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Mostrando entradas de marzo, 2009

Con permiso

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A veces las cosas más simples resultan tremendamente llamativas. Una simple tubería puede cobrar vida a través del ojo sabio de quien sabe. A veces, una simple foto levanta sentimientos adormecidos, acallados por la simplicidad de la vida. Lo más simple se convierte en lo más complejo. El recubrimiento de una tubería se convierte en viejas ramas de un antiguo árbol. Una tubería es ya por sí una rama de vida sin vida. Una rama que conduce la savia de nuestras casas para traer la comodidad.

Y, sin razón aparente, esa tubería me recuerda a una persona. Sabia y savia de vida. Que, como esa tubería, también se convierte en vieja rama que sustenta otras vidas. La mía, la de mis hermanos, la mis sobrinos que son sus nietos. No sé porque, pero al ver la foto de mi amiga, el rostro de mi padre viene a mi mente. El sabio callado que, en silencio aparente, con simplicidad y honradez, ha convertido su vida en savia para la mía. En ramales de viejas tuberías que guían mi destino y mi camino.
Así que…

Jaime V en Tantallon

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Cuando Jaime acudió la batalla de Solway Moss, nada parecía indicar que aquel enfrentamiento contra las tropas inglesas acabaría con su corta vida. Nacido en 1512 y con 30 años decidió ponerse al frente de sus tropas. Ni sus hombres ni sus generales aceptaron el mando del joven rey, y la descoordinación llevó a la derrota. En noviembre de 1542 terminaba la historia del quinto rey Jaime de Escocia. O eso indicaba su muerte.
Pero la naturaleza es caprichosa. Y la fotografía más. Y es precisamente esta última la que recupera el recuerdo y la imagen del joven y valiente rey. 467 años después Jaime ha decidido asomarse a la ventana y advertir al mundo de su presencia en el abandonado castillo de Tantallon.

Al menos, gracias a la instantánea, muchos conocerán al valeroso y guerrero rey escoces. Al menos, por una vez, un fantasma creado en una ventana de un viejo castillo, hará que algunos se preocupen por conocer algo de ese fantasma real que es la Historia.

El viejo libro

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El viejo libro estaba allí, donde siempre. Rodeado de otros libros más nuevos, más bonitos. Con sus brillantes portadas llenas de dibujos y fotos. El viejo libro no las tenía. Su ajada piel mostraba los signos del tiempo. Se había llenado de manchas, de arrugas, de arañazos. De polvo por el tiempo transcurrido. Hacía mucho que nadie lo abría. Pero hoy alguien había decidido abrirlo. Ojear sus paginas. Y el tiempo se detuvo. Contaba una historia como otras muchas. Ni mejor ni peor que las nuevas ediciones. Simplemente la misma. Pero en cada una de sus hojas se veían las marcas de la experiencia. De los sueños de otros. De la imaginación de sus lectores. Oscuras marcas de lágrimas derramadas sobre sus letras. Y aquí y allí se veían notas manuscritas. Ideas surgidas de otros lectores. De otros autores diferentes al original. El viejo libro se enriquecía con cada una de ellas. Y la historia narrada crecía en cada página. El viejo libro se hacía nuevo. Mejor.

Al final lo cerraron. Acaricia…

El que todo lo ve

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El demonio continuaba volando sobre la ciudad, observando cada rincón de la misma. Intentando descubrir donde su ataque haría más daño. En ocasiones descendía unos metros, para volver a subir nuevamente. Finalmente pareció detenerse en el aire, observando las murallas interiores de la vieja mansión Ankber. Su grito desgarró el cielo, mientras se abalanzaba sobre ella, pero su vuelo se vio interrumpido y el demonio giró hacia el sur, arrasando en su vuelo el tejado de varias casas hasta que, finalmente, se detuvo en el centro de una pequeña plazuela.
Actaeon seguía con su persecución, siguiéndolo muy de cerca. Observando cada uno de sus movimientos. Esperando el momento oportuno para atacar. Y, a pesar del peligro inminente y real del demonio, el licantropo seguía con la mente fija en el ataque a la ciudad. Sabía que Robbel se encontraba en las murallas. Pero aquellos enemigos estaban siendo manipulados, tanto por el miedo como por la magia de un poderoso ser,y estaban actuado por …

¡Caracoles!

