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El origen de la escritura

Desde que llegué a Ubi Sunt? he conocido a muchas personas y algunos personajillos. Entre ellos una autollamada la “Bruja de la UNED”. Una mujer singular, divertida a veces, insoportable otras. Las más, inesperadas. Recuerdo ir con ella en el coche, camino del yacimiento fenicio de Doña Blanca (El Puerto de Santa María), circulábamos felices por el Puente Carranza, cuando un grito no ahogado estuvo a punto de hacerme saltarme las defensas camino de la Bahía:

-¡Para!¡Para! Eso es Tiro, ¡Míralo! es Tiro... claro, claro.

Y mientras me golpeaba para que allí, en mitad del carril del puente, me parase. Cosa que no hice, claro. Aunque ella insistía mientras yo conducía y pensaba ¿Tiro?¿Tiro? Dos te pegaba yo a ti. Al final paré, en otro lado, sobre un puentecillo apartado que permitía una bonita imagen de la isla del Trocadero.

Pero nuestra lucha con la “Bruja de la UNED” no terminó ahí. Llegados a DoñaBlanca quiso subir a un cerro, para ver el “Mar Interior” que hoy es campiña jerezana. Allí subimos, y tan loco andaba yo ya que, al aparcar, no puse el freno de manos bien... todos saltamos al interior del coche y logramos evitar lo peor que podía pasar: que el coche bajará el cerro solo... y por el barranco. Pero lo salvamos.

Lo que no pudimos salvar fue su paso por la Facultad y el Museo Provincial –que llegué a odiar, lo prometo, después de visitarlo con ella- En la Facultad fue pasando por despacho y despacho. Pero he de reconocerles que haber visto los rostros de nuestros queridos profesores y catedráticos no tiene precio. Mientras ella iba poco a poco desgranando sus argumentos para defender que la escritura no había nacido en Oriente, no. Para ella había nacido en Huelva. ¡En Huelva! Y habían sido los gaditanos los que, cuando llegaron aquí los fenicios, les convencieron de usar esas extrañas marcas para entenderse. Y los fenicios, que eran listos como los gaditanos, dijeron:

“Po güeno”

Pero los andaluces siempre fueron muy humildes, así que pensaron que mejor, que se creyeran –los fenicios- que habían creado el lenguaje escrito y así no vendrían pesados y sesudos arqueólogos a rebuscar entre sus huesos 3000 años después.

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