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El que todo lo ve

El demonio continuaba volando sobre la ciudad, observando cada rincón de la misma. Intentando descubrir donde su ataque haría más daño. En ocasiones descendía unos metros, para volver a subir nuevamente. Finalmente pareció detenerse en el aire, observando las murallas interiores de la vieja mansión Ankber. Su grito desgarró el cielo, mientras se abalanzaba sobre ella, pero su vuelo se vio interrumpido y el demonio giró hacia el sur, arrasando en su vuelo el tejado de varias casas hasta que, finalmente, se detuvo en el centro de una pequeña plazuela.


Actaeon seguía con su persecución, siguiéndolo muy de cerca. Observando cada uno de sus movimientos. Esperando el momento oportuno para atacar. Y, a pesar del peligro inminente y real del demonio, el licantropo seguía con la mente fija en el ataque a la ciudad. Sabía que Robbel se encontraba en las murallas. Pero aquellos enemigos estaban siendo manipulados, tanto por el miedo como por la magia de un poderoso ser,y estaban actuado por encima de sus posibles reales... ese había sido el motivo principal por el que no había querido matar a nadie en el primer enfrentamiento, pero no todos podían ver lo que él. El Garou debía confiar en la visión y el sano juicio de Robbel. Los hombres le respetarían y obedecería, pues era quien mayor rango militar tenía en la ciudad, sólo superado por el propio rey. Volvió a concentrarse exclusivamente en aquel ser de oscuridad. Dejando rastros de fuerte presencia de energía, con la intención de que el demonio le prestase verdadera atención. Y, parecía que lo estaba consiguiendo.


El demonio se había detenido en el centro de la pequeña plaza. Olisqueaba el aire, esperando al enemigo que debía llegar. Algunos hombres salieron de la mansión, pero el demonio ni se molestó en ellos. Un simple zarpazo sirvió para acabar con sus débiles enemigos. No, aquel que todo lo veía estaba cerca y él era su objetivo ahora. Actaeon quedó parado a varios metros del demonio. El lupino se irguió, cerró sus ojos, y juntó sus manos entre sí dejando elevados, y pegados, sus dedos indices y pulgares. Luego, suavemente, posó sus juntos dedos indices, sobre su frente, a la par que sus labios, enmudecidos, pronunciaban palabras en un idioma sólo conocido por unos pocos. Pequeñas estelas de luz blancas opacas comenzaron a brotar desde el suelo, rodeándolo de forma zigzagueante. Segundos después, una cortante ráfaga de viento atravesó la mirada del demonio, despertando su aletargado pensamiento.....


La ráfaga había sido intencionalmente errada. Actaeon quería que aquella criatura del mal supiese que él estaba allí, y que no iba a dejarle continuar su camino. El demonio recibió el ataque del lupino sin sorpresa, esperaba aquel encuentro. Sabía que había llegado el momento de actuar. La putrefacta figura se giró hacia Actaeon y se dirigió directamente a la mente de su oponente.


-¿Eres tú el que todo lo ve?, ¿eres el guardián del orden? Decidlo, pues solo si sois quien busco aullaréis a la luna en la próxima noche.


El demonio, pese a todo, se mostraba molesto con la situación, parecía querer comenzar la lucha pero algo se lo impedía... o alguien, pues Acteon pudo notar una presencia maligna que lo observaba a través de los ojos del demonio. Una presencia que, por otro lado, le resultaba familiar al licantropo, como si Hathaltoy se escondiese en esas sombras de maldad.

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