Ola de frío

Saben, me hace mucha gracia esto del cambio climático. Y no porque no se esté produciendo, sino porque cada vez que hace frío en invierno o calor en verano decimos “Eso va a ser el cambio climático”. Cuando escribo esto que hoy les dejo es jueves, ayer jueves, y España está sumida en una ola de frío. Y, ¡oigan!, lo hace. Se lo digo yo que no suelo tenerlo.

Pero no más que otras veces. Recuerdo cuando era un tierno infante e iba al colegio. Un colegio enorme, inmenso como solo pueden serlo los centros elitistas –ya saben, yo fui un niño bien- y, en días de frío, con mi amigo Lacueva y con Florentino salíamos corriendo del autobús en busca de los charcos que se formaban en el patio trasero. En la media luna de arena que quedaba entre la pista de atletismo y uno de los cinco campos de futbito que había por aquel entonces. Justo al lado del campo de fútbol, seguro que aquellos que conocen el colegio Guadalete saben de que les hablo.

Pues allí, a aquella media luna que se anegaba con solo dos gotas, solíamos salir corriendo cada vez que hacía frío. Con nuestras botas de agua o sin ellas. Con la firme intención de ser los primeros en cruzar el gran charco corriendo, rompiendo con nuestras pequeñas pisadas la la fina capa de hielo que la cubría cada mañana. Y, como se imaginaran, la mitad de las veces sin conseguirlo. Acabando con nuestros pies helados y mojados en el agua congelada de aquel charco enorme.

Así que, que quieren que les diga, cuando alguien me dice que hace frío por culpa del cambio climático, yo recuerdo aquellas mañanas de invierno con una leve sonrisa. Casi convencido de que este frío no es culpa del cambio climático, sino de lo olvidadizo que somos en estas latitudes con los cambios de temperatura. Me asustaría si nevara en Cádiz. Pero, como dice mi padre, eso ya pasó hace muchos años, cuando él era un crío que se dedicaba a corretear por el patio de San Felipe.

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