La virgen y el agua

Existe una leyenda gaditana que habla de una virgen en procesión que detuvo un maremoto, aquel que se dio en las costas gaditanas como replica al terremoto de Lisboa de 1755. Aquel brutal ataque de la naturaleza destrozó la capital lusa y llegó hasta nuestras tierras. Cuenta la leyenda que, cuando las olas del mar saltaron las murallas y entraron en la ciudad, la Virgen fue llevada en procesión por los gaditanos para detener las lenguas de mar. Y el mar, ante la divina presencia, detuvo su avance en la que hoy es la calle La Palma.

Desde entonces y para recordar el milagro, una imagen de la Virgen ha presidido la calle. Hasta hace unos días, cuando fue retirada para ser llevada a un templo –no recuerdo cual- Pero parece que la Virgen no está de acuerdo con el cambio: la calle y el barrio se han anegado, se han hundido en las aguas dulces caídas del cielo, tal vez el llanto de la virgen alejada de tan singular y querido lugar.

253 años después, el agua se cobró su tributo, y cruzó aquella barrera milagrosa que la Virgen levantó. Yo, por si acaso, pido a las autoridades competentes –civiles o eclesiásticas- que la devuelvan a su lugar. Que dicen que los polos se derriten y nosotros estamos rodeados de mar.

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