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Mostrando entradas de abril, 2009

Una de flores

Realmente es para tenerle miedo. Nidia cada día se hacía más cruel. Más retorcida. Y aquel día en su casa lo demostró.

-Es imposible. No se me ocurre nada de este libro que nos sirva para acabar con el ínclito. Más allá de vampirizarlo o clavarle una estaca.
-Tate, yo no le clavo nada- Me dio la risa, que se le va hacer.
-Si que lo hay –dijo Nidia leyendo un breve capítulo. El encuentro entre Edward y Bella en un prado lleno de flores.
-Vale –dijo Cecia- Nos lo ligamos, buscamos un prado y le dejamos morir al sol y le llenamos el cuerpo de cristales para que brille.
-Yo no me lo ligo. Lo siento pero no ¡QUE NO! que por ahí no paso. Ni pasaré. Me niego. reniego... mira... que no... que es moreno
-Déjalo, Daira, al final, lo harás- le dije con resignación
-No iba por ahí.
-¿NO? – preguntamos al unísono Cecia, Daira y yo.
-No, pensaba en flores.
-¿Ein?

Y la maquinaría infernal se puso en marcha. D. Arturo había sobrevivido a guerras inhumanas, pero estaba claro que nada podría hacer contra la mald…

De fantasmas y leyendas

Hay una casa en la Plaza Mina, en la esquina con Antonio López, que lleva años cerradas. Tantos como lleva muerta su dueña. La casa de Pinillos fue donada en testamento al Museo Arqueológico y desde ese momento comenzó un camino en busca de un nuevo destino. Pero hay quienes dicen que la casa no está vacía. Quienes afirman que, casi cada noche, en la última planta, un rostro se asoma a la ventana. Tal vez buscando el regreso de la señora de la casa. Tal vez buscando a una hija ya muerta. Tal vez....

Y es que una ciudad como Cádiz, trimilenaria y cargada de Historia, se llena de leyendas. Y entre ellas las urbanas que nos hablan de fantasmas. El hombre que se asoma a la ventana de la Casa Pinillos. El fantasma de los baños del Mora, el antiguo hospital hoy Facultad. Dicen que tal vez sea un niño muerto mucho tiempo atrás, que juega a encender los secadores de mano cuando nadie los usa y que cierra la puerta de los baños de los incautos meadores. Dicen que también jugaba en el despacho d…

¿Tornado?

Si es que no puede ser. Al final van a tener razón los agoreros y va a estar cambiando el tiempo. Ya les he dicho que paso una gran parte de mi vida en un lugar paradisiaco. Pero, ¡pardiez! que tanto se está pareciendo a esos paraísos caribeños que ahora hasta se tienen que evacuar hoteles, encerrando a sus clientes en los sótanos. Me imagino la escena.

-Fuae, quillo, que de viento
-Tequipuí, es una brisilla de na’
-Fuuu... 'ira, 'ira,.... ¡como se mueve la ventana!

Y justo cuando la ventana sale volando sobre la piscina, lanzando cristales sobre las mesas del desayuno, alguien grita:

-¡To' quisqui al sótano...!

Aunque lo cierto es que, en solo cinco minutos, desalojaron todo el hotel. Porque, las cosas como son, cuando hay que huir aquí somos competentes y hasta el desayuno se montó en el parquin subterraneo ¡se iban a saltar la comida más importante del día!.

Desgraciadamente el paso de lo que quiera que haya sido –tornado o “un jartón de viento fuerte”- ha dejado daños cola…

La llamada latina

El pasado viernes recibí otra llamada intempestiva. De esas que cuando te suenan en el móvil tiemblas. Por la hora. Porque en ese momento, mientras ves y no ves quién te está llamando solo piensas que algo malo puede haber ocurrido, pues tus amigos están contigo bebiendo sangría congelada y sazonada con tequila en el mismo mejicano de siempre. Pero, al mirar por fin el teléfono, la duda se disipa. La pantalla muestra una sola palabra “VISIR”. Todo claro, mi amigo andará borracho, como aquella vez en Zaragoza, y quiere decirme que se ha perdido. Entre risas le cojo el teléfono:

-Dime, Visir, ¿que pasa?
-Quillo, ¿te puedo hacer una pregunta?
-Pregunta
-¿Cómo se dice vid en latín? Eso de la uva, vamos.
-¿Estás borracho?
-No, estoy en Sierra Nevada
-Ah... vale. Pues creo que se dice igual, ¿no? No sé quillo, la última vez que estudié latín fue contigo en el colegio.
-Entonces ¿vid? ¿estás seguro?
-No sé, espera, preguntó.

