Moraleja

La luna caía lentamente mientras el manto estrellado de la noche comenzaba a difuminarse con los primeros rayos del sol. Lucrecia esperaba en la puerta del caseron. Una vieja mansión de altas torres en las que la hiedra se enredaba huyendo del frío suelo hacia el cielo. Los tres hombres habían llegado caminando. Tranquilos pese a la cercanía del día. Lucrecia les mostró su mejor sonrisa antes de dejarlos entrar. La estancia hubiera sido acogedora, hasta calida gracias a la gran chimenea encendida en una extremo del salón. Pero los tres hombres no notaron la diferencia.

Un sirviente vertió el rojo liquido en cuatro copas, que los invitados bebieron avidamente. Lucrecia continuaba observandolos. Sin decir palabra. Los conocía a los tres. Dyvin era elegante. Alto. Con una larga y sedosa melena rubia. Era frío, calculador. Peligroso. Un asesino profesional y letal. Jean era algo más bajo. Sus ojos eran inteligentes. Él lo era. Sin lugar a dudas era el líder de aquel pequeño grupo. Siempre córtes, siempre atento.Nada escapaba a sus sentidos. El último de los visitantes era Hathaltoy. Había escuchado hablar de él. Pero hasta hoy nunca lo había tenido ante ella. Sin lugar a dudas, con él, el hábito no hacía al monje. Era bajo, grueso y hasta feo. Sus ojos se movían rapidamente por toda la sala. Tal vez fuese inseguro. Algo en él no le gustaba.

-Este asiento parece cómodo- sus palabras rompieron el silencio de la sala mientras se dejaba caer con estruendo sobre un sillón.
-No os sentéis mucho, caballero, Robert nos espera en lo alto de la torre.
-No habrá que subir andando.
-Así es. Es más, como sabéis. La tradición dicta que debeis ascender los 3000 escalones cinco veces. Será mejor que comencéis vuestro periplo.
-Yo lo haré primero- Hathaltoy se había levantado como un resorte y se abalanzaba sobre las escaleras. Corrió como alma que lleva el diablo y, al llegar arriba, ya estaban allí sus compañeros. – Pero ¿cómo?
-No preguntes. Cada uno ha de seguir su destino, Hat. Nosotros ya lo hemos hecho. Aún debes subir cuatro veces más.
-Pero, Jean, eso significa que he de bajar primero.
-Así es.

Los ojos de Hathaltoy vagaron por la noche. Antes de, con un encogimiento de hombros y un suspiro, lanzarse al vacío.
-¡Maldita sea!, ¿que haces loco?- Lucrecia miraba como su invitado caía hasta el suelo, varios cientos de metros.
-Sí, eso es. Loco- la risa de Dyvin rompió el drama y continuó saliendo de su garganta hasta que Hat volvío con ellos- tres más amigos.
-Que pereza bajar andando-
-¿No volverás a….?

Hathaltoy volvió a lanzarse de la torre, mientras el sol mostraba sus primeros signos en la lejanía. Cuando subió por tercera vez, antes de lanzarse sin previa palabra al vacio, sus compañeros se refugiaban en las sombras.

-No lo conseguirá….

La cuarta llegada fue su perdición. Lucrecia le invitó a parar. A dejarlo para después o, al menos, a que realizará su proeza bajando por el interior de la torre. Las palabas ofendieron al hombre, se sabía en condiciones de cumplir lo prometido: subiría los 15.000 escalones. Pero no bajaría ninguno. Él podía hacerlo. Se lanzó por última vez. Su cuerpo rebotó contra el empedrado suelo que comenzaba a iluminarse con los rayos del sol. Rodó a un lado y otro. Gritó al cielo. Los rayos iluminaron su rostro. Prendieron sus ropas. Allí, en aquel viejo patio de piedras su cuerpo explotó en llamas….


-Recordarme que no vuelva a jugar una partida con este maldito malkavian.
-Piénsalo... al menos la cosa tiene moraleja....
-¿No te tires cinco veces de una torre o morirás?
-Han sido cuatro. Pero no, lo que quiero decir es que midas hasta donde llegan tus fuerzas antes de lanzarte al vacío existencial.
-¿Va qué?....
-Que sepas hasta donde serás capaz de llegar. Que serás capaz de hacer. Antes de hacer nada. Sólo así no acabarás dañado. Hasta muerto, por algo que no debió pasar. No debías tirarte de cabeza al pozo para impresionarla. Al final acabas muerto y con el corazón roto en mil pedazos porque ella se irá con otro y tu sólo habrás hecho el tonto.
-¿Ya no hablamos de rol, verdad?....

Comentarios

Versus Die ha dicho que…
Cathan, llevo media hora rebuscando por tu blog xD mirando entradas antiguas y eso y me he encontrado con esto que escribiste:
"Llevaba queriendo ver la película del niño del pijama desde su estreno, pero por una cosa o por otra hasta ayer no pude ir. Tengo que decir que me gusta el cine. No soy un entendido, simplemente me gusta ir, aunque les aseguro que no me verán jamás en una película iraní en versión original subtitulada. En inglés o francés, a lo mejor, más allá no creo."

jajaja bueno, en serio, tienes que ver "El Color del Paraíso", pero no hace falta que la veas en V.O., que está doblada :-P
Cathan Dursselev ha dicho que…
Lo apunto y la busco y este fin de semana, que me toca hacer de canguro de mis sobrinos, la veré y os comentaré. Y gracias por rebuscar en mi blog... ¡se que te aburres!

Y sí, mejor doblado, que mi arabe no es muy bueno, que digamos.
Cathan Dursselev ha dicho que…
Vale, la he buscado y no la he encontrado. Mi proveedor habitual me ha mirado con cara de "estas loco, pisha". en Ares no está.... ¿donde puedo conseguirla? Porque incluso he mirado para comprarla y nada.
Dougal ha dicho que…
Buenos días. He encontrado este enlace para el emule para la pelicula doblada al español. No sé si funciona, ya que estoy en el curro y no puedo probarla, pero espero que te sirva. Un saludo.


ed2k://|file|El color del paraiso.DVDRip-Espa%C3%B1ol.Divx-MP3.avi|
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Cathan Dursselev ha dicho que…
Muchisimas gracias, he estado buscandola en el Ares y no aparecía. Pasaré a la mula...

¡que sería de mi sin vosotros!
Versus Die ha dicho que…
cierto, yo la tengo bajada del emule. Pensaba que la había comprado, pero no, compré Baran, del mismo director.

espero que te guste ^^

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