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De collares y colores

Voy a empezar con una obviedad: ganó Obama. Y parece que el mundo entero ha ganado con él. Un cambio de color titulaba un conocido periódico nacional tras la victoria del demócrata. Ahora, esperan mucho, el cambio de color traerá el fin de la guerra de Irak, cuando lo que ocurrirá será que, como ya pasó tras la victoria de nuestro animado presidente, se saquen las tropas de aquel territorio en guerra. Pero la salida de las tropas no significará el final de la guerra, sino que las miradas de los telediarios buscarán nuevos objetivos. La guerra seguirá viva porque, por mucho que nos hagan creer, hoy en día se vive una guerra civil entre diversas facciones religiosas. La entrada de las tropas americanas fue el detonante, pero las consecuencias siguen vivas hoy. Y yo no puedo más que preguntarme ¿es lícito organizar una guerra y, cuando las encuestas son desfavorables, dejar a las víctimas a su suerte? Mi respuesta es no. Nunca se debió entrar en aquella guerra bushiana, pero una vez dentro, una vez organizado el caos, no puedes abandonar a la población iraki –la gran perjudicada de una historia marcada por intereses petrolíferos- a su suerte. Tal vez la ONU deba tomar cartas en el asunto. Tal vez sería bueno que existieran fuerzas pacificadoras, como las hay en Congo, Santo Domingo, Etiopia, Líbano, Bosnia…. de esas que llevan boina azul y dicen actuar por la paz. Lo que es seguro es que nunca se debió entrar –había otras formas de acabar con el dictador sin causar tanto dolor al pueblo- pero una vez dentro, no te puedes ir sin más. Eso sería actuar como un ladrón, que se cuela por la fuerza y de noche, revuelve toda tu casa mientras de ata de pies y manos, mientras pone a la familia en una situación tan extrema que todos luchan por su vida sin pensar en el otro. Y cuando ya no puede haber vuelta atrás en la casa, cuando todo está destruido –lo material y lo espiritual-, se despide con una sonrisa en los labios y un “os quiero”.

Y lo peor es que muchos esperan con ansias el cambio de “régimen” por un motivo tan peregrino como racista: un negro ocupa el gobierno del estado más poderoso del mundo. No lo han escuchado hablar y decir que ahora comienza una nueva era de liderazgo americano. No han leído su programa –en el que se incluye el envío de más tropas a Afganistán, por cierto-. Pero, ¡joder!, es un negro… eso es un cambio…. Sin embargo yo no dejo de darle vuelta a la inquietante idea de estar ante el mismo perro con distinto collar… o color.

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