Enfermedad previsible

Lo estoy notando. Todos los años, justo en estas fechas, acabo en cama. No sé que extraño fenómeno lo provoca. Pero ocurre. Antes, cuando estaba en el colegio, las enfermedades coincidían con las Navidades o la Semana Santa. Ahora, vienen a finales de octubre. Los cinco últimos años la fiebre en esta fecha no ha bajado de los cuarenta durante, al menos, una semana. Y hoy comienzo a notar que viene. Se lo digo porque, tal vez, verán que este blog se para. No será mañana, ni pasado, pero antes de fin de mes acabaré en cama. Lo sé. Soy previsible hasta en las enfermedades, y como soy previsible me doy el lujo de avisar con cierta antelación: en dos semanas estaré con anginas.

Aunque intentaremos que no. Más que nada porque, en dos semanas, ya he prometido una revancha a mi querido Santón y los demás, por la brutal derrota causada hace solo diez días, y mi invasión global y total a Australia y Estados Unidos.... No se preocupen, no llevo tanques, solo caballos, soldados y cañones... y juego con los negros. Aunque, si estoy enfermito, también podrán venir a jugar, como cuando de niños venían los amigos para que se les pegase la varicela, las paperas o la mononucleosis, que también la tuve.

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