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Lo reconozco. No me gustan los caracoles. Son bichos viscosos, babosos, se arrastran por el suelo y llevan a gala eso de sacar los cuernos al sol. Y, la verdad, no entiendo que alguien pueda comérselos. Aunque he de reconocerles que hace un tiempo cometí el error de probar una pequeña tapa de los bichos de marras. Y, desde entonces, repito a diario. La visión del Helix pomatia que se esconde en la villa de Savoy ha conquistado mi lectura desde el primer momento. La sensibilidad de Sempieterna (que frecuenta estos lares y me honra con su presencia en mi espacio) convierte a sus moluscos gasterópodos en animales cargados de belleza. Hermosas cenicientas que no desaparecen al tañir de las campanas a medianoche. Entradas tan cargadas de emoción que llevan a un gaditano como yo, arraigado en las viejas tradiciones de odio a la cabeza del reino, a pensar que en la Sevilla que quiso apoderarse del gaditano comercio de Bebería se esconden personas que merecen ser conocidas e, incluso, alabada…

En pocas palabras

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"Te lo juro, killa, mirabas para arriba y era como andar por la Avenida"



Recién llegada de Nueva York, en la línea 2 de Cádiz.

La primera vez

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Nieves era una de las niñas más guapas de la urbanización. Y por alguna extraña razón estaba en nuestro grupo. Como supondrán nosotros estábamos como locos. Y no sólo porque las hormonas revolucionaran nuestros cuerpos quinceañeros. Aquel día estábamos en las pistas deportivas, jugando al fútbol, cuando la vimos venir. Venía corriendo por el camino de tierra que nos llevaba hasta el club. Su melena rizada al viento parecía una bandera dorada, ondeada por sus felinos ojos. Sus brillantes ojos. Su sonrisa parecía devolvernos los rayos del sol. Nuestra Candy particular estaba exultante, más bella aún. Venían con otras niñas y pronto, nosotros, paramos nuestro partido para acercarnos a nuestras amigas.

-¡No os lo vais a creer! ¡No veáis lo que ha hecho Nieves!
-¿Qué ha pasado? ¿qué ha hecho?

Nuestros ojos vagaban por su cuerpo, no siempre observando su rostro, buscando entre sus manos la verdad de su estado. Nos la imaginamos llegando, tal vez a hurtadillas, observando al hombre abrir la p…

¿Felicidad?

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El pasado viernes les hablaba de la soledad. Y lo hacía gráficamente. En primera persona. Como si yo mismo sufriera ese mal. Nada más lejos de la realidad. Desgraciadamente, ni mis amigos ni mi familia me permiten gozar de más soledad que la estrictamente necesaria. Cuando escribo esto no sé que reacciones habrá provocado mi escrito y lo cierto es que tampoco me importa en demasía. Hablar de la soledad, de la muerte de uno mismo en primera persona, no es más que una forma de llamar su atención. Y hasta la mía.

La soledad es un tema llamativo. Y es fácil jugar con ella. Hasta crear sentimientos en los demás para acabar explicando lo que quiero explicarme porque, como diría Pascal "todos los hombres buscan la manera de ser felices. Esto no tiene excepción. Es el motivo de todos los actos de todos los hombres, hasta de aquellos que se ahorcan"

Lastima que yo haya llegado a la conclusión de que la felicidad no existe.

Dice André Comte-Sponville que “como ser feliz no es tener lo qu…

Omnipresencia

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Alas negras

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Robbel estaba en la muralla cuando se desató el primer ataque. Los bárbaros intentaban trepar por escaleras que raudamente los soldados tiraban al suelo. El caos reinó entre los hombre. Hasta que una figura demoníaca cruzo el cielo. Robbel levantó el rostro hacia ella. Si bajaba empezaría la lucha de verdad. Junto a él vio al músico vagabundo que había llegado pocos días antes a la ciudad. Recordó su nombre: Sasurai. Su rostro había cambiado cuando el ser demoníaco hizo aparición sobre la ciudad. Pero no reflejó miedo, como en el resto de los presentes, sino preocupación. Se endureció y ensombreció.

