Ir al contenido principal

Los hijos de Huang Shi

Tenía ganas de ir a ver Los hijos de Huang Shi y ayer por fin lo hice. Reconozco que la historia me emocionó. No podía ser menos: un joven periodista que se adentra en China, durante la guerra con Japón, para cubrir la noticia. La suerte le lleva a encontrarse con un general comunista que le rescatará de los japoneses –el verdadero mal en la película- y le conduce, con ayuda de una joven enfermera, hasta un orfanato que ha sido abandonado por sus profesores. Finalmente George Hogg, llevará a los chicos entre las montañas hasta el desierto del Gobi, a más de 1000 km de distancia huyendo de la guerra.

No hablaré de las interpretaciones, solo comentar que la historia hubiera ganado en intensidad con un actor más carismático que Rhys Meyers. Quien, como decía una amiga, seguía siendo el Enrique VIII de los Tudor –alguna escena, como cuando se encuentra con Michelle Yeoh, que da vida a una aristócrata china dedicada a la venta de opio, podría incluirse en la serie si no fuese por el vestuario-.

Pero lo mejor de todo es la cercanía a la historia real: Hogg existió y era periodista; la escuela existió y llegó a adoptar a cuatro niños; recorrieron el camino huyendo de los japoneses, y la cuarta no se la cuento porque los finales no deben estropearse jamás, pero ni eso es del todo real. Todo lo demás, es falso. Una mentira al servicio de un héroe británico afín al comunismo. Un rara avis de esos que han quedado ocultos por la historia. Por eso da rabia que las verdaderas peripecias de Hogg hayan quedado silenciadas. Déjenme darles un consejo: echen un ojo a su verdadera historia y comprobarán que la película habría ganado mucho. Y, eso sí, recuerden una filosofía de vida que crece en Hogg y se recoge en la película y que debería marcar nuestro devenir diario:

Estando armado pero sin armas pueden ganarse grandes batallas

Sin duda, esa frase escrita en un pequeño papel y que aparece reflejada un solo instante en la pantalla, es la mayor de las verdades contadas en la película.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Corona o Reino de Aragón

Ni Aragón, ni Cataluña, ni Valencia son entidades anteriores a la Edad Media. Hasta 1163, con Alfonso II, no se distinguirá entre reino y corona de Aragón. En la Corona tendrán cabida todos los reinos, condados y señoríos que guardan algún tipo de dependencia con el rey aragonés. Esta existencia de diversas entidades autónomas en muchos aspectos, solo es entendible desde la expansión territorial a costa de los reinos musulmanes del sur. En esa expansión los nobles irán recibiendo tierras y beneficios. Expansión que acabará chocando con la realizada por el condado catalán.

Con respecto a Cataluña, entrará a formar parte de la corona después del casamiento de Petronila (hija de Ramiro II de Aragón) con Ramón Berenguer IV, conde de Cataluña, quien, a pesar de ejercer como tal, no toma el título real.
Durante el siglo XIII la Corona de Aragón continúa con su política expansionista hacía el norte, pero tras el Tratado de Almizrad de 1244 y la derrota de Pedro el Católico en Muret, la ex…

Nihil cognitum quin praevolitum

Ando leyendo "Niebla" de Unamuno, y su frase Nihil cognitum quin praevolitum (Solo se conoce lo que se desea) me ha llamado la atención por la verdad que se esconde tras ella. Yo también, como don Miguel, creo que sólo el deseo nos hace crecer, conocer, amar, avanzar. Mientras que desear lo conocido nos convierte en conformistas estancados en nuestras vidas. Nos impide abrir nuestras mentes y mirar más allá de nuestros limites existenciales.
Desear algo, luchar por conseguirlo, o construirlo con tu propio sudor, es el verdadero motor del crecimiento humano. Y, cuando ya lo conoces y sabes si es lo que buscabas o no, hay que seguir adelante. Así, hasta el último día de nuestras vidas.
Sin pensar si lo alcanzado terminó en fracaso o triunfo ya que, cada deseo conocido, nos hará más ricos, sabios y. por tanto, mejores. Nos habrá obligado a avanzar conociendo nuevas metas, abriendo nuevos caminos. Así que, como Augusto, yo también me digo en mi vida Nihil cognitum quin praevoli…

Sin comentarios

En este blog no se come por comentario, de hecho eres libre de expresar lo que quieras y opinar lo que quieras mientras no insultes a nadie que no sea yo. Y, quizá, algunos os preguntéis a que viene esto cuando precisamente no son muchos los comentarios que se leen en estas páginas. Y es que no hace referencia a este rincón, sino a esos otros en los que los comentarios son censurados por llevar la contraria al dueño del garito, mientras se permiten insultos fáciles a cualquiera que pase.
Por aquí pueden pasar, comentar si lo desean o no hacerlo si es lo que prefieren. No importa. Lo único que importa es mantener la libertad de expresión en esta red de redes que nos une a lo largo del planeta. Aquí y en todos los demás lugares es nuestro deber defenderla.