El templo de Om

Con la llegada del sol, las tropas del cementerio volvieron silenciosamente a la tierra de la que no debieron salir. Las tropas enemigas continuaban frente a las murallas, vigilados por las omnipresentes figuras de Robbel y Actaeon. Otros héroes tomaron otra actitud. Tras la larga y agitada noche, Sasurai se habí­a acostado a dormir unas pocas horas, tan solo para ser despertado por el ruido de la maquinaria de asedio lanzando su carga contra las murallas de la ciudad. Saltó de la cama, se vistió y se preparó para salir, pues sin duda serí­a necesaria la presencia de cualquiera que pudiese empuñar una espada. Esbozó una cansada sonrisa de resignación y puso rumbo a las murallas, donde sin duda empezarí­a el combate. El enemigo debí­a disponer de escalas y torres de asedio dada la aparente envergadura del ataque, y con ellas podrí­a empezar a combatir aunque las murallas estuviesen en perfecto estado todaví­a.

El músico no gustaba de luchar para nadie, pero en esta ocasión estaba dispuesto a colaborar con la guardia de la ciudad, e incluso a hacer caso de las ordenes de los capitanes si le parecí­an razonables. Al fin y al cabo, ese serí­a el modo más efectivo de organizar la defensa. Desde las murallas, aprovechando la longitud de la cadena, tratarí­a de detener el avance y, de ser posible, hacer caer alguna de las escaleras que el enemigo pusiese para trepar hasta ellos. No pensaba hacer uso de sus poderes demoníacos mientras no fuese estrictamente necesario, ya que lo íºltimo que querí­a era llamar la atención por encima del resto de defensores. Siendo uno más, las posibilidades de sobrevivir serí­an mayores.

La defensa de la ciudad se ponía en marcha lentamente. Quarion sabía lo que se avecinaba, pero sabía también que para poder resistir el asedio hacia falta organización además de valor. El paladí­n convocó nuevamente a su montura y se dirigió rápidamente a la capilla de Om. Podía notarse la tensión en las calles, la gente se dirigía apurada en busca de refugios, los guardias trataban de controlar la situación, pero parecía que el pánico pudiera surgir en cualquier momento. Quarion se detuvo un momento frente a uno de los guardias.


-Compañero, avisa al jefe de la guardia que un grupo de voluntarios nos estamos reuniendo en la capilla de Om para organizar la defensa de la ciudad. Dile que venga tan pronto le sea posible, cada segundo es valioso en una situación como esta.

Dichas estas palabras el paladí­n apresuro a su montura y se dirigió velozmente a la capilla en construcción esperando encontrar allí a sus compañeros de aventuras para poder organizar un plan. Allí encontró a Setsuna que apenas unos momentos antes había llegado al templo de Om, se disponía a entrar en él para hablar con el sacerdote Soulforged al igual que Quarion, pero cuando se disponía a entrar nota la inconfundible presencia de Olayer, que era mas que bienvenida es estos momentos de necesidad.

Setsuna se giró y miró a la cara a su compañero, bastante tranquilo, pues ya estaba acostumbrado a estas situaciones.

-Lochk-reggaard nogard Olayer, parece que La Dama Fortuna así lo desea, pues no sera la primera ni la ultima viejo amigo, pero no nos quedemos aquí, entremos y veremos cuales son las mejores opciones, o las únicas

Setsuna hablaba tranquilo, con mucha serenidad y seriedad, mientras se disponía a entrar en el templo, seguramente en compañía de Olayer. El guerrero ciego se mostraba seguro de encontrar una solución. Olayer agradeció la llegada del Setsuna. Había llegado a la ciudad pocos días antes y ahora se encontraba sumido en una guerra que no era la suya. ¿Acaso era la de alguien?. Obligado a a luchar espalda contra espalda con desconocidos. Al menos, le pareció, Setsuna serñia de fiar.

-Lochk-reggaard nogard Setsuna. Que la Dama Fortuna proteja nuestro corazón y nuestro brazo.

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