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20 años

La vi el otro día por la calle y me sorprendí de mi reacción. En mi mente aún la veía como aquella niña pequeña que correteaba por la parcela de su casa mientras nosotros jugábamos al fútbol. Aquella cría a la que vi crecer casi desde que nació. La hermana pequeña mi amigo. Y, ahora, de pronto, aquella niña era una mujer en toda regla.

-Tío, tu hermana… ¿no tenía 15 años?
-Killo, mi hermana tiene ya 19 años.
-¡No jodas!

Pero sí, aquella niña ya tiene 20 años y yo me he sentido viejo. Viejo porque conocí a su hermano Cocom antes de que ella naciera y porque me he dado cuenta de lo que eso significa. Significa que hace 20 años que conozco a mi amigo. Un amigo que es mucho más que un amigo. Un amigo que es casi un hermano, sin el casi.

20 años de confidencias, de silencios, de abrazos, de lloros, de amistad en el más amplio sentido de la palabra. Muchas veces he envidiado un tipo de amistad que veía en otros. Esos amigos de película que lo hacen todo juntos, toda la vida juntos. Sin darme cuenta que yo ya tengo eso. Y mucho más. Que pueden pasar meses sin hablar, sin vernos y, sin embargo, nada habrá cambiado.

20 años de amistad sincera, de amor fraterno. Pero, ¡coño! 20 años… y al final uno se siente viejo.

Comentarios

Miau. ha dicho que…
Qué rápido pasan 20 años. Y cuánto pesan...
Cathan Dursselev ha dicho que…
Lo que pesan, en mi caso, son los kilos de más. Al menos mi no-vejez que si adultez infantilizada es muy buena.

Pero, ahora que lo pienso... sí, pesan los 20 años de amistad, más los diez en los que no nos conocimos.
Anónimo ha dicho que…
Ay que ver...cómo son las niñas, ehh?? Mira que crecer..Bueno "viejo", imagina cómo se sentirán los amigos de tus padre, o tus tíos cuando te ven a tí..uff!!Saludos.María.
Cathan Dursselev ha dicho que…
Visto así, sí... ellos se sentiran más viejos.

De todas formas, más que de la vejez hablo de la amistad duradera y verdadera.

Y, que ¡coño!, de lo viejo que nos vamos haciendo. ¡Yo! que ayer estaba tirado en el suelo jugando a los clics y ahora ya no me tiro al suelo más que para recoger los dados cuando se caen de la mesa.

Por cierto, bienvenida María

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