Y pregunté. Las 12 personas que estábamos -10 de nosotros historiadores o hum…

NODO: Los Peláez en el Tiro Pichón

Hoy no estoy. En un acto de valentía sin igual me he ido con los Peláez a celebrar el cumpleaños de la Primera Dama y el Vicepresidente. Y digo un acto de valentía porque las rupestres excursiones de los Peláez suelen acabar con alguna anécdota extraña digna de ser contada en los mentideros de lo paranormal. Solo espero que el lugar elegido no se encuentre infectado de mosquitos. Habiendo donde elegir en la hermosa costa gaditana, hemos decidido acudir al “Tiro Pichón”, zona de marismas donde el Generalísimo disfrutó de gloriosas tardes de caza.


Los Peláez no son más que la rama familiar de Ubi Sunt?, y digo familiar porque 12 años después de nuestra creación ya somos más una familia extensa que un pequeño grupo de amigos. Y esa rama familiar continua teniendo su parte de frikismo histórico, lo que nos lleva a convocatorias dignas de ser plagiadas:

“La familia Peláez, tiene el honor de invitarle a la gira: Un día en el Tiro Pichón, paraíso de caza del caudillo, para conmemorar dichos f…

La bruja-niña

En el Templo de Om el ataque continuaba y Olayer podía ver como algunos de sus hombres caían ante los virotes de sus enemigos, que comenzaban a ralentizar sus disparos. Escondidos entre las sombras, el ruido del metal al chocar con las paredes mostraba que los enemigos comenzaban a preparase para un ataque directo. Y, en efecto, una decena de hombres armados se mostraron prestos a lanzarse sobre el templo, pero se detuvieron mientras una pequeña figura envuelta en blancas túnicas avanzaba insinuante entre ellos, custodiada por cuatro poderos guerreros. Una explosión se escuchó en el interior del templo, que hizo vibrar todas las ventanas del edificio que, pese a todo, no sufrió daños, pese a que las llamas comenzaron a invadir el cielo convocadas por la bruja.

Olayer y Quarion continuaron con la defensa del templo, pese al ataque de la joven bruja, que parecía ignorar lo que ocurría a su alrededor. Sus ataques tampoco se dirigían hacia el templo, más bien sobre él, como si desease que …

Milagro

Como lluvia de mayo dice el refrán. Milagro para los campos que reverdecen con las lluvias primaverales. Y como si de verdes prados se tratase la calle también recibió el milagro de sus aguas. ¡Vaya que si ejerció milagro! Y de los gordos. De esos de levantar a un cojo de su silla. Y yo lo vi, con estos ojitos míos. Caminaba por el paseo marítimo. Feliz de que hubiera poca gente que molestase. Él pasó a mi lado, rueda a rueda. Y, de pronto, la nube comenzó a descargar. No escuché a nadie gritar ¡levántate y anda!. Pero aquel minusválido se levantó de su silla, la empujó y corrió bajo techo mientras yo me calaba y reía bajo la lluvia.

Y es que la lluvía, en Cádiz, hace milagros.

Feliz día de Sant Jordi

III Crepusculo

Llegamos a la casa cabizbajos.

-Tanto trabajo para nada ¡joder!
-Bueno, al menos lo pasamos bien, Cecia.
-Tú siempre tan feliz, Daira.

