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III Crepusculo


Llegamos a la casa cabizbajos.

-Tanto trabajo para nada ¡joder!
-Bueno, al menos lo pasamos bien, Cecia.
-Tú siempre tan feliz, Daira.

Yo me mantuve callado. Con estas tres era mejor no hablar porque al final uno acaba trabajando en un hotel para intentar asesinar a Reverte. Y voto a dios, que diría Alatriste, que casi lo conseguimos. Pero, pardiez y repardiez, ¿quién nos iba a decir a nosotros que el ínclito se salvaría? Claro que fue por suerte. Los medicamentos usados por Daira fueron más fuertes de los previstos y el Real Maestro de Esgrima se salvó por el caldillo. Cagoendie. Voló toda la habitación por los gases incorporados y expulsados por el corsario de las letras. Pero el maldito Arturo se salvó en la bañera. Bajo las aguas, como un submarinista de pacotilla jugando con su pato de goma.

Pero se salvó y aquí estamos nosotros, o casi que nosotras, reunidas, o reunidos, para hablar de un nuevo libro. Al menos me quedaba la esperanza que nada de lo que leyéramos en Crepúsculo podría servir para matar al ínclito.

-Bueno, venga, dejémoslo ya. Fue divertido y yo tengo trabajo. Pero aquí venimos a hablar de libros.
-Va, quillo, de este libro no se puede decir nada.
-¿No? ¿Ninguna se ha fijado que habla del amor puro y eterno sobre el amor real y normal que todos conocemos?
-Pues....

Dos horas después Cecia estuvo a punto de pegar a Nidia porque ella no creía en el amor eterno. Mientras que el resto de nosotros creíamos que sí. Que existía ese amor aunque no siempre era correspondido. Dos horas después el Marqués de Cáceres había soltado nuestras lenguas, alguna envenenada, y ya estábamos otra vez, hablando del Duque de Corso.

-Tenemos que acabar con él.
-Mira, Nidia, tu sabes que yo, contigo, al fin del mundo. Que te juro amor eterno aquí y ahora y siempre que haga falta pero...
-¿Pero como coño lo matamos? si tiene más vidas que un gato –era Cecia quién hablaba.

Nidia puso el libro sobre la mesa. Sonriendo maléficamente.

-Yo no voy a clavarle una estaca en el corazón.... –Dijo Daira.
-Ya veremos.....

Lo cierto es que, Nidia, comienza a darme miedo.

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