Observó a Actaeon. Como siempre el garou paracía fuera de lugar. Por encima del caos y la guerra. Con sus ojos cerrados, apartaba las largas "escaleras" con sus pies, arrojandolas nuevamente al vacío, mientras sordas palabras se articulaban entre los labios del Chaman. Invocaban danzantes estelas de luz que al bailar entre ellas unos segundos, descendian potentemente contra los i…

Soledad

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Soledad. No hay otra palabra que defina mi existencia. Sin sentido, sin sentimiento, sin más sueños que los rotos. Con el corazón hecho pedazos bajo una máscara de alegría perpetúa. Mentiras escondidas en sentimientos ajenos.

Soledad. Esa es la palabra que define mi vida: pura y puta soledad. He intentando buscar una explicación a porqué seguir viviendo. Y no la encuentro. Hoy, más que nunca, deseo morir. Morir y no seguir con una vida que no me da nada. Que me quita todo. Hoy, más que nunca, desearía no existir. No haber nacido jamás. No tener que mantener una fachada que no me corresponde. Pero la realidad es la que es. Y yo deseo morir porque aún vivo ya estoy muerto. Solo y muerto. No deseo otra cosa que acabar con mi vida. Acostarme y no volver a levantarme. No volver a despertar a este mundo que nada me ofrece.

Tristeza. Lastima de mi propia existencia convertida en nada. Porque no tengo nada. Ni siquiera eso. Amistades muchas. Pocas. Qué más da. En el fondo, ninguna. Y no las qui…

Al tonto lector y no al sabio

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Escribía Erasmo de Rotterdam que "la sabiduría inoportuna es una locura, del mismo modo que es imprudente la prudencia mal entendida". En el “Elogio de la Locura”, Erasmo le daba voz a la sin razón, convirtiendo su obra en una sátira moral donde se permitía atacar todo lo que consideraba incorrecto, argumentando que la locura es una suerte de castigo del saber, para quienes creen saber. La locura se convertía así en algo diferente a lo anterior. Era una lucha de la razón sobre la sinrazón. Pero también era la excusa que abría puertas antes cerradas.

Y la locura que embarga este blog, o a mi persona, en no pocas ocasiones no es más que una parte de esa locura eramista. Pero también tiene algo de Cyrano de Bergerac. El arrogante poeta y libre-pensador contemporáneo de Moliere, quien llegó a plagiarle parte del Pedante Burlado en Fourberies de Scapin.

Cyrano era un libertino, que descubrió que la vida había que vivirla después de recibir una herida en el cuello, por algún español…

Moraleja

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La luna caía lentamente mientras el manto estrellado de la noche comenzaba a difuminarse con los primeros rayos del sol. Lucrecia esperaba en la puerta del caseron. Una vieja mansión de altas torres en las que la hiedra se enredaba huyendo del frío suelo hacia el cielo. Los tres hombres habían llegado caminando. Tranquilos pese a la cercanía del día. Lucrecia les mostró su mejor sonrisa antes de dejarlos entrar. La estancia hubiera sido acogedora, hasta calida gracias a la gran chimenea encendida en una extremo del salón. Pero los tres hombres no notaron la diferencia.

Un sirviente vertió el rojo liquido en cuatro copas, que los invitados bebieron avidamente. Lucrecia continuaba observandolos. Sin decir palabra. Los conocía a los tres. Dyvin era elegante. Alto. Con una larga y sedosa melena rubia. Era frío, calculador. Peligroso. Un asesino profesional y letal. Jean era algo más bajo. Sus ojos eran inteligentes. Él lo era. Sin lugar a dudas era el líder de aquel pequeño grupo. Siempre …

En pocas palabras

El igualitarismo ni siquiera es una utopía soñada; es una pesadilla imposible

Faustino Menéndez Pidal

Locura disruptiva

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En mi vida me han llamado muchas cosas. De chico mi abuela decía que era un niño muy guapo y bien criado. En el colegio, durante mucho tiempo, me llamaron Peter Pan, y no por tener el complejo del ídem -al menos no entonces- sino por que año sí y año también iba disfrazado de mi personaje preferido en la fiesta de carnaval. Después pasaron a llamarme Mofli, el gracioso koala de la serie del mismo nombre, que les recordaba a mis mofletes redondos y sonrosados.

