El fuerte

Recuerdo aquel lugar con especial cariño. Estaba cerca de la playa y lo habíamos tomado como nuestro cuartel general. Yo era un niño, un crío que aun disfrutaba pegándole patadas a una piña. Y aquel lugar parecía mágico. Hoy sé que es una cárcava, un lugar de esos por los que corre el agua hasta el mar. Para nosotros era un fuerte de tres plantas y cubierto. Gracias a las tupidas copas de los arboles el agua no entraba cuando llovía flojito. Mi prima y sus amigas tomaron posición de las zonas altas, Pepe Blas, Damián y yo de las bajas. Allí abajo localizamos a un grupo de gatillos. Jugábamos con ellos a diario. Siempre me gustaron esos bichos, tan limpios, solitarios e independientes. En parte siempre me he sentido gato.

Y en aquel lugar me sentía como uno más de la camada. Tanto que la simbiosis con los animales me hizo sentir picazón en el cuerpo. Recuerdo llegar a casa, temprano como niño que era, y comenzar a rascarme. Mis primos continuaron mi ritual. Nuestros padres nos miraron, angustiados. Preguntando dónde habíamos estado. Pero nuestro fuerte era secreto y ninguno revelaríamos su posición. Habíamos estado jugando punto. ¡Que manera de rascarnos! Nos metieron bajo las duchas, pensando que algún animal se había pegado a nuestro pelo. ¡Como picaba! Filvit contra los piojos. De reojo miré a mi primo. Solidario callaba y aguantaba. Y, de pronto, algo saltó de mi cuerpo al de mi madre.... ¡Pulgas!

Nos prohibieron volver a nuestro fuerte cubierto de tres plantas y jugar con la camada de gatos. Nada pudo con nosotros. Excepto las pulgas. Al final abandonamos el lugar a su suerte. Hoy, sobre nuestro fuerte cubierto por la copa de los arboles se levanta un chalet. Pero aquello que nosotros no sabíamos que era una cárcava raja sus paredes cada invierno. Y yo no puedo dejar de sonreír al verlo. Aquel lugar mágico sigue defendiéndose del hombre.

Comentarios

sempiterna ha dicho que…
Jeje, así que sonriendo ante las grietas, no? Parece que hay fenómenos y elementos de la naturaleza que no hay que profanar con construcciones. Hay que tener cuidado con los dobles filos de las protecciones urbanísticas...

Pero más allá de este tema feo, me parece precioso el juego en la cárcava. Yo tenía paisajes más urbanos de fondo, pero fomentaban la imaginación de igual modo. Lo pasaba genial.

Bonito episodio, salvo por las pulgas... o no, que eso a uno le dan más solera, no, Cathan? (empiezo a rascarme empáticamente)
Cathan Dursselev ha dicho que…
Sé que no debería reirme de males ajenos, más cuando la casas debió costar una millonada... pero ¿por qué hacerla ahí justo?. Una cárcava es una cáracava aquí y en Pernambuco ¿no?

Además, ese sitio era mágico. Tendrías que haberlo visto...

Entradas populares de este blog

Nihil cognitum quin praevolitum

Corona o Reino de Aragón

Héroes gaditanos: Diego Fernández de Herrera