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Fiesta

-Estoy aburrido, Javi. Ya no somos lo que éramos. Te acuerdas de aquellas noches en Conil...
-Hombre, Antonio, entonces aún no habíamos cumplido treinta. Ahora ya no volveremos a cumplir sesenta.
-Ya, ya, pero entonces nos lo pasábamos muy bien. En la noche conileña... ¡que tiempos!
-Sí, pero ya no estás para subir farolas... y eso de los tiempos está demasiado visto- Estos viejos, siempre pensando que el pasado era mejor que el presente.
-Bueno, bueno, estoy mejor de lo que parece..... ¡ay!
-No agites el bastón, Antonio, que te da la artrosis... ¿Habéis visto a mi hermana?
-Esta en el baño, Nata, retocándose para el casting de canguros.
-¿Para Canguros? si eso fue hace treinta años.
-¡No jodas!....

Pero era verdad. Este salto me había sentado fatal. No recordaba nada de los últimos años, como si no existieran. Tal vez no existían. Pero lo más normal es que estuviera perdiendo la cabeza porque recordaba todo como si lo hubiera vivido, aunque vinieran a mí de pronto, como los flashback en Perdidos, volviendome loco hasta perderme en mis recuerdos.

-Tienes que tomarte tus pastillas, Javi.
-Sí, Irene, debe ser eso, que hoy no me he medicado. Pero no sé dónde la tengo. Estoy perdiendo la cabeza.
-No hombre, nunca la tuviste muy en su sitio.
-Gracias- dije secamente.
-Toma de las mías- dijo Bea saliendo del baño- ¿alguno más quiere?
-Yo
-Yo
-Yo

Y las tomamos. Y eran buenas. En diez minutos Antonio estaba bailando con Bea. Natalia sacaba fotos con una vieja cámara e Irene cepillaba a un gato de angora disecado. Yo, simplemente, reía. Creo que fue mi primera fiesta pastillera, que recordara al menos. Pero no fue la última. No podía dejar de reírme, pensando en lo fácil que era divertirse ahora. Sólo cambiar la medicación para la artrosis de Antonio, con las pastillas para el reuma de Irene, y las azules que tomaba yo sin saber para qué eran y las de colores que sacó Bea del bolso. Y en media hora ya teníamos a las niñas en casa. Riñéndonos por habernos drogado sin prescripción medica y por las quejas de los vecinos del cuarto. Tratandonos como adolescentes mientras el gritaban a Antonio que se bajara de la lámpara.


-Ves, Spiderconil, no todo tiempo futuro es peor.

Comentarios

Natalia Vazquez ha dicho que…
jajajaja...magnífico, javi. el spiderconil no pierde su encanto....y la pobre irene ya no distingue un gato vivo de un gato muerto...o sí?
Cathan Dursselev ha dicho que…
con el gato "griego" que tiene en su casa como para distiguirlos.... jurjur

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