Despistes

Últimamente ando preocupado. Se me olvidan las cosas más tontas y no es raro verme apuntando tal o cual idea en un folio que me acompaña siempre. Otros llevan agendas, pda (que también la llevo para las citas importantes) o usan otros métodos que le ayuden a recordad las cosas. Pero, oigan, es que algunas de las cosas que se me olvidan no puedo apuntarlas. El viernes mismo acudía al trabajo, ese que he heredado del gran bloguista Gades Noctem –cuyo blog siempre recomendaré y tienen ahí a la derecha- y, justo al llegar a la puerta y entrar, me dí cuenta de mi olvido. Se me había olvidad algo que, para mí, es fundamental en esta vida: las gafas. Y los que me conocen saben que sin ellas no puedo vivir. Pero se me olvidaron, sobre la mesilla de noche de mi habitación. ¡Así Cádiz me parecía sumido en la niebla como la city londinense!

Pero esa no es más que la punta del iceberg de una serie de despistes que me acompañan. Cada vez que alguien me dice que no es normal con mi edad, respondo lo mismo: un tumor cerebral está aprisionando el lóbulo central de mi cerebro. ¡Que se le va a hacer! moriré joven y delgado. Aunque en mi fuero interno sé que me ocurre: sufro el despiste de los genios… Algún día dibujaré el teorema sobre la creación del universo en un suelo de cal, para luego borrarlo y dibujar encima un corazón con I love History… tiempo al tiempo. Mientras, paciencia y si al pasar por vuestro lado no os saludo, recordarme que vaya por las gafas.

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