Más tarde me llamaron, creo que ya se lo comenté, Chetos, por parecerme al ratón gordo que anunciaba aquellas porquerías sustitutivas de los gusanitos de toda la vida. Pero, además, en aquel mismo tiempo, algunos comenzaron a cantarme una cancioncilla pegadiza, de la que sólo recuerdo el final: eres tierno, como un donut. Y redondo, añadía yo orgulloso.

Pero, además de todo eso, me han llamado más cosas. No merecen explicación obviedades como gordo cabrón. También me han llamado friki, por ser raro, y gordo. Alguna ha llegado a dec…

Quarion llama a la defensa

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El patio del templo ya se encontraba colmado de gente. El lugar no era lo suficientemente grande como para albergar tantos refugiados, pero todavía existían varios lugares más donde los pobladores podrían protegerse. Los habitantes del templo se apresuraban a curar a los heridos y ayudar a los más débiles. Podía sentirse el temor flotando en el aire, pero era un temor expectante. No el pánico de la masa sino el miedo de cada individuo contenido por la calma del lugar.

Quarion y el resto de sus compañeros se encontraban en un pequeño cuarto, donde se guardaban las herramientas para construir el templo. Sobre una mesa en el centro podía verse un mapa de la ciudad.

-Compañeros, en este momento, nuestra mayor prioridad debe ser la seguridad de los frikigardienses. Se que varios de ustedes ha participado en asedios, pero permitanme recordares, estas batallas no se ganan con actos heroicos, se ganan con decisiones sabias y firmes.

El paladín levanto la mirada y observo a los presentes.

-Hay muc…

Niño bueno, niña mala

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Hay libros que, en ocasiones, es mejor no leer. Y no porque el libro sea malo o porque no diga nada. Más bien por todo lo contrario. Eso pasa con "Travesuras de una niña mala," de Vargas Llosa, donde el maestro nos lleva a recorrer y reconocer el verdadero amor. Vargas Llosa se escuda en una historia de amor y erotismo, con algunas dosis de humor y mucho de tristeza, para mostrarnos la realidad de Ricardo. Un oscuro traductor e interprete con una profesión que refleja a las claras qué será su vida: la narración de los sucesos del otro.

De la otra, Lilly, la chilenita, la guerrillera. La peruanita Otilita de la que se enamorará de crío y que le acompañará toda su vida. La niña mala que amarga la vida del “niño bueno”. Pero que le da los mejores momentos de su vida. Que le absorve y anula. Que se aprovecha de él. Que juega con él. Una historia tan imposible que nos permite vernos reflejados en ella. Porque ¿quién no ha tenido su “niña mala”?. Una guerrillera que haya destrozad…

El reparto

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El Negro estaba enamorado de aquella chica. Y sus amigos, nosotros, eramos buenos amigos. No hay duda. El que más, sin duda tampoco, Lacueva. Tanto que cuando el Negro le pidió el favor no se negó. ¿Quién se negaría ante una petición así?. El Negro suplicaba que le acompañará. Que se había gastado todo el dinero en el regalo para su novia y no le quedaba para enviarlo. Y le daba vergüenza subir él a su casa. Por si estaban sus padres en casa, y eso. Ante todo eso el Visir no se pudo negar.

Se montó en el tren hasta Puerto Real, con su amigo al lado. Mientas la gente observaba a la extraña pareja y el bulto que les acompañaba. Andaron desde la estación hasta la casa de la chica, mientras la gente les observaba caminar por el centro del pueblo. El uno tan negro, el otro tan él. Y eso con ellos.

