I Casualidades

A veces la vida te cambia por una casualidad. Una casualidad sin importancia. Y sin sentido. Como toda casualidad. Mi casualidad ocurrió en los carnavales de Cádiz. Justo en la puerta del Manteca. Estaba allí con un grupo de amigos. No muchos. Cuando alguien lanzó al viento un nombre. EL nombre: Arturo Pérez Reverte. Y él, el Duque de Corso y Real Maestro de Esgrima del muy noble y literario Reino de Redonda, cambió mi vida. No sé si a mejor. Pero la cambió. Allí, rodeado de gaditanos que celebraban el martes de carnaval, y entre papelón y papelón de chicharrones, nuestras voces comenzaron a elevarse. Discusiones peregrinas, tal vez fuera de lugar, sobre la prosa y la pluma de Reverte que nos llevaron a concluir que nada de lo que había salido de su mano era digno de ser considerado literatura.

-Tengo que reconocer que me gusta Alatriste- dije sin sorna.
-Bueno, vale, eso puede. Es entretenido- dijo Pato
-A mi me gusta Territorio Comanche- Belén, la gaditana novia de Pato- tiene mucha fuerza.
-Es verdad. Y sus artículos no son malos- Nidia, la hermana de Belén, metía baza en el asunto.
-Muy cierto, los artículos de ese cabrón son buenos- yo asentí con la cabeza a las palabras de Pato, no se podía negar la verdad- pero sí ,Territorio Comanche tiene mucha fuerza. Tal vez sea porque vivió en primera mano lo que cuenta. Aunque me gusta más Un día de Colera.
-Lo siento, pero disiento- dije muy serio mientras cogía algo de queso- pero la mejor obra con diferencia del inclito es La sombra del águila y esa maginfica descripción que realiza del petit cabrón.
-¿De que hablaís? –no era el inclito, sino un amigo común que venía saludar
-Del mamón de Reverte
-Esto… me voy.

Y se fue. Pero nosotros nos quedamos, hablando entre risas de lo mal escritor que era el reputado Reverte y de lo divertido que sería crear un club de lectura en su nombre. Y esa simple casualidad del pasado me cambió el presente. Pues ahora comparto dicho club con algunas jovenes locales. Belén nos acompaña desde la lejanía, ya sin Pato a su lado. Nidia nos permite adentrarnos en su casa para compartir risas y vinos al son de los ladridos de Luna, su perra, y las risas de su padre que, a veces, también se queda con nosotros. Y, por esas casualidades otras dos personas se han unido a nuestro club: Cecia, una morena de alegre lengua y mordaz palabra, de sentimientos contrapuestos. Y Daira, venida de lejanas y exóticas islas, enamorada de Cádiz y sus gentes. Alegre, vivaracha y aún estudiando para no irse de aquí

Cuatro personas tan distitnas como iguales… por qué, casualidades de la vida, supongo, los cuatro deseabamos quemar a Reverte. Y hemos decidido intentarlo.

Comentarios

Trisceno ha dicho que…
Es que en España el deporte oficial, más incluso que el teletumbing o el levantamiento de vidrio sobre barra de bar, es hablar mal de los demás; a sus espaldas, como mandan los cánones. Vamos, que no estábais haciendo nada que no haga la María o el Mengánez de turno.

Eso sí, darle a la sin hueso pero siempre argumentando.
Cathan Dursselev ha dicho que…
Querido Trisceno, efectivamente el rajarnos los unos a los otros a la primera de cambio es nuestro deporte nacional. Casí el único que supera invisibles fronteras interiores.

Pero, me temo, no ha logrado ver en la crítica la verdad de la misma...
Ico ha dicho que…
Pues a mi a parte de grosero y machista me parece un muy rammplón escritor.. vende mucho sí pero como Vazquez Figueroa y es igual de malo..

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