El abrazo del demonio

Actaon observó al demonio. Había algo inquietante que, pese a todo, le tranquilizaba presentir, pues mientras mas supiese sobre qué, o cómo era su adversario, mas ventajas tendría....

Justificar a ambos lados
-Soy, quien del destino hace la ley, y quien de lo que sucederá, produce el suceder.....Soy a quien buscas....soy hoy, a quien tu encuentras...... No necesitaras otra noche, pues bajo la luna que hoy nos impera, purificaras tu sangre gracias a su matizada luz...... No busques un escape, pues donde quiera que vayas, estaré justo a ti......

El Garou se agachó, apoyando una de sus rodillas en el suelo de la Plaza, para lanzarse contra el demonio. Su cuerpo comenzó a ensancharse aún más, en sus brazos creció el pelo, y sus dedos desaparecieron para dejar paso a unas gigantescas patas, con gruesas y marfiladas garras....Su cuello había desaparecido, para ser una parte mas delgada de su ahora ensanchado lomo, y en el lugar de su rostro, una enorme cabeza de incandescentes ojos color sangre, y una fauces estridente, reinada por innumerables, blancos y filosos colmillos......

Lo que anteriormente había sido un "Humano", era ahora un sanguinario Garou.

El demonio lanzó un grito de alegría ante el ataque de Acteon. Sin duda aquello era lo que esperaba y quería. No deseaba hablar, ni deseaba sentir dentro de él la presencia del vampiro. Quería luchar, quería sangre. Pero debía obediencia a aquel que era más poderoso que él. A aquel que hablaba con la Muerte. A aquel que le había traído de otro plano llamándolo por su verdadero nombre.

Cuando las garras del licántropo se cerraron sobre el cuerpo putrefacto del ser, este lanzó un alarido de satisfacción, mientras sus poderosas mandíbulas se dirigían al cuerpo del lobo, y sus brazos y alas se cerraban sobre él en un abrazo de muerte. Una danza de sangre en lo alto del cielo de la ciudad.

La presión era tal, que Actaeon no podía concentrarse en defenderse de la gran mandíbula demoníaca y a la par de ofrecer resistencia con su lomo, para tratar de romper el abrazo mortal...Esquivó una tras otra las embestidas de los filosos y podridos dientes del ser, pero su propio tamaño era demasiado como para moverse libremente.

Los dientes se cerraron en el lateral del cuello del gran Lupino. Un gruñido de furia brotó de las fauces de Actaeon, al que acompañó con el cerrar estridente de sus garras en los hombros del Demonio.... Sus garras lograron penetrar aun mas los brazos del demonio, viéndose obligado a suavizar la presión monstruosa que hacia con sus alas, dejando caer al Garou hasta el empedrado suelo.

-Cual es tu nombre, criatura de la oscuridad, pues a ella perteneces, y en ella esta tu túmulo, es mi deber el hacerte a su ceno regresar...

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