Yo me mantuve callado. Con estas tres era mejor no hablar porque al final uno acaba trabajando en un hotel para intentar asesinar a Reverte. Y voto a dios, que diría Alatriste, que casi lo conseguimos. Pero, pardiez y repardiez, ¿quién nos iba a decir a nosotros que el ínclito se salvaría? Claro que fue por suerte. Los medicamentos usados por Daira fueron más fuertes de los previstos y el Real Maestro de Esgrima se salvó por el caldillo. Cagoendie. Voló toda la habitación por los gases incorporados y expulsados por el corsario de las letras. Pero el maldito Arturo se salvó en la bañera. Bajo las aguas, como un submarinista de pacotilla jugando con su pato de goma.

Pero se salvó y aquí estamos nosotros, o casi que nosotras, reunidas, o reunidos, para hablar de un nuevo libro. Al menos me quedaba la esperanza que nada de lo que leyéramos en Crepúsculo podrí…

La cabaña

Recuerdo aquella cabaña con cariño. Pasábamos mucho tiempo en aquel descampado junto a la casa de mis abuelos. En aquel descampado conocí a Cocom y su hermana y, sobre todo, pase horas construyendo nuestro cuartel general. Nos ayudaron mis hermanos, ventajas de ser el hermano pequeño, supongo. Nosotros queríamos hacer una cosa normal. Aprovechar el montículo y cubrir los laterales con ramas de pino. Ellos prefirieron hacer otra cosa. El resultado fue una cabaña cubierta. Vaciaron el montículo antes de cubrirlo con maderas, plástico y arena. Desde la calle no se veía y nuestro cuartel general se convertía en secreto. Solo nosotros, con 12 o 13 años, conocíamos su existencia y, hiciese frío o calor, allí estábamos. En algunas zonas podíamos estar sentados pero la mayoría nos veíamos obligados a tumbarnos.


Y aquel día fui yo quién me tumbé al fondo. Fui el primero en entrar en nuestro cuartel general secreto. Y grité. Muerto de miedo. Pero también de dolor. Salí gateando tan rápido como …

Leyendas de la Catedral

Cuenta la leyenda que dos demonios trabajaron en la construcción de la Catedral Nueva de Cádiz. Que juraron que la Iglesia nunca se construiría. Y cuenta esa misma leyenda que acabaron convertidos en piedra, tal vez por castigo divino contra aquellos que impedían la construcción de su morada. Dicen que los demonios aceptaron su castigo y que lograron que el propio Dios le diera permiso para residir en su Iglesia. Convertidos en piedra, a cada lado de la puerta principal, velando por la no finalización de la obra. Cuenta la leyenda que cada vez que alguien intentaba retirar sus desfigurados rostros de la Casa de Dios, algo se caía. Y que, cuando los demonios volvían a su lugar la obra continuaba.
Cuenta la leyenda que dos demonios trabajaron en la construcción de la Catedral Nueva de Cádiz, que juraron que la Iglesia nunca se terminaría y, aún hoy, continua inacabada.

Verde opaco

No sabría decir cuantos años tiene. Puede que sea más joven de lo que a mi me parece o puede ser mayor. Me he cruzado con ella muchas veces, la mayoría mientras espera tranquila la llegada del autobús. Es una mujer mayor pero aún conserva restos de belleza pese a que el tiempo no le ha perdonado. Sus labios están cuarteados, como cortados por la sequedad de la vida. Su boca, hundida, se mueve al ritmo de su lengua. Muchas veces cubre su cano cabello con un pañuelo. Siempre negro, como su ropa, como su triste alma. Sus ojos están apagados. Un dulce verde que se ha vuelto opaco con los años. Debió ser hermosa y esos ojos rompieron mil corazones antes de que el tiempo terminase su reinado. Pero son ojos vivos, inteligentes a la vez que tristes. Siempre en movimiento. Mirándolo todo. Observándolo todo con la autoridad que dan los años.
No sé cuantos años tiene, pero su rostro, sus ojos, me dicen que no importa. Ya ha vivido mucho. La vida se ha vuelto en su contra pero ella no le vuelve l…

