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Vacas, moscas y otros bichos

Recuerdo los primeros años del colegio con alegría. En aquel entonces yo no sabía que estudiaba en el Opus ni sabía que era eso. Sólo sabía que mientras mis amigos de la urbanización estudiaban cerca de sus casas, yo tenía que montarme en un autobús para irme lejos a estudiar. Pero que mientras ellos estudiaban rodeados de casas y hormigón, yo lo hacía entre campos y vacas... Y putas, aunque eso lo supe después.

Pero lo cierto es que aquellos años fueron felices. Niños correteando por un patio inmenso. Auquen jamás íbamos detrás del gimnasio, aquella zona era la de los mayores. Nosotros nos quedábamos delante, cerca de la mirada atenta de nuestros profesores,que nos protegían de los bárbaros de BUP. Pero diferente era lo que nosotros hiciéramos. Por aquel entonces nos había dado por jugar a una suerte de pilla-pilla donde el que se la “quedaba” no tenía que coger a los demás: debía huir de las patadas del resto. Pero, lo más curioso, es que aquel que lograra tirar por primera vez al que se la quedaba,ocupaba su puesto. Vamos, que en vez de ganar, perdía. Y todos ganamos, o perdimos, muchas veces. Hasta yo, que en mi casa y con mis amigos era polvorón de huevo (que es más pastoso y patoso que el cascarón del ídem, que es endeble y partible). Y todos dejamos alguno de nuestros huesos sobre aquel césped que después se convirtió en pista de tenis.

Aunque quizá habría que decir que casi todos, ya que mi amigo Lacueva jamás jugó a esto. De hecho, me cuesta trabajo recordarlo jugando a algo en lo que hubiera que correr. Sí lo recuerdo, en cambio, cerca de la verja, hablando con el vaquero y diciendo cosas sobre esos encantadores animalillos.

Animalillos que, en no pocas ocasiones entraron en el patio, ya que el colegio carecía de verjas -¿donde nos ibamos a escapar?-, y aquellos bichos de enormes cuernos podían entrar y salir a su antojo del recinto estudiantil. Incluso recuerdo el día que D. Juan estaba hablándonos de la leche y los lácteos. Soltando alguna de aquellas preguntas tan simples y obvias suyas:

-¿Sabéis de dónde sale la leche?
-Claro,- dijo alguien que no recuerdo- de una como esa.

Y “esa” nos miraba desde la ventana, con sus grandes ojos oscuros y sus cuernos chocando contra la reja del aula. Poco después de aquel episodio pusieron verjas en el Colegio, pero no por las vacas, no se crean, ni por si las moscas. Solo las pusieron por las si las putas....

Comentarios

nora ha dicho que…
Pues yo estudié en el gemelo de al lado. Y ni una vaca, oye. De lo que sí te puedo asegurar que salíamos preparadísimas fue en la metamorfosis de la rana. En mi vida he vuelto a ver tanto renacuajo junto.

Sí recuerdo cuando aparecía algún espécimen de tu colegio rondando por la verja (nosotras la tuvimos desde el primer momento). La noticia corría de punta a punta del patio y en segundos una de las profesoras surgía de la nada en plan gallina clueca, no fuera que la inocencia de alguna de nosotras se viera manchada. Por supuesto, las que conseguían cruzar dos palabras con los niños se convertían al instante en heroínas (aunque lo más probable es que fueran sus hermanos/primos/vecinosdetodalavida).

Al cabo de los años mis padres tuvieron a bien cambiarme de colegio y pude comprobar que compartir aulas y pupitres con el sexo contrario era algo mucho más divertido y sobre todo, más natural, de lo que me habían hecho pensar.

Ha sido muy divertido averiguar al cabo de los años qué pasaba en el colegio de al lado. :)
Cathan Dursselev ha dicho que…
Hola Nora, bienvenida a este rincón.

Me alegra que alguna ex-alumna pase por aquí. Y nosotros también teniamos renacuajos, repartidos entre aquellos campos inundables que nos rodeaban. Tal vez, por eso, no necesitabamos verjas.

Ahora, eso sí, si una chica se acercaba los profesores aparecían de la nada...
María ha dicho que…
Ja!Ja!Ja! Qué gracia, ya no me acordaba de las visitas de los niños a nuestro cole..y es verdad..era raro el recreo que no aparecían dos ó tres por allí, y siempre me sorprendía que tuvieran tanta facilidad para salir sin ser vistos (¿¿pues cómo si no??) y ahora por fín tengo la explicación ¡ no teníais verja! Es una pasada...Gracias por la información, no sabes la intriga que tuve siempre...;)
Cathan Dursselev ha dicho que…
No teníamos donde ir. Bueno, se ve que algunos sí. Pero nosotros que eramos unos críos solo nos escapábamos un poquito para coger bichos entre aquellas plantas de pinchos (nunca supe como se llamaban) o para recoger los balones.

De todas formas, pasado el tiempo y con verjas ya. Las puertas se repartían por varios sitios. Pero los candados se abrían con imanes, así que no eran muy efectivos que digamos.

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