Quarion llama a la defensa

El patio del templo ya se encontraba colmado de gente. El lugar no era lo suficientemente grande como para albergar tantos refugiados, pero todavía existían varios lugares más donde los pobladores podrían protegerse. Los habitantes del templo se apresuraban a curar a los heridos y ayudar a los más débiles. Podía sentirse el temor flotando en el aire, pero era un temor expectante. No el pánico de la masa sino el miedo de cada individuo contenido por la calma del lugar.

Quarion y el resto de sus compañeros se encontraban en un pequeño cuarto, donde se guardaban las herramientas para construir el templo. Sobre una mesa en el centro podía verse un mapa de la ciudad.

-Compañeros, en este momento, nuestra mayor prioridad debe ser la seguridad de los frikigardienses. Se que varios de ustedes ha participado en asedios, pero permitanme recordares, estas batallas no se ganan con actos heroicos, se ganan con decisiones sabias y firmes.

El paladín levanto la mirada y observo a los presentes.

-Hay muchas cosas por hacer y poco tiempo, así que debemos actuar de la forma mejor coordinada posible. Debemos organizar a los refugiados, hay que racionar los víveres y distribuirlos adecuadamente, también hay que preparar a los milicianos para que asistan en la defensa. Es muy probable que las murallas caigan en poco tiempo, debemos preparar barricadas dentro de la ciudad, conocemos el terreno así que tendremos ventaja sobre los invasores.

Mientras Quarion habla señala distintos puntos en el mapa, ubicaciones estratégicas que deben ser defendidas.

-Por ultimo, lo mas importante, debemos asegurar una vía de abastecimiento para la ciudad, o no duraremos mucho. Recuerden, debemos actuar en conjunto y coordinar nuestras acciones, solo así lograremos salir victoriosos.

-Quarion, si me permites me gustaría encargarme de eso, calculo que podre encortar la ruta con bastante facilidad, el bosque circundante no me es desconocido- Evincar había escuchado con interés las palabras del sacerdote. - Es un trabajo que haré mejor solo. Preferiría que Sha'ab quedase a tu lado.

Otros héroes se habían ido acercando al calor de la seguridad de Om. Sarverius había recibido ordenes del actual portador del poder de Ankerbb. La voz de Cathan fue profunda y resonó en su cabeza. Se dirigió hací­a el templo de forma fugaz, corriendo por todas las calles de la ciudad y saltando por los tejados, para poder llegar cuanto antes hasta allí. El templo de Om, aún no se había finalizado pero ya transmitía un sentimiento de seguridad que al vampiro no le atraía para nada.

Sarverius sabía, que entrar allí dentro no era aconsejable. Llamó al paladín para informarle de que estaba dispuesto a unirse a la causa para defender la ciudad, junto a otros valientes.

-¡QUARION! – Grito una voz poderosa y oscura a los sin fines de aquel templo en busca del oyente correcto, a su vez estas palabras fueron resonando por el templo varias veces. Todo esto ocurrió una vez hubiera terminado de hablar Quarion a los suyos y Sarverius gracias a sus agudos sentidos había llegado a oír la conversación.

-Escucha vampiro, este es suelo consagrado, no te destruirá, pero sufrirás gran dolor, si realmente pretendes a ayudar, debes estar dispuesto a sacrificarte. Acercate y hablaremos sobre lo que puedes hacer por esta ciudad.- Respondió Quarion desde el templo. Toda espada sería bien recibida en aquel lugar.

Olayer aprovechó la aparición del vampiro para averiguar como ayudar.
-Noble guerrero del templo de Om, veo que usted es quien organiza la defensa y quería saber ¿en que puedo serle útil?- Pregunto con prisa el elfo, puesto que el tiempo apremiaba, cada segundo perdido ponía en riesgo la vida de los frikigardenses Ubicados en los distintos refugios de la ciudad.- Tengo facilidad para construir barricadas como las que ve al rededor del templo, pero soy nuevo en la ciudad, si me facilitara un guía que me marque el resto de los refugios podría construir mas barricadas a sus alrededores-

El elfo se sentía tenso por la presencia del vampiro. Sabia que no había de que preocuparse por que por lo visto seguía las reglas de la ciudad y también buscaba ser de utilidad, pero aun no estaba acostumbrado a trabajar o asociarse a ese tipo de personas o razas ni tampoco aprendido a confiar plenamente de ellas.

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