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Las tardes con...

El otro día cometí un tremendo error. Y aún hoy me estoy arrepintiendo. Normalemente no paso las tardes en casa, trabajo tres de ellas y los lunes acudo a darles clases de historia a unas encantadoras y divertidisimas señoras. Y los viernes y sabados me los dedico a mí, así como los domigos son del Cádiz.

La cuestión es que el pasado lunes no tenía que dar clase alguna, pues mis alumnas también habían cogido vacaciones de Semana Santa, así que decidí echarme en el sofá y poner la televisión. Después de ver “Como conocía a vuestra madre” y un rato de “Se lo que hicisteis”, me quedé dormido y, al despertar y sin saber cómo, estaba puesto Tele5, creo. O tal vez A3. No sé. La cosa es que se trataba de un programa donde unas chicas monisimas de la muerte iban a buscar novio. Todos cachisimos y monisimos. Oigan, que hasta a mí me entró ganas de tener una cita con ellos…. Hasta que abrieron las bocas, todas. Y todos. Entonces entendí porque esas niñas tan monas y esos niños tan cachas iban allí a buscar el amor de sus vidas: por dinero. Seguro que eran /son actores (¿porno?) y están sacando un dinerito o están intentando saltar a la fama.

Espero, al menos, que se trate de eso. Pues si la verdad se acerca a la supuesta realidad no entiendo que hacen allí ninguno de ellos. Que yo, con mis 100 kilos de peso, cayerá en las garras de la televisión para buscar al amor de mi vida, podría ser comprensible –sobre todo si mi dieta se hubiera visto reducida al zumo de cebada durante los cuatro o cinco meses previos- pero ¿ellos? ¡Si triunfarían en cualquier discoteca!. ¿o no?

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