De poetas y poesías

Ayer fui a un encuentro poético. El organizado por la dueña del ático de los gatos en el Parque de los Toruños, en El Puerto de Santa María y si fui fue por escucharle a ella y Edu Flores, mi loco compañero en el exilio de Macondo y gran poeta (y ahí al lado tienen su blog para comprobar que no miento). Pero iba también con ganas de escuchar a otros de los que había oído hablar mucho y bien. Y me decepcionaron. Tal vez el problema sea mío, no lo sé. Pero de todos los que allí estaban únicamente mis dos amigos me parecieron reseñables. Otros pueden ser más “mediáticos”. O más reivindicativos. Pero sólo ellos dos trasmitían en sus letras. De las de Charo se han dicho muchas cosas. De las de Eduardo se dirán muchas en poco tiempo. Las de Eduardo son letras con fuerza. Habrá quién diga que no investiga, que no se arriesga, que no innova en ese mundo extraño para mí que es la poesía. Pero es que no le hace falta. Poemas como Lloras, como El repliegue, como otros muchos que pueden leer en…

Las defensas de Askanter

El ataque continuaba y Olayer podí­a ver como algunos de sus hombres caí­an ante los virotes de sus enemigos, que comenzaban a ralentizar sus disparos. Escondidos entre las sombras, el ruido del metal al chocar con las paredes mostraba que los enemigos comenzaban a preparase para un ataque directo. Y, en efecto, una decena de hombres armados se mostraron prestos a lanzarse sobre el templo, pero se detuvieron mientras una pequeña figura envuelta en blancas túnicas avanzaba insinuante entre ellos, custodiada por cuatro poderos guerreros. Una explosión se escuchó en el interior del templo, que hizo vibrar todas las ventanas del edificio que, pese a todo, no sufrió daños, pese a que las llamas comenzaron a invadir el cielo convocadas por la bruja.
Quarion recorrió sobre su corcel las barricadas que comenzaban a formarse en toda la ciudad, las defensas comenzaban a estar en condiciones, pero estas sólo serían de ayuda cuando los enemigos estuviesen dentro de la ciudad. El paladín llamó a un…

Por la dama

El sudor nubló la vista de Sir Ganfion. Los sonidos de la guerra se agolpaban a su alrededor. Los caballos coceaban el suelo mientras un sol abrasador comenzaba a caer sobre su armadura. Miró a sus hombres. Estaban ansiosos por luchar. Aguantaban a sus monturas sabiendo que la sangre pronto bañaría sus lanzas. Miró al horizonte. Las tropas imperiales tomaban posiciones. El ruido de las ruedas de los cañones podía oirse desde allí. Observó a sus huestes. Los hombres a píe mantenían la compostura. No eran soldados aunque hubierán acompañado a su señor al campo de batalla. Los caballeros de Sir Joseph parecían más nerviosos. ¡Jóvenes impetuosos!

Sir Ganfion bajó la cabeza, el sudor rodó por yelmo mientras lanzaba su plegaría al viento. No los veía, pero sabía que sus hombres también bajaban sus rostros al suelo. Y que los campesinos, piadosos, hicarían rodilla solicitando la protección de su Señora.

Mi Señora, vos que sois madre de estos tus hijos. Vos que bañasteis con lagrimas nuestra ti…

El río

El otro día volví a caminar por viejos senderos de tierra. Caminos que se adentraban en los pinares bañados por el seco río. Caminos recorridos mil veces de crío. Poco a poco los recuerdos iban viniendo.
Priemro el campo de las fresas, o de las vacas según las temporadas. Un pequeño prado que a nosotros se nos hacía enorme. Allí íbamos de “mayores” a hacer paelladas a la sombra de los pinos que rodeaban el prado. José Ramón cocinaba y conducía su viejo Ford Fiesta blanco, el primer coche del grupo. Bea hacía el payaso, como casi siempre. Otros reíamos y nos sacábamos fotos para recordar eternamente aquel lugar. Aquel momento. Aquella vida que ya, sabíamos, quedaba atrás.
Seguí por el camino. Los laguitos, por donde pasábamos con nuestras bicis camino del Faro. Buscando un río que ya comenzaba a tener agua. Y el río, con agua. ya, serpentenado hacia el puerto de Conil, que antes fue cala de arena. Y en el río el viejo árbol que aún baña su copa en las frías y saladas aguas del río Roch…

En pocas palabras

Es mejor ser un loco cuerdo que un cuerdo que rechace la locura. Porque, al final, acabará loco, pero ya no será cuerdo.

