Ir al contenido principal

El cambio

No sé que como he llegado aquí. A este momento habría que decir. Ayer estaba tranquilo en casa, sentado en el porche del chalet de mis padres, hablando con los amigos. Y hoy estoy aquí. Rodeado de estos que son mis amigos, creo, los mismos de ayer, pero con unos años más, como 30 años más. Y no puedo más que preguntarme como he llegado a este lugar y cuando despertaré.

Creo que la mujer de pelo blanco que hace bizcochos en la cocina es Irene. No sé como, pero lo sé. Igual que sé que Natalia está aun durmiendo y que Antonio es el viejo que se sienta en el sofá con el bastón apoyado sobre el brazo de la butaca en la que yo me siento. Y, sin mirarme al espejo, se que yo también soy viejo.

-¿Cuando vendrán los niños?- es Natalia la que pregunta, acaba de salir de su habitación, encorvada por el paso de los años.
-Ya tienen que estar al llegar. Dijeron que, aunque sea Navidad, no se perderían por nada el cumpleaños de su padre.

Antonio levantó la cabeza, apartando los ojos del televisor.

-Ya ves, Javi, al final, en cada cumpleaños me llevo unos cuantos regalos.

Me reí, sabiendo que aquello tenía sentido aunque desconociendo cual. Y lo comprendí cuando sonó el timbre y comenzaron los niños a entrar. Los recordé en la playa de Roche, jugando en parejas como fueron llegando al mundo. Antonio, Tony y Antoñito fueron los primeros en entrar, después sus hermanas: Carmen Beatriz, Carmen Natalia e Irene Carmen. El padre se había empeñado, recordé, en que esos fueran los nombres. Fue la única cláusula que puso Antonio para ser el padre de las criaturas. Eso y no pasarles pensión. Haría el favor a sus amigas, y punto.

Pero al final los niños habían sido los niños de todos. De las hermanas mutambo, de Irene, de Antonio y mío, más que nada porque a los 40 y los dos solteros, habíamos decidido hacer uso de las prerrogativas dadas por Zapatero 13 años antes y casarnos, no por nada, simplemente para compartir gastos mientras que seguiamos con nuestra vidas heteras y normales. En mala hora los hicimos. Ahora nuestro piso era como el de Friend, pero a lo gaditano y con 30 años más. No estábamos en la mejor edad de la vida, sin duda, pero algo me decía que iniciábamos una tercera treintena que nada tendría que envidiar a la segunda.

Comentarios

sempiterna ha dicho que…
Me gusta. Cuando pensamos en el futuro nunca se sabe a ciencia cierta qué será de nosotros. Jeje. las vueltas que da la vida y lo que vamos necesitando a medida que pasa el tiempo...
María ha dicho que…
Jajajaja!!! Envidiable el sentido práctico que le diste a la vida, hay que adaptarse! Y enhorabuena por tu longevidad, calculaste vivir más de 90 años! Ojalá esto sí se cumpla y nosotros lo veamos (con excelente salud...ya puestos a pedir)

Entradas populares de este blog

Corona o Reino de Aragón

Ni Aragón, ni Cataluña, ni Valencia son entidades anteriores a la Edad Media. Hasta 1163, con Alfonso II, no se distinguirá entre reino y corona de Aragón. En la Corona tendrán cabida todos los reinos, condados y señoríos que guardan algún tipo de dependencia con el rey aragonés. Esta existencia de diversas entidades autónomas en muchos aspectos, solo es entendible desde la expansión territorial a costa de los reinos musulmanes del sur. En esa expansión los nobles irán recibiendo tierras y beneficios. Expansión que acabará chocando con la realizada por el condado catalán.

Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real.
Durante el siglo XIII la Corona de Aragón continúa con su política expansionista hacía el norte, pero tras el Tratado de Almizrad de 1244 y la derrota de Pedro el Católico en Muret, la ex…

Nihil cognitum quin praevolitum

Ando leyendo "Niebla" de Unamuno, y su frase Nihil cognitum quin praevolitum (Solo se conoce lo que se desea) me ha llamado la atención por la verdad que se esconde tras ella. Yo también, como don Miguel, creo que sólo el deseo nos hace crecer, conocer, amar, avanzar. Mientras que desear lo conocido nos convierte en conformistas estancados en nuestras vidas. Nos impide abrir nuestras mentes y mirar más allá de nuestros limites existenciales.
Desear algo, luchar por conseguirlo, o construirlo con tu propio sudor, es el verdadero motor del crecimiento humano. Y, cuando ya lo conoces y sabes si es lo que buscabas o no, hay que seguir adelante. Así, hasta el último día de nuestras vidas.
Sin pensar si lo alcanzado terminó en fracaso o triunfo ya que, cada deseo conocido, nos hará más ricos, sabios y. por tanto, mejores. Nos habrá obligado a avanzar conociendo nuevas metas, abriendo nuevos caminos. Así que, como Augusto, yo también me digo en mi vida Nihil cognitum quin praevoli…

Héroes gaditanos: Diego Fernández de Herrera

En 1339 el rey de Ronda y Algeciras, Abdul Melek, decidió cercar Jerez de la Frontera, por entonces principal ciudad del bajo Guadalquivir (con permiso de Sevilla, cabeza del reino y, casi, de toda la Península). El príncipe tuerto –pues así apodaban al de Ronda- asoló la campiña jerezana y cerró su tenaza sobre la ciudad obligando a los vecinos de la villa a enfrentarse en desigual batalla. En aquellos años se encontraba en Jerez Diego Fernández de Herrera, que había estado cautivo varios años y conocía el idioma y las costumbres de los moros. Así que, bien por venganza o por ese heroísmo extraño que a veces surge en el corazón de los hombres, se presentó voluntario para adentrarse en el campamento enemigo y asesinar al príncipe tuerto. Disfrazado de moro cruzó el río Salado y se internó en el campamento enemigo, esperando que los jerezanos lanzaran un falso ataque que hiciera a los moros salir de sus tiendas y continuar la lucha. Al amanecer de esa misa noche, los de Jerez pusiero…