Fernando

-¡Japuta!... hasta Carcassona… hasta la maldita Francia tuve que ir a buscar las flores de las narices.
-¿Y yo? Con lo tranquilo que estaba en el hotel, tuve que seguir a ésta –grité señalando a Daira- hasta el culo del mundo. Y pelearme con todos, por esa mierda de comida florida.
-¡EH!, lo que te ocurre es que no comprendes mi arte.
-Ni yo, ni Reverte, ni el 99,99 % de la gente que pasó por el bareto….
-Y lo peor –era Cecia, cansada de tanto fracaso- es que ese cabrón cartagenero ha sobrevivido.
-¿Cómo se iba a morir?... ¡joder! … los únicos que estuvieron a punto de espicharla fueron los médicos y fue de la risa. Y te lo digo yo que estaba allí echando higadillos. No como el inclíto, claro… que sólo expulsaba vinagretas.
-¿Vinagretas?... –Cecia miró a Nidia con odio.
-Si, vinagretas… ya sabés, esas flores amarillas que todos hemos comido alguna vez.
-Todos no, pisha, tu que eres una vaca.
-Gracias, Daira, yo también te quiero….


Nidia comenzó a reír mientras rascaba a Luna tras las orejas,y Daira servía algo de Marqués de Cáceres. Cecia movía la ensalada y yo ojeaba el libro sobre el que ibamos a hablar. Diario de una Ninfomana. Estaba seguro de que, por una vez, nada, absolutamente nada, de lo dicho en el libro podría poner en marcha la maquinaria infernal en la que se había convertido la mente demente de Nidia.

-Bueno, dejando al inclíto aparte. Hablemos de cosas menos serias: ¿Qué os ha parecido el libro?- dije para cortar el tenso ambiente que se respiraba… y con el anhelo de que me rellenasen el plato de comida. Al fin y al cabo a Luna le valía. Cada vez que tenía hambre gemía y alguien le tiraba comida. No me iba a poner a gemir, que para eso yo era humano y sabía hablar. Pero nada. Ni Cecia, ni Nidia, ni Daira me dieron comida.

Daira cogió la palabra:
-Se cómo matarlo.
-Pero…. ¡tu no eres Nidia! Eres buena y lista y guapa… no malvada como ella.
-Estás en mi casa, mamón.
-Ains.
-Bueno, ¿y cómo?- ¡No! Cecia también había caído en el lado oscuro del revertismo.
-Fernando
-¿Vais a contratar a un sicario?. Por fin una idea genial.
-Tu, Abadon, tu serás Fernando.

Oju….. es que son malas. No sé ustedes, pero yo, cada día, temo más a las mujeres. Hasta la más fea de las feas tiene un mal fondo. Imaginense las bellas y hermosas adonis con las que yo me junto. ¡Repardiez! Ahora yo no iba a ser yo. Lo malo era lo que les rondaba la cabeza… ¡coño! Que querían hacerme pasar por…. No, dejemoslo, las vinagretas que no tomé vuelven a revolverse en mi estomago.

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