Nubes

Viajaba en tren. En el último asiento del último vagón. Miraba por la ventanilla, distraído, viendo como las nubes cobraban sentido en mi imaginación. Un trineo tirado por perros, que se transforma en un alado dragón, para dividirse en mi lpequeñas luciérnagas que doran sus colas con los rayos del sol.

Mi mirada vaga por un cielo cargado de esponjosas nubes. Hasta que la ventana por la que me asomo a ese mundo mágico se convierte en espejo. Reflejo de un rostro ausente y, sin embargo, siempre presente. Busco a aquella que cada noche acuna mi alma quejosa hasta dormirla con su ausente canto silencioso. Acompañando cada paso que doy, siempre viva en mi mente, en mi recuerdo, en mis sueños.

Un niño, sentado frente a mí en el último asiento del último vagón del tren, susurra a su madre:

-Mira, mamá, el hombre está llorando.

Y notó el cálido reguero de las lágrimas recorriendo mi rostro. Vuelvo la mirada a la ventana, a las nubes que se transforman, ante mí, en ella. En su mirada viva y sus ojos traviesos. En su sonrisa, en su complicidad. Su rostro convertido en dulce nube blanca, cubriendo el sol. Y su voz resuena en mi mente, como tantas veces antes.

-A ver si te echa’ una buena novia
-Si echarme, lo que se dice echarme, ya me han echado unas cuantas,.

Y el niño sentado frente a mí en el último asiento del último vagón del tren, susurra a su madre, sorprendido:

-Ahora, el hombre, se está riendo.

Y su anciano y dulce rostro me devuelve la risa desde el cielo.

Comentarios

Natalia Vazquez ha dicho que…
pardiez!! me has robado la idea....llevo recopilando fotos de nubecillas más de 2 semanas... bueno, pero tratándose de tí, lo acepto...
Cathan Dursselev ha dicho que…
Pero yo no hablo de nubes.... ains... De todas formas, siendo tu, tienes permiso para plagiarme las ideas, ^^
Javier Márquez Sánchez ha dicho que…
Desde luego que no hablas de nubes, Cathan, hablas de algo tan hermoso, con la sencillez con la que lo hubiera contado ese mismo niño del tren, que también por mi rostro han resbalado un par de lágrimas.

¡Qué grandes sentimientos puede desata un pequeño soplo de belleza como el que desprenden esas líneas!

¡Y cuánto, cuánto amor nos revelas a buen recaudo en tu corazón...!
Cathan Dursselev ha dicho que…
Gracias, Javier... me parece demasiado lo que dices.

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