Brillan

Ocurrió en el dos

Estaban los dos sentados tranquilamente. El uno junto a la otra. Ella más niña que él. Se miraban. Con las tiernas miradas de los que descubren por primera vez el amor. Dos señoras sentadas frente a ellos le sonreían. Como señalando la hermosura del amor quinceañero en primavera. Ella le pasó la pierna a él sobre las suyas. Él comenzó a acariciarsela tras levantarle el pantalón. Ella le besó y el respondió sonoramente. Nadie dijo nada. Y, entonces, llegó ella. Renqueante desde la puerta delantera. Pasó junto a muchos sin decir nada pero, al llegar junto a los enamorados, se detuvo y la miró con desaprobación. Se hizo el silencio. Y, entonces, ella dijo un simple:

-Shosho, te podías haber quita'o los pelos de las patas.

Sasurai

Desde la muralla los hombres comenzaron a lanzar agua hirviendo, logrando detener parte del avance. Pese a todo algunos hombres habían accedido a las murallas. Junto a ellos, algunas figuras destacaban sobre las demás. Parecían humanos, pero el mal puro emanando de ellos. Sus fuertes brazos alzaban poderosas cimitarras con las que cortaban a sus enemigos mientras avanzaban en dos frentes: tres hacía el drow, tres hacia el músico. La armadura completa que vestían resonaba al chocar contra los merlones. En el campo de batalla, sin embargo, las tropas comenzaron a retroceder.
Sasurai observó, no sin cierto desagrado, lo que ocurría en las murallas. La lucha estaba marchando bastante bien, se las arreglaban para detener a la mayoría de invasores, y con sus golpes y piruetas inspiraban a los hombres. Muchos estarían sorprendidos de ver en combate la figura del vagabundo, más aún luchando de aquel modo. Pero ahora algo se había torcido. Aquellos tipos enfundados en pesadas armaduras parecí…

Semana Santa en Cádiz

El francés Labat describió la semana santa gaditana del siglo XVIII en su libro de viajes. Hoy le dejo a él tomar la palabra en este blog:"Pero estas devociones no son nada en comparación con las de Cuaresma y Semana Santa. Nuestros Padres querían persuadirme que me quedase en Cádiz para ver estas magnificencias. Nada, según ellos, era más bello que las procesiones de penitentes que acompañan los misterios de la Pasión, representados de una manera tan natural que no hay quien no deje de derramar lágrimas a su vista. Mis asuntos me llamaban a otra parte, fuera parte de que no me gusta llorar y quizás no estando conmovido ni edificado con estos espectáculos hubiera escandalizado a los que hubieran observado que no compartía sus mismos sentimientos..." ( SIC )
"En efecto ¿ qué sentimiento de compunción puede nacer en un hombre discreto una serie de penitentes cargados de cintas y de encajes que se azotan acompasadamente y que redoblan sus golpes bajo las ventanas de sus que…

I Casualidades

A veces la vida te cambia por una casualidad. Una casualidad sin importancia. Y sin sentido. Como toda casualidad. Mi casualidad ocurrió en los carnavales de Cádiz. Justo en la puerta del Manteca. Estaba allí con un grupo de amigos. No muchos. Cuando alguien lanzó al viento un nombre. EL nombre: Arturo Pérez Reverte. Y él, el Duque de Corso y Real Maestro de Esgrima del muy noble y literario Reino de Redonda, cambió mi vida. No sé si a mejor. Pero la cambió. Allí, rodeado de gaditanos que celebraban el martes de carnaval, y entre papelón y papelón de chicharrones, nuestras voces comenzaron a elevarse. Discusiones peregrinas, tal vez fuera de lugar, sobre la prosa y la pluma de Reverte que nos llevaron a concluir que nada de lo que había salido de su mano era digno de ser considerado literatura.

-Tengo que reconocer que me gusta Alatriste- dije sin sorna.
-Bueno, vale, eso puede. Es entretenido- dijo Pato
-A mi me gusta Territorio Comanche- Belén, la gaditana novia de Pato- tiene mucha fu…