Ya saben: trekking, footing, rafting, puenting...

-Yo primero.
-No, yo.
-Yo no...

Pero sí. Yo también, uno a uno, todos a una. Corríamos, nos lanzábamos, volvíamos a correr, nos volvíamos a lanzar... saltando desde lo alto de la torreta del socorrista, al grito de ¡TORRETING! y ras, al suelo. Y otra vez a su…

De capa caída

Soy un dios de capa caída. Por más que lo intento no vuelo, y eso me obliga a usar algo tan mundano como el coche. Pero como en mi divinidad no notaba los cambios de temperatura, mi coche que no es mío porque no me hacia falta, no tiene aire. Acondicionado, se entiende. Pero, ay, que mi divinidad se ha ido de vacaciones, como media España y el calor afecta a mi cuerpo y mi alma, que suda como nunca antes sudó. Si D. Damián, el temible profesor de Gimnasia del Guadalete me viera, puede que hasta se enfadaría. ¡Sudo más ahora que corriendo el test de Cooper! Claro que, entonces, era dios, y ahora un ser humano mortal por venganza divina. No mía, de otro.


Al menos, eso sí, moverse en el Infierno Azul que conduzco tiene sus ventajas. Y ayer lo viví en primera mano. En la autovía de Chiclana, camino del trabajo mañanero en la casa del Dios cristiano, mi colega en los altares y jefe en lo laboral. Y, de pronto, todos parados. Despacito. Media hora para un recorrido de dos minutos. La ventana…

Respuestas

Fijo la mirada airada en el suelo, y el asfalto me devuelve el resquebrajado reflejo de mi rostro. No me reconozco en el agua sucia que corre en busca de un escape de tierra. La veo fluir, como mi propia vida, en busca de un nuevo cauce, en busca de un camino que le aleje del hoy.


Fijo la mirada en el suelo, en el resquebrajado reflejo que el sucio charco me devuelve. Busco en su mirada turbia una respuesta. No la encuentro. Sé que está allí, pero también sé que no debiera buscarla en el suelo sucio que viene a mi encuentro. Elevo el rostro al mundo, pero allí tampoco hay respuesta.