Omnipresencia

Definitivo. Soy dios. Sí, ya se que algunos no lo creerán. Pero lo soy. Aunque este mundo de agnósticos y ateos quiera negar la existencia de seres supremos, es definitivo que existimos. Yo existo. Y, como les digo, soy dios. Comprobado. Porque sólo siendo un dios tendría el poder de la omnipresencia. Que es como decir que estaría en todos los sitios a la vez. Y la verdad, en todos los sitios no lo sé pero, al menos, en dos a la vez si que puedo estar. O eso parece. Porque yo juraría sin caer en el perjurio, que sólo estaba allí. Pero debo de mentirme porque también estaba en el más allá. No en el mundo de los muertos, no. Ni siquiera en Chiclana y su hermoso cementerio –lugar, por otro lado, más propio para un parque que para instalar moradas eternas-. Simplemente más allá. En otro sitio, vamos.

Y me digo yo: si he estado en dos sitios a la vez, aun solo recordando haber estado en uno, es que tengo el don de la omnipresencia. Pero, además, mis tres personas –a saber: dios, Cathan y Batman- tienen recuerdos dispares. Porque yo estuve allí. Seguro. Eso lo recuerdo y lo recuerdan. Pero no estuve en el otro allí. Al menos no lo recuerdo, aunque ellos sí. Así que sí. Soy dios. O esos curiosos señores han decidido que yo, que no fui, si fui. Aunque no recuerde haber ido. Al menos me queda el consuelo de que mi yo que fue no llevó consigo su cartera, que era la mía.


Por cierto, no les digo donde era allí ni más allá por si alguno me vio en un tercer lugar....

Comentarios

Jose Joaquin ha dicho que…
A lo mejor eres mi abuela, que también es omnipresente, pues no sólo está en todas partes, sino que también se mete en todo.

Aunque ahora que lo pienso, ella tiene más bigote que tú. Sí, bien pensado debes de ser Dios.
Cathan Dursselev ha dicho que…
Eso es querido amigo. Soy dios, y me alegra que alguien tan racionalista como tu lo vea. Pronto mis seguidores necesitarán dos manos para contarse

Entradas populares de este blog

Nihil cognitum quin praevolitum

Corona o Reino de Aragón

Héroes gaditanos: Diego Fernández de Herrera