Cadiz Medieval

Durante mucho tiempo se pensó que la ciudad de Cádiz en la Edad Media no fue más que una villa de pescadores. Nada más lejos de la realidad de una ciudad que, desde mucho antes de la llegada de los cristianos, ya estaba volcada en el comercio. No vamos a negar que la extensión de la vieja Gadir hubiera mermado considerablemente, ni la facilidad de encontrar referencias en las fuentes a sus viejas ruinas y no a su actividad comercial. Pero el desarrollo histórico de la pequeña urbe atlántica nos permite poder decir que, ya en los últimos siglos de dominio musulmán, la ciudad había comenzado a levantar cabeza. Muchos testimonios nos ayudan a pensar así:

Por ejemplo el hecho de que la ciudad se mantenga en poder del reino de Fez, pese a la lejanía y a la frontera natura del Estrecho, hasta que Alfonso X pose sus ojos en ella en 1272. Una ciudad amurallada que decenios antes fue capaz de repeler los ataques de los fogosos caballeros jóvenes que acompañaron a los reyes castellanos en su incursión por el sur peninsular. Y la existencia de esa muralla –que descubrimientos recientes en la zona de San Juan de Dios confirman- y de otros monumentos como los baños o la mezquita –todos documentados por las fuentes literarias- nos permiten hablar de una ciudad más prospera de lo que muchos han querido creer.

Pero mucho más significativa será la pronta presencia de comerciantes genoveses en la ciudad. Que ha llevado a algunos autores, como Rumeu de Armas, a defender una presencia anterior en Cádiz, produciéndose una simple sustitución de población musulmana por otra cristiana. Algo que, cada vez más, creemos correcto como parece deducirse de la pronta incorporación de la ciudad a los circuitos africanos. Son numerosos los testimonios árabes que nos presentan a los genoveses como aliados imprescindibles para el comercio, no así otras poblaciones cristianas, como la castellana, en constante guerra. Por tanto, solo la continuidad de población genovesa en la ciudad puede explicar esa rápida incorporación comercial, sin duda utilizando las mismas rutas ya usadas en época anterior.

Pero, sin lugar a dudas, el verdadero ascenso de la ciudad se producirá con la llegada de Alfonso X. Los privilegios comerciales con los que dotará a la ciudad –y que prácticamente convierten Cádiz en un puerto franco para los vecinos de la villa- abrirán la ciudad al gran comercio. Gracias a ellos, la ciudad comenzará a ejercer un monopolio de facto sobre el comercio con Berbería, que finalmente sería reconocido oficialmente por los Reyes Católicos. Cádiz comenzaba a experimentar lo que posteriormente sería el monopolio americano, y las riquezas y los grandes prohombres se asentaran en la Bahía.

La ciudad gozará en los últimos siglos del medievo de una prosperidad que será la base de los siglos de oro de la historia gaditana. Pero, y eso no debe pasarnos por alto, esos siglos donde Cádiz fue cabeza del mundo gracias al comercio americano, no se hubieran producido jamás sin el desarrollo del comercio y la experiencia acumulada por los gaditanos del medievo.

Por eso, desde esta pequeña ventana intentaremos, cada jueves, iluminar en parte la oscuridad que se asienta sobre la villa medieval. Intentaremos mostrar una realidad social y personal que esconde entre nuestros antiguos vecinos a grandes piratas como Pedro Cabrón; a importantes comerciantes como Polo Batista de Negrón –quién acogió a Cristóbal Colón en El Puerto de Santa María-; soldados como Juan Sánchez que participó activamente en las luchas sucesorias castellanas; conquistadores como Pedro de Vera o Alonso de Quintanilla que acudieron en busca de las riquezas que las Canarias ofrecían; comerciantes como los Fonte cuyo poder les permitió comprar el señorío de la Puente a los duques de Arcos; eclesiásticos como Rodrigo Alfonso de Argumedo, que llegó a ser obispo electo de Cádiz… y otros muchos personajes que conformaron un rico mosaico social y cultural.

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