Los tuneles

Sarverius vio salir la flecha e intento actuar rápidamente enviando a su ghoul contra el arquero, pero la flecha ya había salido del arco cuando el ave se abalanzo sobre el infeliz guerrero, que cayó de las murallas. La flecha se clavó en un costado de Sarverius, que se vio obligado a retroceder hacia el borde de la muralla. Pero lo peor estaba por venir, un segundo virote impacto en el vampiro. No iba a morir por una simple flecha, pero el golpe fue terrible. Al igual que el arquero, también Sarverius se precipitó al vacío.... Pero su caída se detuvo a mitad de camino, en un pequeño saliente de la muralla utilizado para recoger el agua de lluvia. Rodó hasta el interior del aljibe. Sus ojos no necesitaron habituarse a la oscuridad para observar que la luz no entraba más que por un pequeño orificio, por el mismo por el que había caído el vampiro. No estaba herido, pero no había calculado bien su caída. Sarverius cogió la flecha con la mano derecha y con un golpe seco se la arrancó. Un gran chillido salió de su interior a la misma vez que invocaba sus poderes vampíricos para empezar a curar la herida producida por la flecha.

Observó satisfecho que la armadura había absorbido parte del ataque. La flecha había entrado en su cuerpo, y el golpe era considerable, pero nada que la magia no pudiese solucionar. Lo peor era la pérdida de sangre, aquello no era bueno, debía encontrar la salida. Pero el lugar por el que había entrado se encontraba varias decenas de metros más arriba y no se encontraba con fuerza para ascender. Un chillido estridente le avisó de la presencia de una rata, que corrió bajo él para perderse por una oquedad de la pared, por donde se escuchaba correr el agua.

Sarverius comenzó caminar por los túneles, buscando una salida y algún animal con el que alimentarse. Sin embargo, aquella agua estaba limpia, y parecía que era mantenida así gracias a la magia de la ciudad. Por más que buscó, no encontró ningún ser vivo. Tan solo le quedaba buscar la salida de aquel gran aljibe, y la corriente le indicaba donde estaba la salida. Un chapoteo se escuchó en el agua, como si alguien hubiera caído dentro de los túneles. Allí, cualquier ruido era mucho mayor. Sarverius contacto con sus animales. Intentó ver con los ojos de su búho, pero este ya le había avisado: alguien había entrado tras él.

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