Blancanieves


En época de exámenes mis padres me recluían y en casa y no me dejaban ir casa de los abuelos. Decían, no sin razón, que sino hacia nada en casa menos allí. Así que aquel año, y ya a que los resultados no estaban siendo del todo los previstos, ni siquiera insistí en ir. Me quedé en casa, pensando en la suerte que tenía el Hetero disfrutando de los carnavales mientras que yo tendría que disfrutar de las magistrales clases de historia del Piru.

El lunes, temprano, salí para el colegio. Con mi carpeta bajo el brazo y cara de pocos amigos. Entre otras cosas porque mis amigos, o al menos el grupito de insurgentes de la calle Doctor Dacarreta, estarían dormitando en sus casas tranquilamente. Porque, para serle sinceros, ninguno de nosotros era muy carnavalero, más bien usabamos las fiestas para jugar al rol en casa de uno y otro. Por eso, cuando estaba tranquilamente en la parada me sorprendió ver al Hetero en la acera de enfrente. Se acababa de bajar del autobús y cruzó corriendo la calle, con una leve sonrisa en los labios.

-¡No te lo vas a creer!
-Seguro que sí.- A esas alturas yo ya comenzaba a creerme cualquier cosa ocurrida con el Hetero.
-He conocido a alguien... anoche... y hemos estado todas estas horas juntos.
-¡No jodas!... y ¿cómo ha sido?.
-Pufff
-Apestas a alcohol. Y no solo es cerveza.
-Es ¡CAR NA VAL!
-A ti no te gusta, ¿recuerdas?
-Sí que me gusta. Es magnifico. El sábado me disfracé de Blancanieves y salí a la calle con los hijos de unos amigos de mis padres. ¡Fue genial! ¿Tu que hiciste?
-Estudiar el examen que me han puesto hoy...- mi sonrisa burlona le dejaba a las clara que el final de la frase no era otro que el que era – ... Blancanieves de mierda – lo que escuchado por él significaba “no me jodas maricón, que voy para clase!

Dio una vuelta sobre el mismo, dejando que su melena flotase entre nosotros mientras mis compañeros de parada lo miraban y se reían entre dientes. Sabía de sobra que, en cuanto me montase en el autobús, comenzaría el cachondeo. Y, el autobús, ya había llegado a la parada.

-¿No me digas que te has liado con uno de los siete enanitos?.Bueno, en serio, dime ¿como es ella?
-¿Ella?

La sorpresa se reflejó en mi rostro mientras lo veía, a través de los cristales del Transcela que nos llevaba al colegio, cruzar nuevamente de acera. No sería la última vez que hiciese aquel recorrido.

Comentarios

Rosario Troncoso ha dicho que…
Me ha gustado tu escrito, pero no te comentaré ná, porque me he quedado embobada con el enanito de la foto!!!!!! Me encantaaaaaaaa!!!!
Un besazo guapo.

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