Ir al contenido principal

Omnipresencia

Definitivo. Soy dios. Sí, ya se que algunos no lo creerán. Pero lo soy. Aunque este mundo de agnósticos y ateos quiera negar la existencia de seres supremos, es definitivo que existimos. Yo existo. Y, como les digo, soy dios. Comprobado. Porque sólo siendo un dios tendría el poder de la omnipresencia. Que es como decir que estaría en todos los sitios a la vez. Y la verdad, en todos los sitios no lo sé pero, al menos, en dos a la vez si que puedo estar. O eso parece. Porque yo juraría sin caer en el perjurio, que sólo estaba allí. Pero debo de mentirme porque también estaba en el más allá. No en el mundo de los muertos, no. Ni siquiera en Chiclana y su hermoso cementerio –lugar, por otro lado, más propio para un parque que para instalar moradas eternas-. Simplemente más allá. En otro sitio, vamos.

Y me digo yo: si he estado en dos sitios a la vez, aun solo recordando haber estado en uno, es que tengo el don de la omnipresencia. Pero, además, mis tres personas –a saber: dios, Cathan y Batman- tienen recuerdos dispares. Porque yo estuve allí. Seguro. Eso lo recuerdo y lo recuerdan. Pero no estuve en el otro allí. Al menos no lo recuerdo, aunque ellos sí. Así que sí. Soy dios. O esos curiosos señores han decidido que yo, que no fui, si fui. Aunque no recuerde haber ido. Al menos me queda el consuelo de que mi yo que fue no llevó consigo su cartera, que era la mía.


Por cierto, no les digo donde era allí ni más allá por si alguno me vio en un tercer lugar....

Comentarios

Jose Joaquin ha dicho que…
A lo mejor eres mi abuela, que también es omnipresente, pues no sólo está en todas partes, sino que también se mete en todo.

Aunque ahora que lo pienso, ella tiene más bigote que tú. Sí, bien pensado debes de ser Dios.
Cathan Dursselev ha dicho que…
Eso es querido amigo. Soy dios, y me alegra que alguien tan racionalista como tu lo vea. Pronto mis seguidores necesitarán dos manos para contarse

Entradas populares de este blog

Corona o Reino de Aragón

Ni Aragón, ni Cataluña, ni Valencia son entidades anteriores a la Edad Media. Hasta 1163, con Alfonso II, no se distinguirá entre reino y corona de Aragón. En la Corona tendrán cabida todos los reinos, condados y señoríos que guardan algún tipo de dependencia con el rey aragonés. Esta existencia de diversas entidades autónomas en muchos aspectos, solo es entendible desde la expansión territorial a costa de los reinos musulmanes del sur. En esa expansión los nobles irán recibiendo tierras y beneficios. Expansión que acabará chocando con la realizada por el condado catalán.

Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real.
Durante el siglo XIII la Corona de Aragón continúa con su política expansionista hacía el norte, pero tras el Tratado de Almizrad de 1244 y la derrota de Pedro el Católico en Muret, la ex…

Nihil cognitum quin praevolitum

Ando leyendo "Niebla" de Unamuno, y su frase Nihil cognitum quin praevolitum (Solo se conoce lo que se desea) me ha llamado la atención por la verdad que se esconde tras ella. Yo también, como don Miguel, creo que sólo el deseo nos hace crecer, conocer, amar, avanzar. Mientras que desear lo conocido nos convierte en conformistas estancados en nuestras vidas. Nos impide abrir nuestras mentes y mirar más allá de nuestros limites existenciales.
Desear algo, luchar por conseguirlo, o construirlo con tu propio sudor, es el verdadero motor del crecimiento humano. Y, cuando ya lo conoces y sabes si es lo que buscabas o no, hay que seguir adelante. Así, hasta el último día de nuestras vidas.
Sin pensar si lo alcanzado terminó en fracaso o triunfo ya que, cada deseo conocido, nos hará más ricos, sabios y. por tanto, mejores. Nos habrá obligado a avanzar conociendo nuevas metas, abriendo nuevos caminos. Así que, como Augusto, yo también me digo en mi vida Nihil cognitum quin praevoli…

Héroes gaditanos: Diego Fernández de Herrera

En 1339 el rey de Ronda y Algeciras, Abdul Melek, decidió cercar Jerez de la Frontera, por entonces principal ciudad del bajo Guadalquivir (con permiso de Sevilla, cabeza del reino y, casi, de toda la Península). El príncipe tuerto –pues así apodaban al de Ronda- asoló la campiña jerezana y cerró su tenaza sobre la ciudad obligando a los vecinos de la villa a enfrentarse en desigual batalla. En aquellos años se encontraba en Jerez Diego Fernández de Herrera, que había estado cautivo varios años y conocía el idioma y las costumbres de los moros. Así que, bien por venganza o por ese heroísmo extraño que a veces surge en el corazón de los hombres, se presentó voluntario para adentrarse en el campamento enemigo y asesinar al príncipe tuerto. Disfrazado de moro cruzó el río Salado y se internó en el campamento enemigo, esperando que los jerezanos lanzaran un falso ataque que hiciera a los moros salir de sus tiendas y continuar la lucha. Al amanecer de esa misa noche, los de Jerez pusiero…