Por fin llegaron a la plaza. El Negro le miró apremiante, mientras Lacueva se preparaba para subir. Nervioso. Nunca había hecho aquello. Comenzó a subir la escaleras y por fin llamó al timbre.

-Hola…

El hombre bueno.

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En la pasada Cuaresma, D. Antonio Ceballos, Obispo de Cádiz, escribió una Carta Pastoral en la que invitaba a los cristianos a donar parte de su sueldo a organizaciones caritativas. Hubo quiénes hablaron de cantos de sirena por parte del Obispo. Nada más lejos de la realidad. D. Antonio ha practicado con el ejemplo y ha donando el 10% de su sueldo a Cáritas.

Algunos medios se han hecho eco de la noticia. Y, alguno, incluso ha preguntado con sorna si 120€ son de verdad el 10% de su sueldo. Y es cierto, no lo es. Es más. El obispo de Cádiz no llega a mileurista, aunque algunos crean que el poder de la silla episcopal es similar al del medievo. Y, además, D. Antonio, es un hombre sencillo. Es fácil verlo andando camino de su casa. Es fácil verlo vaciando sus bolsillos para dárselo a aquellos que lo necesitan, en eses mismo camino.

Se pueden decir muchas cosas del Obispo de Cádiz. Pero, quizá, la más importante, es que es un hombre bueno. Bueno de verdad. Quizá el cargo de Obispo parezca gr…

El bache

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El otro día me dio por ir a un bar solo. No soy mucho de hacer esas cosas. Irme a un bar, sentarme en la barra y pedir una cerveza. Pero el otro día tenía tiempo, estaba solo y me apetecía algo fresquito. Así que me fui a un bache, ya saben, un bar pequeñito, de esos de vejetes tomando coñac a cualquier hora del día. Y me dispuse a disfrutar del ambiente.

Sí, a disfrutar. Y si alguna vez han entrado en un bache, entenderán de que les hablo. Allí las conversaciones siempre son ricas. Se puede hablar de todo y con todos. No importa que no conozcas a la persona que tienes a tu lado. Puedes hablarle de política, de fútbol, de toros, del tiempo o de clonación de células madre. Que en un bache de todo se sabe.

El bache, además, suele estar lleno de humo, y eso hace que el ambiente sea más interesante y que las conversaciones cobren más trascendencia. Tanto que como me paso a mi.

-Que no Juan, que no tienes razón.
-Que sí, hombre, que ella de esto sabe. Si ha dicho eso seguro que es bueno.
-Pues …

Rodrigo Díaz de Vivar: el Cid

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Artículo publicado en la Revista de Historia UBI SUNT? nº14. Año VI, Noviembre 2003. Páginas 10 y 11.

(Todos tenemos un principio en nuestra vida profesional. El mío nace en artículos como este y otros que iré publicando. Algunos hoy me dan vergüenza, pero siguen siendo míos. Y sigue siendo mi comienzo)


Rodrigo Díaz De Vivar: El Cid

“Envió el rey don Alfonso al Cid Ruy Díaz por el tributo que los reyes de Córdoba y de Sevilla tenían que pagarle todos los años…” Así comienza el Cantar del Cid, el más importante de los documentos que sobre Rodrigo Díaz de Vivar podemos encontrar, pero no el único. También la Historia Roderici, escrita entorno al 1110, o Carmen Campeador (1093-94 aprox.), dan fe de la existencia del Cid, a la vez que exaltan su figura.[1]

Una figura que ha ido creciendo a la sombra de leyendas como las que siguen:

“Yendo el Cid en peregrinación a Santiago de Compostela, al llegar a un vado, un leproso le rogó le pasara al otro lado. Rodrigo tuvo compasión: lo montó en su caba…

El asedio

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Las murallas recibieron los primeros golpes sin inmutarse. No era la primera guerra que la ciudad habí­a sufrido y sus dirigentes habí­an preparado las defensas con sumo cuidado. Pese a todo, el sonido de las piedras chocando con el suelo era ensordecedor.

