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Ojos azules

¡Mierda! El cartagenero lo ha vuelto a hacer. Ese ser despreciable y egocéntrico, ex reportero televisivo metido a escritor lo ha vuelto a conseguir. ¡Lo odio! Pero cada día estoy más convencido de que mi odio no es más que envidia, y de que la envida no es más que una cruel forma de admiración. Porque, ¡pardiez! he caído nuevamente en sus garras literarias. Con otro pequeño opúsculo, como ya caí años atrás con La Sombra del Águila, una de las novelas cortas mejor desarrolladas, más irónicas y entretenidas que he leído jamás. Y les aseguro que he leído más de lo que una vida social sana aconseja.

Soy ferviente seguidor de la novela histórica de Reverte, y tengo el gusto, placer y hasta deber de tener en mis manos solo primeras ediciones de su Alatriste (con la consiguiente cara de mosqueo de algún librero al ver como le devolvía la segunda edición del capitán). ¿El resto de novelas del ínclito? No, gracias.

Pero con Ojos Azules ha vuelto a llevarme hasta su terreno. En poco menos de 50 páginas, (y con letra enorme y formato muy pequeño) Reverte crea un personaje complejo. Un español de su época. Un conquistador. Un soldado. Con la profundidad que un hombre de ese tipo requiere. En esas pocas páginas te lleva a las puerta de Tenochtitlán, en un lluvioso día de 1520, te hace sentir los tambores en tu interior. Te hace sentir el miedo, la inseguridad y hasta el amor de un anónimo soldado del que solo conocemos un dato: sus ojos son azules.

Una miniatura indispensable para el buen lector.... y lo digo yo, que cada jueves intento matar al cartagenero cabrón.

Por cierto, el libro se acompaña de unas magnificas ilustraciones como la que pueden ver ahí, realizadas por Sergio Sandoval.

Comentarios

Natalia Vazquez ha dicho que…
pues lo podemos añadir al club de lectura....
Cathan Dursselev ha dicho que…
pero es para una lectura muy, muy corta....

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