El Niño de Marte

El sábado, sabiendo lo que nos esperaba con la noche futbolera del siglo, me fui al videoclub con la sana intención de coger El Diario de Noa. Película de la que todo el mundo me habla bien pero que no vi en el cine en su momento. Pero parece que no fui el único con la misma idea, porque la película estaba cogida. Así que dí una vueltecita por el local, buscando algo que me llamará la atención. Y lo encontré: El niño de Marte, de Menno Meyjes, con John Cusack. Les aseguro que Cusack no es de mis actores preferidos, pero en esta ocasión me ha convencido. Ha logrado llegar a conmoverme en su papel de padre adoptivo de un crío con problemas. Una historia dura, contada con ternura y hasta con algunos toques de humor. Tragicomedia en estado puro. Viéndola no se puede más que sonreír con los bailes de Dennis –el niño marciano-, o con alguna de sus excentricidades: su paraguas, su kimono, la crema solar que le deja la piel totalmente blanca. Pero, poco a poco, se va notando el drama que se esconde tras la sonrisa. Un niño triste, que se aísla en su caja de cartón huyendo de la soledad. Del abandono sufrido, pero también de la crueldad de los compañeros. Dennis es un niño con una inteligencia superior a la media, pero un niño. Y en su búsqueda de una explicación a lo ocurrido decide que viene de otro planeta –Marte- y que tiene una misión en este mundo: estudiar a los humanos hasta que vuelvan a buscarle.


Ante esa situación David Gordon –J. Cusack- comienza agobiarse, pero con el apoyo de su hermana y de una amiga intentará sobreponerse y luchar por lograr la adopción definitiva de Dennis y, aun más importante, que el marciano se abra a los demás y reconozca su humanidad. David Gordon logrará superar la adversidad, siguiendo una máxima: Nunca, nunca, nunca, nunca, nos rendiremos. Y así, sin rendirse, con paciencia y mucho cariño logrará lo que parecía un imposible, que Dennis se convierta en un crío normal.


Como les digo, una película sencilla que se basa en la simpleza del amor paternal. Del amor que nace del corazón. El amor de unos padres por un hijo adoptivo. Hijos nacidos del corazón y el deseo, de una necesidad mutua de cariño. La distribución de la alegría compartida y, también, un acto de justicia con muchos de esos niños abandonados por mil motivos diferentes. Una película sin pretensiones, sencilla, escondida entre otras muchas. Y, sin embargo, excepcional. Por la historia, y por la actuación de un Cusack que aporta naturalidad y credibilidad.


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