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Fachada universitaria

Saben, aquí donde me ven, en la Universidad tenía fama de cabrón, pero de cabrón hijo de puta no del Cabrón del que les he escrito días atrás. Y puede que lo fuese, que estuviera predestinado a estudiar la vida de aquel del que nace el adjetivo que me define. Pero lo cierto es que yo no me consideraba un cabrón. Un tipo serio sí. Lo era. De esos que miran con mirada dura y penetrante. Cortante incluso. Pero no un cabrón. Un cabrón hubiera sido si hubiera dicho todo lo que pensaba en cada momento. Y eso no lo hacía. Simplemente jugaba un papel: el de gordo cabrón, porque yo había sido el pardillo de mi clase en el colegio y ahora quería sentirme importante.

Lo malo es que no todo el mundo se daba cuenta de que no era más que fachada. De hecho, al crear Ubi Sunt? surgió un problema. Un grupo de niñas quería entrar en la revista y escribir de historia antigua. Pero esa sección la llevaba yo. ¡Horror! ¡Miedo en las aulas! No se atrevían a acercarse a mí para solicitar la entrada. Así que, al cabo de unas semanas tomé yo la iniciativa. Caminé hasta ellas, sentadas como estaban en el poyete de las cristaleras frente a la puerta, me plante ante ellas y, antes de girar sobre mis pasos e irme, solté una frase lapidaria:

-No me como a nadie. Los mato y los entierro en el jardín.

Parece que aquello dio resultado, y que mi fama de cabrón disminuyó. Porque en dos días, todas ellas pasaron por la revista. Y eso, sin soltar una sola sonrisa.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Santón:

Yo más que cabrón diría sieso.
Cathan Dursselev ha dicho que…
Sieso yo... tu muertos

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