Pero lo peor estaba por venir. Desde el norte los trabucos comenzaron a funcionar. El primer cuerpo mutilado cayó cerca de la puerta de entrada, en unos pocos minutos el suelo se lleno de sangre y visceras de aquellos cadavares, que si bien no habitaban la ciudad, sin duda si habitaban el reino.

Por el sur y al este se escucharon los gritos de los hombres lanzandose sobre la ciudad. Las primeras escalas se elevaron hacia el cielo, mientras desde las murallas los hombre intentaban evitarlo. La lluvia de flechas impactaba por igual a amigos y enemigos. Sin duda aquel que estaba al frente del ejercito sitiador no tení­a problema en sacrificar a sus propios hombres que, poco a poco, comenzaban a llegar a las almenas.

Hombres cubiertos de p…

Milagros

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Vaya por mí. O por dios, pero como yo soy dios, vaya por mí. Que yo diga que soy dios no es nada del otro mundo. Los que me conocen lo saben y lo entienden. Mi perfección me hace ser lo que soy, un ser divino. Pero no una divinidad de esas enclenques, no. Yo soy un dios de los gordos. Con una divina morada en el nuevo Olimpo del Universo, no les diré donde. Y con un paraíso propio al que, de vez en cuando, invito a mis amigos mortales.

Pero que yo, que ya estoy loco de por mí, diga que soy dios es normal. Que mis amigos lo acepten, pues también. Ya se sabe, a los amigos que hay aceptarlos como son: unos son unos borrachos, otros unos ineptos, otros están buenos y otros, pocos, como yo, son dioses. Pero que gente que apenas te conozca reconozca tu divinidad, le hace a uno pensar.

Y eso que algunos se empeñan en negarme, y dicen que no hago milagros. Cierto, pero es que yo soy un dios discreto y, además, creo en la libertad de los hombres. Y hasta de las mujeres. Así que no, por hoy no ha…

Vacas, moscas y otros bichos

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Recuerdo los primeros años del colegio con alegría. En aquel entonces yo no sabía que estudiaba en el Opus ni sabía que era eso. Sólo sabía que mientras mis amigos de la urbanización estudiaban cerca de sus casas, yo tenía que montarme en un autobús para irme lejos a estudiar. Pero que mientras ellos estudiaban rodeados de casas y hormigón, yo lo hacía entre campos y vacas... Y putas, aunque eso lo supe después.

Pero lo cierto es que aquellos años fueron felices. Niños correteando por un patio inmenso. Auquen jamás íbamos detrás del gimnasio, aquella zona era la de los mayores. Nosotros nos quedábamos delante, cerca de la mirada atenta de nuestros profesores,que nos protegían de los bárbaros de BUP. Pero diferente era lo que nosotros hiciéramos. Por aquel entonces nos había dado por jugar a una suerte de pilla-pilla donde el que se la “quedaba” no tenía que coger a los demás: debía huir de las patadas del resto. Pero, lo más curioso, es que aquel que lograra tirar por primera vez al …

En pocas palabras

Si fallas, alguien muere.


El Bruce Willis de las ONGD's

Cosas del Carnaval

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El otro día me encontre al Hetero después de muchos años. La vida es cruel, a veces, y con él parece que lo ha sido. Era lunes de carnaval, o así, y yo volvía a casa tranquilamente desde la Viña. No era muy tarde, no se crean, acompañaba a Cocom que se encontraba mal, que no borracho y, al cruzar la Avenida desde su casa para entrar en la mía, lo vi. O los vi.

Primero vi a una amiga, de esas de las que se tienen vagos recuerdos porque la conociste hace unos años, en un campamento, en un verano o en viaje con tus padres, ¡qué más dá!. Solo sabés como se llama, que vive en tu misma calle o al menos vivió, y que, en aquel entonces, tus huesos sólo querían estar cerca de ella. Y por eso la recuerdas, porque fue tu primer amor o algo parecido. La cosa es que me paré con ella y su amiga, y no sé porqué. Y estando allí apareció el Hetero. Inconfundible. Sigue con su hermosa, larga y sedosa melena. Y sus ojos transparentes, aunque ahora también reflejen pena. Supongo que los años.

Pero sigue si…