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Amenazas

Actaeon observó la transformación... Era raro que sus sentidos no hubiesen detectado a Hat, siquiera su presencia de aura. El licántropo no había actuado para ayudar a los Drows, ni nada siquiera parecido, sus actos siempre eran justificados por la necesidad de tranquilidad que debía poseer una ciudad como aquella, donde todas las razas habían habitado en paz. Pero ahora eran muchos lo que no se atrevían siquiera a pisar el umbral de sus propias casas. Tampoco era que le preocupasen fervientemente los humanos, simplemente, el motivo principal era la estabilidad necesaria para un perfecto funcionar de Frikigard. Pero ahora la situación cambiaba. Parecía que Hathaltoy estaba detrás de todo y tendría que posicionarse para cumplir los mandatos de Gaia.

Sin perder más tiempo, el Garou salió de la taberna y con decididos pasos se acercó hasta el Matusalem. Sus ojos se centraron en los de Hat, con su característico matiz amatista opaco, y sus ojos reflejando la nada...

-Esto está llegando demasiado lejos, y tu sombra está caminando un paso por delante de ti, y de la línea cósmica de los límites. Era sabido que llegaría este momento por la estupidez de esa guerra ficticia con Askantar. Si no haces que se detenga esta matanza, Hathaltoy,la matanza será mía contra quienes osen levantar palabra.

El vampiro, en su estado etéreo, se elevó desde el suelo al escuchar las palabras del licantropo, pero su mirada era clara y firme. Miró desafiante al lupino, y a todos los que estaban en la plaza.

-¿Quién crees ser para dirigirte a mi?... Cuantas veces he de deciros que este no es vuestro lugar. No estáis en el lugar que debierais. Veo vuestra ansia de saber.... venid conmigo y responderé a vuestra necesidad.-Dijo, en primer lugar, mirando a Sarverius el vampiro que había salido a la plaza junto a Setsuna y Evincar, antes de girar su rostro hacia Acteon.

-No os confundáis, perro, pues tus ojos ven lo que creen y no lo que tienen ante sí. Decidle a ese al que vengo a buscar, a ese que se esconde en la cloacas para no enfrentarse a su destino, que estoy presto para terminar con su vida. No dejaré piedra sobre piedra en esta ciudad para encontrarlo y acabar con su miserable y patética vida, levantaré amis ejércitos contra él y los suyos. Decidle a...

En ese momento entraron corriendo en la plaza varios hombres. En su rostro se mostraba el miedo, el espanto ante lo que estaba ocurriendo. Los soldados, de todas las libreas, se lanzaron a la carrera hacia la zona del cementerio. Por fin alguien fue capaz de gritar lo que pasaba:

¡LOS MUERTOS SE LEVANTAN DE SUS TUMBAS GUIADOS POR VAMPIROS Y LOBOS!

El vampiro se elevó en el aire, no terminó su frase, rió a carcajadas como jamás nadie había visto hacer a Hathaltoy, y desde los cielos, antes de desaparecer, observó el avance de la muerte.

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¿Esta gente qué querrá
que llaman de madrugada?

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¿Esta gente qué querrá
que llaman de madrugada?

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