Ir al contenido principal

La visión

Prometo que aquel día yo no hice nada. Solo estaba allí. En el lugar equivocado en el momento equivocado. O en la puerta equivocada. Yo era mozo, niño incluso. Inocente hasta ese día. Virgen de toda visión. Había escuchado que algún amigo comentaba que había visto a una mujer desnuda. Vecinas cogidas infraganti por la mirada traviesa e inocente de un crío. Pero a mí eso jamás me había pasado. No hasta ese día. Aquellos que decían ver a una mujer desnuda, comentaban entre risas que no tenían “pishita”. Que eran raras, distintas, diferentes –¡cuánta razón no guardaban aquellas inocentes palabras!-.

Pero, aquel día, fui yo quien descubrí en mis ojos el horror de la verdad. Fui a buscar a mi amigo, como cada día durante todo el verano. La puerta abierta, como cada día durante todo el verano, invitaba a entrar en una casa de sobra conocida. Un pasillo abierto hasta su habitación, un camino que llevaba hasta él y que pasaba por la abierta puerta del baño. Ruido de agua corriendo que indicaba vida en la casa. Una mirada inocente al interior del baño, tal vez mi amigo estuviera lavándose la cara.

Corrí. Salí de aquella casa como si mis ojos hubieran visto el peor de los crímenes. Tal vez lo hicieron. La belleza de la desnudez perdió todo su sentido. La vergüenza sonroso mi rostro durante el verano. No volví a entrar en aquella casa sin mi amigo. No me atrevía a mirar a los ojos a un cuerpo que me había mostrado su realidad: un poeta diría que la belleza de la senectud. Para mí, solo, el cuerpo desnudo y arrugado, horrenda visión clavada en la ventana de la mente, de la abuela de mi amigo.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
hubiera preferido no leer el artículo. solo espero q esta imagen no me acompañe el resto de mi vida...
Cathan Dursselev ha dicho que…
Si lo hubieras visto y no leído te acompañaría....

Entradas populares de este blog

Nihil cognitum quin praevolitum

Ando leyendo "Niebla" de Unamuno, y su frase Nihil cognitum quin praevolitum (Solo se conoce lo que se desea) me ha llamado la atención por la verdad que se esconde tras ella. Yo también, como don Miguel, creo que sólo el deseo nos hace crecer, conocer, amar, avanzar. Mientras que desear lo conocido nos convierte en conformistas estancados en nuestras vidas. Nos impide abrir nuestras mentes y mirar más allá de nuestros limites existenciales.
Desear algo, luchar por conseguirlo, o construirlo con tu propio sudor, es el verdadero motor del crecimiento humano. Y, cuando ya lo conoces y sabes si es lo que buscabas o no, hay que seguir adelante. Así, hasta el último día de nuestras vidas.
Sin pensar si lo alcanzado terminó en fracaso o triunfo ya que, cada deseo conocido, nos hará más ricos, sabios y. por tanto, mejores. Nos habrá obligado a avanzar conociendo nuevas metas, abriendo nuevos caminos. Así que, como Augusto, yo también me digo en mi vida Nihil cognitum quin praevoli…

Corona o Reino de Aragón

Ni Aragón, ni Cataluña, ni Valencia son entidades anteriores a la Edad Media. Hasta 1163, con Alfonso II, no se distinguirá entre reino y corona de Aragón. En la Corona tendrán cabida todos los reinos, condados y señoríos que guardan algún tipo de dependencia con el rey aragonés. Esta existencia de diversas entidades autónomas en muchos aspectos, solo es entendible desde la expansión territorial a costa de los reinos musulmanes del sur. En esa expansión los nobles irán recibiendo tierras y beneficios. Expansión que acabará chocando con la realizada por el condado catalán.

Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real.
Durante el siglo XIII la Corona de Aragón continúa con su política expansionista hacía el norte, pero tras el Tratado de Almizrad de 1244 y la derrota de Pedro el Católico en Muret, la ex…

Shutter Island

En febrero pasado acudí a ver “Shutter Island”, de Martín Scorsese y salí tan confuso que me dije a mí mismo que debía leer el libro de Dennis Lehane. Reconozco que conocía la obra de Lehane por la magnífica novela “Mystic River”, que llevase al cine Clint Eastwood sin alcanzar el nivel del libro, así que no me daba ningún miedo acercarme a “Shutter Island”. Las obras de Lehane están cargadas de pesimismo y de un halo de oscuridad que cubre la humanidad de las personas y que, les reconozco, me gusta en las novelas que leo. Así que, poco después de ver la película, me hice con la novela pero por esas manías que solemos tener los lectores no ha sido hasta ahora cuando la he leído.
Pensé que la novela podría solucionar algunas de las dudas que me había generado la brillante adaptación de Scorsese, pero todo lo contrario. La novela, aún más intrigante y enrevesada, parece mostrarnos que Teddy Daniels está cuerdo. Eso parece indicarnos todo. Cada paso dado, cada persona que habla con Teddy,…