El alcohol

Me temo que la fama de borracho nos precede. El otro día acudimos Santón, la primera dama y el vicepresi, a tomar unas tapillas en un bar cercano al Veedor. El de enfrente porque el de siempre estaba lleno. Y he aquí que entramos anunciando nuestra llegada con sonidos de animales en celo. Con risas y carcajadas varias, que suelen repetirse cuando los cuatro nos juntamos después de muchos años de confidencias, verdades, medias verdades y mentiras. De borracheras, de coches, de reuniones, de viajes y de historias juntos.

Pero la sorpresa vino al pedir, cuando el camarero –que sin duda nos conocía de toda la vida- medio en broma, medio en serio, nos dijo:

-Alcohol no os doy

¿Pensaría que estábamos borrachos? ¿dónde están esos camareros que te sirven cerveza nada más entrar por la puerta? Sí, lo sé, no es muy normal que el camarero del bar te ponga la cerveza sin pedirla, ni que lo haga siempre que entres después de las 12 de la mañana, y mucho menos a las 10. Tampoco es normal que, juntos Santón, José J. y un servidor en la Facultad, la gente pregunte si estamos enfermos, o por la juerga de la noche anterior, si en nuestros vasos solo se observa el negro de la coca-cola.

Pero oigan, eso de que a uno le nieguen el alcohol en un bar, aun siendo en broma, le hace recapacitar…. ¿estaré bebiendo demasiado? Si es así, estoy en el bueno camino: algún día seré profesor universitario.

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