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¡Fiesta!

Ocurrió. Sí. Ocurrió. No sé siquiera si debería contarlo. Pero lo haré. Aunque, por una vez, no fuese yo el protagonista directo de la historia, la viví en primera mano. O en segunda oreja, si se quiere. Nosotros no hicimos nada. Nos fuimos al chiringuito de la Loma, aquel que ahora es un restaurante o algo parecido. Pero que, en aquella época, abría toda la noche.

Como otras muchas noches fuimos en turno. Algunos en coche, otros andando por la playa. Era un paseo corte. No llegaba a la media hora. Yo fui de los primeros en llegar, con Gaby y el surfero, creo. Cuando ya llevábamos un rato en el lugar, sonó un teléfono, no recuerdo de quién. Era las “niñas”.

-¡Tíos!, no veáis la pedazo de fiesta que hay en la playa. Un montón de gente. Venirse, venirse.

Hablamos entre nosotros, pensando en irnos para la fiesta, cuando volvió a sonar el teléfono.

-No es una fiesta, no es una fiesta…. ayudadnos.
Los llantos de nuestras amigas nos pusieron en marcha. Por la playa, en su búsqueda como un grupo de galantes caballeros intentando salvar a su amada de lo alto de una torre, o de la arena de la playa. Cuando llegamos al lugar de la fiesta, nuestros ojos no creyeron lo que vieron. Un grupo de hombres corría por la playa, en dirección a los acantilados para fundirse con la oscuridad de la noche. Nuestras amigas, tiradas en la arena, seguían llorando al otro lado del grupo. Cruzamos entre ellos, haciéndoles el mismo caso que ellos a nosotros: miradas de asombro y miedo. Y allí estaban ellas. Nuestro primer contacto con una realidad: la de las pateras que cruzan el mar en busca de un paraíso perdido, el nuestro.

Pero saben, será porque los que vivimos en el sur nos hemos habituado a un drama del que nadie debiera ser indiferente. O porque nuestro humor siempre fue macabro y negro. Pero lo cierto es que, cada vez que alguien habla de pateras cerca del grupo, alguno de los que vivió aquella noche grita ¡FIESTA! y todos reímos a carcajadas ante un drama que, como a nuestras niñas, debiera hacernos llorar

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Me gusta como llegas de la broma al drama. Pero no debe desmitificarse el dolor de esas muertes. Más ahora que acaban de aparece 17 cadaveres más

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Nihil cognitum quin praevolitum

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Elisa Serna -- Esta gente qué querrá

Llamaron de madrugada.
Toda la casa está en calma.
La madre les sale a abrir
arrebujada en la bata.
¿Esta gente qué querrá
que llaman de madrugada?

Preguntaron por el hijo.
El hijo duerme en la cama
y al oir las fuertes voces
de golpe se despertaba.
¿Esta gente qué querrá
que llaman de madrugada?

Lleva días sin hablar,
por las noches se inquietaba
esperando con temor
que una mañana llamaran.
¿Esta gente qué querrá
que llaman de madrugada?

La madre nunca ha sabido
por lo que el hijo luchaba
y que en la Universidad
su compromiso afirmaba.
¿Esta gente qué querrá
que llaman de madrugada?

No sabe cómo escapar,
el miedo le torturaba,
después de abrirse la puerta
él caerá por la ventana.
¿Esta gente qué querrá
que llaman de madrugada?

Hay momentos de tensión
nadie dice una palabra,
la madre que entra después
grita y llora desgarrada.
¿Esta gente qué querrá
que llaman de madrugada?

Llamaron de madrugada.
La ley una hora señala.
Muerto el estudiante está.
Fue un golpe al filo del alba.
¿Esta …