¡Envidia cochina!


Las Calas es un paraíso terrenal en la zona de Conil. Un lugar donde perderse con los buenos amigos, donde irse a comer a la playa se convierte en un viaje a un exótico país pero solo a 10 minutos de tu casa.
Incluso ahora, a mitad de octubre, con media Piel de Toro sufriendo las inclemencias del tiempo, Las Calas mantiene su estatus de paraíso local. Tanto que, hace solo dos días, un cuarteto gaditano, formado por tres: Natalia –me da permiso para saltarme su derecho a la intimidad-, Cocom y yo, nos fuimos a la cala del Pato. A pasar el día, comer croquetas caseras hechas por la Mutambo –cuyo blog de moda, aunque aún parado como casi todo en este país, puede verse desde la barrita lateral-, pimientos fritos hechos por ella misma, pero comprados por la madre de Cocom, y ropa vieja hecha por la tía de nuestra morenisima y guapisima amiga. Yo llevé bebidas y mi presencia que redondea cualquier reunión de amigos.

Y allí pasamos el día, ahora comiendo, ahora hablando, ahora viendo al guiri en pelotas que estaba sentado al lado y comentado lo que le gusta a un alemán quitarse el bañador aunque la estética y la blancura recomiende que no deba hacerlo; ahora buceando. De hecho, esos dos que ven en medio del agua somos Cocom y un servidor. Sí, un servidor, pero de lejos y sentado en la roca, para que no vean la cara. Aquí al lado podrán ver mi espalda, para que vean que es cierto. Que en mitad de octubre, Las Calas sigue siendo un paraíso aunque en el resto del mundo llueva, nieve o ventosee...

¡Envidia cochina! ¿qué no?

Comentarios

Jose Joaquin ha dicho que…
No chaval.

El paraiso es haber nacido en otro país y haberte colado en España ilegalmente, trabajando catorce horas en una plantación sin papeles, cohabitando quince personas un piso con un solo baño y dos dormitorios, mandando la mitad del sueldo a una familia de la que apenas sabes nada.

El paraiso es que un día llamen a tu puerta dos señores de uniforme que son puros armarios empotrados, policías ellos, que preguntan por un ilegal llamado fulano de tal.

El paraiso es saber que preguntan por el vecino de enfrente.
Cathan Dursselev ha dicho que…
¡joder! visto así...

Pero no, el susto te lo llevas, me quedo con mi paraiso hasta que me cuele de inmigrante ilegal en Marruecos para buscar trabajo.

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