Cadiz y el monopolio con Berbería

Mucho se ha hablado del monopolio comercial que Cádiz ejerció sobre las Indias. Pero poco o muy poco sobre el que realizó varios siglos antes sobre Berbería. Desde la llegada de Alfonso X a Cádiz la ciudad se convirtió en puerto de entrada de productos africanos y los comerciantes locales, acompañados de genoveses y catalanes, comenzaron a explotar las riquezas del sur.

Por el puerto gaditano entró la mayor parte del oro proveniente del África negra -los datos de un solo año en la decada de los 80 del s. XV en Valencia hablan de que un 75% del oro envíado a Italia era gaditano-. En este negocio debierón participar activamente los marinos gaditanos, como parece deducirse de la prohibición realizada por la Corona de navegar hasta el recién descubierto país de Mina de Oro, que a fines del s. XV se estableció sobre los marinos gaditanos, sevillanos y onubenses. Lo que dejaba clara esa participación y el miedo de la corona de que el oro del nuevo país descubierto no pasará por sus manos, como si lo hacía aquel que desde Sudán llegaba en caravanas hasta el norte de África y desde allí hasta Cádiz, único puerto de realengo de la zona.

Pero el oro no sería el único negocio productivo realizado en la ciudad que se convirtió pronto en uno de los principales mercados de esclavos de la Península. Hasta la ciudad llegaron esclavos provenientes de Berbería, del África subsahariana y, posteriormente, de las Canarias. Pero también entraron por Cádiz otros productos: trigo, caballos, especias, orchilla,…. Que se unían a los propios locales para abastecer el mercado interior y comerciar e intercambiarse en las rutas entre Italia y el Norte de Europa, que también encontraron en Cádiz una parada obligada.

Curiosamente, algunos de los productos traídos desde el norte de África y que se usaron para el comercio interior -aquellos que se mandaban a las ferias castellanas-imitaban a los realizados en el norte de Europa e, incluso, exsiten datos de la venta de productos de baja calidad que imitaban ropas y pieles bereberes. Parece, una vez más, que en Cádiz el negocio primó sobre la "legalidad" como se demuestra con la venta de armas y trigo a Berbería. En ocasiones aprovechando las clausulas reales que obligaban a la vecina Jerez de la Frontera a vender trigo a la ciudad. Trigo que, en ocasiones, salía ilegalemente hacia tierras enemigas.


El monopolio norteafricano

El negocio llegó a tal nivel que los Reyes Católicos, durante el breve periodo que la ciudad pasó a manos de Rodrigo Ponce de León, trataron de romper un monopolio comercial que se daba de facto. Motivado, entre otros factores, por la presión de la Corona portuguesa que veía peligrar sus factorías norteafricanas –Ceuta y Melilla que, además, dependían para sus subsistencia del abastecimiento gaditano-. Pero la presión gaditana y la tradición se impusieron a otros interés comerciales y, finalmente, a fines del s. XV, los Reyes Católicos decidieron instaurar un nuevo monopolio, ahora sí oficial, que obligaba a que todo producto proveniente de la Berbería, debiera descargarse en Cádiz y pagar los tributos correspondientes en nuestra ciudad. Se sentaban así las bases de lo que luego ocurriría con América y que tan provechoso fue para la vieja Gades.

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