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Frío otoñal

Dicen que últimamente hace frío en Cádiz. Y debe ser así porque si pasean por nuestras hermosas calles verán a la gente abrigada. Con chalecos y chaquetones cerrados hasta arriba. Con bufandas, bragas, palestinos o pañuelos al cuello. Algunos incluso con guantes y gorros.

Los primeros días pensaba que la gente era muy exagerada, y más en Cádiz, que no es posible que hiciera tanto frío. Pero debe de hacerlo y, por eso, la gente me mira cuando voy por la calle. Y si es cierto que hace tanto frío, los comprendo. Yo también me miraría si yo no fuese yo. Porque yo no llevo abrigo –tengo uno, pero solo suele ser usado cuando amenaza agua- y el chaleco suelo llevarlo anudado a la cintura. Es más, solo tengo dos camisas de mangas largas y estas suelen llevar sus mangas remangadas. Así que sí, yo también me miraría si en mitad de noviembre fuese caminando por la calle muerto de frío y me viese a un tipo como yo. Mis amigos dan tres teorías para mi falta de frío:

- 1ª que estoy caliente, lo cual no es cierto y en caso de serlo no valdría de nada, porque un estado de ánimo no puede cambiar un estado físico. Por mucho que mi hermano el ermitaño diga que el frío es psicológico.

-2ª que el hecho de que sea una divinidad, me permite regular mi temperatura corporal a mi gusto. Sería posible, pero tanto ustedes como yo saben que eso no es cierto del todo. Soy un dios hecho hombre, padezco como los mortales.

-3º que mi estado natural es templado, ni frío ni calor, ni encabronado ni burlón perpetuo. Podría ser, para que engañarnos.

Pero en lo que nadie ha caído es en la verdadera razón: llevo un abrigo de grasa de foca natural incorporado irremediablemente a mí ser. Eso hace que tema el próximo invierno porque, como saben, me estoy deshaciendo poco a poco y la grasilla se va perdiéndose por conductos naturales. Tal vez, el año que viene no me miren raro por la calle, lo malo es que tendré que cargar con el abrigo.

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